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Mostrando las entradas etiquetadas como Perdón

¡Señor mío y Dios mío!

  Este segundo domingo de Pascua es llamado también domingo de la Divina Misericordia. Las lecturas de la Santa Misa de hoy tienen una riqueza particular porque nos hablan de la primera comunidad cristiana (Hech 2, 42-47). En la segunda lectura, tomada de la primera carta de San Pedro (1, 3-9), el apóstol nos recuerda que la gran misericordia de Dios se manifiesta principalmente en habernos conseguido la salvación. Del pasaje del Evangelio (Jn 20, 19-31) quiero destacar la actitud de Tomás. Tomás era uno de los apóstoles que había acompañado a Jesús al menos durante tres años. Vio de Él signos y prodigios. Sus compañeros de camino le anuncian que habían visto al Señor Resucitado. Tomás manifiesta su incredulidad. Es una pregunta válida el querer saber la causa de esa actitud de Tomás. La vida de Tomás no es muy diferente a la nuestra. En nuestra manera de actuar, influyen en nuestro estado de ánimo, nuestro estado de salud y la percepción que tengamos de todas las cosas que nos...

El Señor de la misericordia

 Este domingo se llama, por disposición del Papa San Juan Pablo II, Domingo de la Divina Misericordia. Y esa palabra – misericordia – la hemos escuchado en diversas oportunidades en nuestra celebración. No está de más que recordemos qué cosa es misericordia . Y no falta razón, porque se ha hecho gran uso de ese término en la Iglesia, que al final puede terminar significando algo distinto. A veces se le llama compasión, piedad o lástima. Pero nada de eso dice que es la misericordia en sentido bíblico. La misericordia es amor. Esa es su esencia. Es amor con la persona necesitada espiritual o materialmente. Por eso misericordia no es compasión, no es piedad, no es lástima. Es amor. Es fácil entender también por qué Jesús es el Señor de la Misericordia. No hay nadie más dispuesto a venir a nuestra necesidad que Él. Y la necesidad más grande es el perdón de los pecados.  Hoy el mundo de empeña en desacralizar todo. El hombre goza de una peculiaridad: si no “cierra capítulos” de su ...

Lo que importa es lo que diga el Señor

 El pasaje del Evangelio de nuestra Santa Misa de hoy es conocido como el de la mujer adúltera (Jn 8, 1 -11). Una mujer fue sorprendida cometiendo adulterio. La ley mosaica ordenaba la condena a muerte a los sorprendidos en adulterio (Dt 22, 22).  El Señor se encontraba en Jerusalén, y un día subió al Templo. Los fariseos y escribas llevaron a la mujer ante Jesús. Su intención era clara: poner a prueba al Maestro. Ante la severidad de la pena establecida por la ley, le preguntan a Jesús: “¿Tú que dices?”. Nuestro Señor se tomó su tiempo. Ante la insistencia, el Maestro les deja una frase que demuestra su sabiduría: “ Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra ”.  En otros pasajes del Evangelio, el Señor nos invita a no sentirnos moralmente superiores erigiéndonos en jueces de los demás. Nosotros, con toda seguridad, tenemos nuestras deficiencias y debilidades, con lo cual no debemos sentirnos superiores a otros en ese aspecto. Los acusadores se fu...

Todo esfuerzo por la paz, vale la pena

  Las lecturas de este domingo nos invitan a considerar una actitud del seguidor de Cristo. Todo esfuerzo que se haga para evitar el pecado y las diferencias entre los creyentes, vale la pena hacerlo. En la primera lectura (1Sam 26, 2. 7-9. 12-13. 22-23) escuchamos como el futuro rey David mantenía una diferencia con el rey Saúl quien le estaba persiguiendo para matarle. David tuvo la ocasión para hacerlo, pero decidió que lo mejor era que no. Le hizo saber al rey Saul, su perseguidor, que tuvo la oportunidad de quitarle la vida, pero no lo hizo. Con ello le mostraba a Saúl que él no tenía ningún ánimo de enfrentarle. En el Evangelio (Lc 6, 27 – 38) escuchamos como el Señor nos pide que hagamos cualquier esfuerzo para evitar las rencillas entre nosotros: “ Al que te golpee en una mejilla, preséntale la otra; al que te quite el manto, déjalo llevarse también la túnica. Al que te pida, dale; y al que se lleve lo tuyo, no se lo reclames ”. Evidentemente, no hay que tomar la literalida...

Lo grande que es perdonar

 Si hubiese escrito “lo difícil que es perdonar” podríamos haber hecho también otra gran reflexión. Pero en esta ocasión, las lecturas nos invitan a poner en práctica el perdón como un medio de liberación personal y como una manera de cumplir la voluntad de Dios. Cuando una persona guarda rencor u odio contra alguien, carga consigo un veneno mortal para el alma. Es una cosa abominable, como escuchamos en la primera lectura de Nuestra Santa Misa (Sir 27, 33-28, 9). Efectivamente, el ser humano no fue hecho para guardar rencor sino para amar. Y cualquier cosa que no suponga acercarnos a ese ideal, resulta dañino y nocivo para el hombre, no sólo en la vida espiritual sino también en la vida corporal. La parábola que escuchamos en el Evangelio de nuestra Santa Misa (Mt 18, 21-35) es un ejemplo que el Maestro nos pone para que consideremos algo que repetimos muchísimas veces a lo largo de nuestra vida: cada vez que rezamos el Padre Nuestro le decimos al Padre que perdone nuestros pecado...

Amor con el que más lo necesita

  Hoy celebramos junto con toda la Iglesia la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Señor de la misericordia. Es obligatoria una reflexión sobre la misericordia para entender este gran atributo del Maestro. La misericordia es amor. No es diferente del mandamiento del amor que nos ha dejado el Señor. Solo que ese amor tiene una característica especial: es el amor manifestado hacia la persona que lo necesita. Sea que lo necesite espiritualmente, sea que lo necesite materialmente. Así podremos entender las obras de misericordia corporales y las obras de misericordia espirituales. Repasarlas nos ayudará a ilustrarlo mejor. Las obras de misericordia corporales son : Dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar a los encarcelados, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos y enterrar a los muertos. Las obras de misericordia espirituales son : Corregir a quien se equivoca, enseñar al que no sabe, dar consejo al que lo necesita, consolar al tr...

Lo liberador del perdón

En el Evangelio de nuestra Santa Misa (Jn 8, 1-11) escuchamos un pasaje con un significado profundo. Una mujer fue sorprendida en adulterio y la ley de Moisés ordenaba que las mujeres así descubiertas fueran apedreadas. Los fariseos y escribas vieron una oportunidad para poner a prueba al Señor (que era sabido que predicaba el perdón de los pecados). Jesús no les respondió de inmediato, sino que escribía en el suelo. Ante la insistencia, la respuesta del Señor fue magistral: “ Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra ”. Fíjate en estos detalles: Los escribas y fariseos se acercaron a Jesús, pero no con la misma intensión que otros. Los pecadores y publicanos se acercaban a escucharle para llenarse de su sabiduría, mientras que aquellos se acercaban para tratar de encontrar la manera de hacerlo caer. Por eso, por más que escuchaban el mensaje de Cristo, no se movían a la conversión porque cerraron la puerta del corazón. El Señor no le contesta de inmedia...

No está en letra pequeña

Normalmente, en los contratos de servicio hay una serie de condiciones que van escritas es letra pequeña, a veces, muy pequeña. Con la firma, el usuario (se supone) acepta todos los términos y condiciones. Hoy el Señor Jesús nos hace saber una condición para el perdón divino, pero en este caso no va en letra pequeña. El perdón es una práctica cristiana, hoy muy valorada en las terapias psicológicas. El perdón procura la sanación interior al saberse perdonado. Perdonar a otros una ofensa recibida libera el alma de resentimientos, rencores, odio, venganza. Y es por eso que el perdón forma parte de la espiritualidad cristiana. Aún más: Jesús nos enseña hoy que hemos de perdonar siempre, sirviéndose de la imagen: “ No sólo hasta siete, sino hasta setenta veces siete ”. No se refiere a que el límite del perdón es 490 veces, sino en que el perdón, al igual que el amor, no debe tener límites. Todavía más: el perdón que Dios nos otorga solo será eficaz en la medida en que nosotros seamos...

No importa lo que hayas hecho

Es triste percatarse cómo se ha ido diluyendo el mensaje de Cristo Jesús en los católicos de nuestra época. Hoy, la gente, haciéndole coro al Demonio, se burla de la gente que asiste a la Iglesia. Hacen afirmaciones tales como “¿qué va a hacer ese diablo en la Iglesia? ” o “ ¿para qué vas a la Iglesia si eres tremendo pecador? ” u otras frases por el estilo. Esas personas ignoran el atributo principal de Dios: Dios es amor (1Jn 4,8). .             En la primera lectura de la Misa escuchamos una hermosa oración que hace el autor del libro de la Sabiduría donde canta las maravillas que Dios ha hecho y el amor de Dios por los hombres, siempre dispuesto al perdón. Es una oración que vale la pena la recitemos con frecuencia. .             Muy por el contrario de lo que piensan esas personas, no es necesario ser un “santo” para ir a la Iglesia. Lo único necesario es ser humilde, y tener la intención de poner nuestro mejor esfue...

La lepra, símbolo del pecado

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En Israel había una normativa muy estricta sobre la lepra (Lv 13). Cualquier persona que tuviese un eccema en la piel debía acudir a los sacerdotes para que emitieran su juicio. Si el sacerdote dictaminaba que se trataba de lepra, cambiaba totalmente la vida de esa persona. A partir de ese momento era declarado impuro y debía irse de la ciudad o pueblo para vivir apartado. Debía cubrirse completamente y si tenía que acudir al pueblo, debía anunciar a gritos que era impuro (Lv 13, 45-46). -- Con respecto a la lepra, llama la atención que la Biblia no se refiera a su desaparición como “sanación” sino de “limpieza”. Y es cierto: la sanación es interior. -- En la primera lectura escuchamos el pasaje de la sanación de Naamán (2Re 5,14-17). Éste era un general de un ejército y sufría de lepra. Habiendo oído la fama de Eliseo, profeta de Yahweh, se dirigió a Israel para curarse de su penosa enfermedad. Eliseo, quien no lo recibió, le dice que se bañe siete veces en el Jordán. Naamán s...

A buscar lo que estaba perdido

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Las lecturas de la Santa Misa de hoy nos ofrecen una riqueza particular. Quisiera compartir con todos cuatro reflexiones que me llaman la atención particularmente: 1° El amor del Señor, en especial, hacia los más necesitados corporal o espiritualmente. Que el Señor nos ama es una vedad incontrovertible y así nos lo recuerda la primera lectura de la Misa: “Porque tú amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho”. Es una verdad que olvidamos con mucha frecuencia, y que debemos meditarla, asimilarla y sentirla todos los días de nuestra vida. Ese amor, El Señor Jesús lo demuestra con mayor fuerza en los que están necesitados. La necesidad no es solo material, aunque es la más llamativa y la que más salta a nuestros ojos. Y es imperioso para el cristiano aliviar el mal de los hermanos. Pero hay un mal mayor y más pernicioso: el pecado. Todo creyente sabe que el Señor Jesús murió por nuestros pecados y que el Señor no quiere la muerte del pecador sino que se co...

HACER NUESTRA LA SALVACIÓN DE CRISTO JESÚS

La semana pasada ya habíamos indicado el camino de la conversión: el primer paso es el arrepentimiento y el segundo es asumir el cambio de actitud, alejándose del mal. Las lecturas de hoy nos invitan a considerar un hecho importante en la vida del cristiano: hacer nuestra la salvación que Cristo nos ofrece. San Pablo es un ejemplo elocuente de cómo hacer nuestra la salvación. A lo largo de los Hechos de los Apóstoles y en sus cartas va contando lo que era su vida, y de como un encuentro con Cristo le hizo cambiar todas sus perspectivas y prioridades. En el hermoso pasaje de la Carta a los Filipenses lo deja muy claro : Todo lo que era valioso para mí, lo consideré sin valor a causa de Cristo . Al cristiano le mueve una certeza: solo en Cristo puede encontrar la salvación. Salvación que no es otra cosa que sabernos perdonados y bendecidos por el Señor, que nos libra de la condenación eterna y de los peligros para nuestra vida. Para hacer nuestra la salvación hemos de ac...

Los resentimientos

Uno de los grandes obstáculos que debe enfrentar cada ser humano, a lo largo de su vida, son los resentimientos. Éstos son básicamente, cualquier sentimiento dañino: llámese odio, rencor, envidia, venganza, soberbia, lujuria, codicia, avaricia, gula, celos… A veces llegan a ser tan fuertes que toman el control de nuestra vida. En la primera lectura ( Sab 2, 12. 17-20) se narra la intensión de los malvados de acabar la vida del justo. Esos personajes se dejan llevar por sentimientos nada nobles, y toman el control de sus vidas, llegando al punto de decidir la muerte de un justo sólo porque su conducta les resulta un reclamo para su mala conducta. De igual manera, Santiago ( Stgo 3, 16—4, 3) denuncia que las personas que dejan que sus corazones se muevan por los resentimientos son los autores de las divisiones y otros delitos en medio de la comunidad de creyentes. El cristiano debe liberarse de esos sentimientos malucos. En el Evangelio (Mc 9, 30-37) Jesús les hace una p...

DESTIERREN DE USTEDES LA ASPEREZA, LA IRA, LA INDIGNACIÓN, LOS INSULTOS, LA MALEDICENCIA Y TODA CLASE DE MALDAD (EF 4, 31)

Es relativamente fácil dejar que el corazón se llene de cualquier cantidad de sentimientos malos. Y esos sentimientos tienen la particularidad de tener el efecto “bola de nieve”: con el paso del tiempo, esos sentimientos se hacen cada vez más grandes. Todo cristiano debe saber que debe tener el corazón libre de sentimientos malos (resentimientos) porque de lo contrario, no podrá amar a Dios sobre todas las cosas, ni al prójimo como a sí mismo. Es así. De hecho, leemos en las páginas del Evangelio según San Mateo una invitación a cumplir a cabalidad el mandamiento de Dios evitando encolerizarnos con el hermano, insultarle, buscando el modo y la manera de reconciliarnos con él (Mt 5, 21–26) El corazón lleno de rencor, odio, venganza… no deja espacio a la acción del Espíritu Santo. Llena y envicia el corazón de tal manera que no deja que podamos cumplir los mandatos de Cristo Jesús. Además, nos desgasta y puede llegar a enfermarnos: es como llevar un morral de piedras...

El perdón: medicina para el alma

Nuestra alma, al igual que nuestro cuerpo, se puede enfermar. Solo que las enfermedades son diversas: no se curan con pastillas ni jarabes ni ungüentos. Hay muchas enfermedades del alma, pero hoy quiero traer a tu consideración algunas.                 La ira : La ira es un movimiento que impulsa a vencer los obstáculos que impiden alcanzar el bien que quiero. Su primera manifestación es la violencia hacia algo o alguien. Es pasajera, pero es el origen de otras enfermedades del alma. Si ese sentimiento se hace permanente en el cristiano se convierte en otra enfermedad llamada odio.                 El odio : Odiar es desear lo peor a otro ser humano. Esta enfermedad del alma es fatal por las consecuencias que trae: ciega el pensamiento (quien odia no es capaz de ver con objetividad, siempre distorsiona las cosas haciéndolas ver...