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Es hermoso saber rectificar

 Este domingo, las lecturas de la Santa Misa nos propone unos pasajes de la Sagrada Escritura ricos en mucho contenido. Hoy quiero hacer mi reflexión sobre la primera lectura de nuestra Misa (Jer 38, 4-6. 8-10). El relato del Rey Sedecías es la alegoría perfecta de lo que sucede con frecuencia en la vida de los hombres. Estamos expuestos a las influencia de malas personas, al igual que el rey: algunos se acercan a él a pedir la muerte de Jeremías porque con sus palabras deja en evidencia su mal proceder. Y el rey no se opone. Afortunadamente también estamos expuestos a la influencia de buenas personas, como las que se acercaron al rey para pedir que salvara al profeta Jeremías. En la práctica es imposible encontrar alguna persona que no cometa errores. La condición humana es la que es: no somos perfectos. Podemos, y es seguro, que nos equivoquemos y ofendemos a Dios. El hecho de que esto ocurra no quiere decir que tenemos un derecho a equivocarnos. Nadie tiene derecho a equivocarse...

Jesucristo y sus sentimientos

En la segunda lectura de la Santa Misa de este domingo (Fil 2, 1-11) escuchamos una enseñanza que fundamenta nuestra condición de cristianos. En primer término, Jesús es Dios. San Pablo afirma sin medias tintas la divinidad de Cristo. No obstante, siendo Dios, por amor a nosotros se hizo hombre, “ se humilló a sí mismo y por obediencia aceptó incluso la muerte y una muerte de cruz. Por eso Dios lo exaltó sobre todas las cosas y le otorgó el nombre que está sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús todos doblen la rodilla en el cielo, en la tierra y en los abismos, y todos reconozcan públicamente que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre ”. Por eso su sacrificio en la cruz y su victoria definitiva con la resurrección tienen un valor infinito. Nunca debemos cansarnos de profesar públicamente que Jesús es Dios, que Jesús nos ama, que Jesús es nuestro Salvador, que Jesús es nuestro Señor. La vida nos será corta para hacerlo suficientemente. San Pablo, además, nos pide ...

Errar es de humanos, rectificar el error es de sabios y diabólico perseverar en el error

         Este viejo adagio latino significa: Errar es de humanos, de sabios rectificar, diabólico perseverar en el error. Como siempre, los antiguos tienen razón. --          En las lecturas de hoy, encontramos diversas figuras que nos hablan de estas facetas: --          Equivocarse es de humanos . Ciertamente nuestra naturaleza humana no es perfecta y podemos equivocarnos en nuestra manera de ver el mundo, de tratar a los demás y de conducirnos personalmente. Si bien Dios nos ha dado suficiente inteligencia y voluntad como para poder comportarnos rectamente delante de Dios, con los demás y con nosotros mismos, aún así podemos dejarnos llevar por los demás, olvidando que hemos de responder personalmente por nuestras acciones. Nunca será válido culpar a los demás de nuestras deficiencias y de nuestros pecados. Así lo dice San Pablo: antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero D...

A buscar lo que estaba perdido

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Las lecturas de la Santa Misa de hoy nos ofrecen una riqueza particular. Quisiera compartir con todos cuatro reflexiones que me llaman la atención particularmente: 1° El amor del Señor, en especial, hacia los más necesitados corporal o espiritualmente. Que el Señor nos ama es una vedad incontrovertible y así nos lo recuerda la primera lectura de la Misa: “Porque tú amas todo cuanto existe y no aborreces nada de lo que has hecho”. Es una verdad que olvidamos con mucha frecuencia, y que debemos meditarla, asimilarla y sentirla todos los días de nuestra vida. Ese amor, El Señor Jesús lo demuestra con mayor fuerza en los que están necesitados. La necesidad no es solo material, aunque es la más llamativa y la que más salta a nuestros ojos. Y es imperioso para el cristiano aliviar el mal de los hermanos. Pero hay un mal mayor y más pernicioso: el pecado. Todo creyente sabe que el Señor Jesús murió por nuestros pecados y que el Señor no quiere la muerte del pecador sino que se co...

DESTIERREN DE USTEDES LA ASPEREZA, LA IRA, LA INDIGNACIÓN, LOS INSULTOS, LA MALEDICENCIA Y TODA CLASE DE MALDAD (EF 4, 31)

Es relativamente fácil dejar que el corazón se llene de cualquier cantidad de sentimientos malos. Y esos sentimientos tienen la particularidad de tener el efecto “bola de nieve”: con el paso del tiempo, esos sentimientos se hacen cada vez más grandes. Todo cristiano debe saber que debe tener el corazón libre de sentimientos malos (resentimientos) porque de lo contrario, no podrá amar a Dios sobre todas las cosas, ni al prójimo como a sí mismo. Es así. De hecho, leemos en las páginas del Evangelio según San Mateo una invitación a cumplir a cabalidad el mandamiento de Dios evitando encolerizarnos con el hermano, insultarle, buscando el modo y la manera de reconciliarnos con él (Mt 5, 21–26) El corazón lleno de rencor, odio, venganza… no deja espacio a la acción del Espíritu Santo. Llena y envicia el corazón de tal manera que no deja que podamos cumplir los mandatos de Cristo Jesús. Además, nos desgasta y puede llegar a enfermarnos: es como llevar un morral de piedras...

EL COMPROMISO DE VIVIR CON UNA BUENA CONCIENCIA ANTE DIOS

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En la segunda lectura de la Santa Misa de hoy san Pablo cita el diluvio universal, cuyo final escuchamos en la primera lectura. San Pablo se refiere al agua del diluvio como “ figura del bautismo, que ahora los salva a ustedes ”. Al mismo tiempo, el Apóstol se refiere al significado del bautismo: “ no consiste en quitar la inmundicia corporal, sino en el compromiso de vivir con una buena conciencia ante Dios ”. El bautismo, hecho importante en la vida de cada uno de nosotros, marca un final y un inicio. Marca el final de una vida separada de Dios, donde dominaban otros criterios mundanos, donde reinaba el egoísmo, la avaricia, la lujuria. Marca el final de una vida encadenada, dominada por el pecado, de alegrías pasajeras. El bautismo marca un inicio: de una vida vivida rectamente delante de Dios, de saber y tener al Señor presente en todo momento, de hacer todo para la gloria de Dios. Marca una vida de liberación y de salvación, de felicidad plena. Probablemente muchos po...

La venida de Cristo

Uno de los pilares de nuestra vida cristiana es la firme convicción de que Nuestro Señor Jesucristo vendrá a juzgar al mundo al final de los tiempos. Y eso lo decimos en el Credo. El tiempo de Adviento, que hoy iniciamos, es una ocasión que nos brinda la liturgia de la Iglesia para vivir en nuestra vida esta verdad de fe que profesamos. De hecho,  la palabra “adviento” viene del latín y significa “llegada”. La Iglesia trae a la vida del cristiano la noticia de la venida de Cristo con ocasión de la celebración de la primera venida de Cristo al mundo: su nacimiento en Belén. Lejos de pensar en el fin del mundo –que no sabemos cómo será ni cuando– la Iglesia invita a reflexionar: Este mundo es pasajero: nosotros estamos llamados a la morada eterna, sin embargo, no quiere decir que no debemos preocuparnos por la construcción de un mundo mejor. Todo lo contrario: Es el momento propio para poner en práctica todo lo que el Señor nos ha enseñado. Nosotros, los cristianos, e...

Vivir según el Espíritu de Jesús

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Desde hace años, para ser exacto, desde el inicio de su Pontificado, el Papa Benedicto XVI ha venido denunciando un fenómeno al que ha llamado “la dictadura del relativismo”. El Santo Padre da este nombre a la pretensión de los seres humanos de defender el libertinaje bajo el pretexto de que nada es bueno o malo absolutamente, sino que eso lo decide cada quién.

La alegría de rectificar

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El domingo pasado reflexionábamos sobre cómo pueden influir nuestras emociones en nuestra vida espiritual. Hoy, las lecturas de la Misa nos invitan a reflexionar sobre la alegría de rectificar y reconciliarnos con el Señor.