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Mostrando las entradas etiquetadas como Juan Bautista

Soy yo quien lo necesita

Hoy, Fiesta del Bautismo del Señor, escuchamos el relato que nos presenta el Evangelio según San Mateo (3, 13-17). Hay dos detalles sobre los cuales te invito a poner tu atención. El primero, cuando se encuentran Juan Bautista y Nuestro Señor Jesucristo, el primero le dice al Señor: « Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice? ». El bautismo ofrecido por San Juan era un gesto simbólico. Las personas que se acercaban a escucharle, aceptaban la gracia de la conversión. Ellos sentían la necesidad de comenzar de nuevo, Juan le ofrecía la oportunidad, haciéndoles saber que es solo para la conversión. Y todo ese llamado tenía como fin preparar el corazón para recibir a Cristo. Él, Cristo Jesús, es la razón de ser de todo. Así tiene sentido la frase de Juan Bautista: Yo soy yo quien te necesita. Y es en este punto donde todos los cristianos debemos reconocer que un nuevo comienzo es imposible sin Cristo Jesús. Confiar en movimientos, en ideologías, en personas ...

Sin poner excusas

 En los últimos años se ha ido reflexionando sobre un fenómeno que se está convirtiendo en un peligro. Muchas personas prefieren una mentira que les haga feliz y no una verdad que les resulte incómoda. Y eso aplica a todos los ámbitos de nuestra vida, incluido en nuestra vivencia de la fe. La vivencia correcta de nuestra fe conlleva poner en práctica el mandato del Maestro sobre la corrección fraterna (Mt 18, 15 – 17). Hoy muchos fieles ponen otros criterios por encima del mandato de Cristo: “Cada quien puede hacer con su vida lo que quiera”, “Nadie es quien para estar diciendo a otros lo que deben hacer o no”, “Uno no sabe por qué lo hace”, “Mejor no decirle nada porque puede enojarse o puede después tener traumas”, etc. La consecuencia de esa omisión es clara: esos fieles no podrán saber (al menos, de nosotros) que van por mal camino. No se percatarán (de momento, por nosotros) que se están alejando de Cristo Jesús. Y aunque podamos poner todos los matices que quieran, no estarem...

El bautismo de Juan

  Hoy celebramos con toda la Iglesia la fiesta del bautismo del Señor, en el Jordán, por Juan el Bautista. En el Evangelio de hoy (Lc 3, 15-16) escuchamos cómo Juan da cuenta de la misión que el Señor le ha encomendado: bautizar con agua, como una señal de conversión. Esa conversión es el requisito para poder reconocer y aceptar al Salvador, Cristo Jesús. Algo que debemos recuperar en la comunidad de creyentes es el orden o itinerario para la iniciación cristiana, para aceptar a Jesucristo como Salvador y Señor. Y el primer paso necesario es la conversión: alejarse del mal y volverse a Dios. Sin este requisito, el sacramento del bautismo no produce los efectos a los que nos impulsa la gracia de Dios. El ministerio de Juan comenzó de esa manera: “ Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca ” (Mt 3, 2). Cuando nuestro Señor comenzó su predicación lo hizo también con una invitación a la conversión: “ El Reino de Dios está cerca. Conviértanse y acepten el Evangelio ” (Mc 1, 15). S...

Remover los obstáculos

Llegamos al tercer domingo de Adviento. Y hoy las lecturas nos invitan a poner nuestra alegría en el motivo verdadero: en Cristo Jesús, el Señor. Porque el Señor está cerca, no debemos dejar que nuestro corazón se inquiete. Esta es, tal vez, una de las cosas más difíciles de comprender para muchos hermanos. ¿Se puede estar tranquilo con la situación económica y social que estamos viviendo? Como dicen en otros lugares, ¿se puede ser feliz con la que está cayendo? La respuesta simple y sencilla es: Sí. La pregunta siguiente es: ¿Cómo? Nosotros vivimos en medio de una cultura que ha ido perdiendo cada vez los referentes morales. No es nuevo. Ya pasaba eso en la época del Señor. ¿A qué se aferra una persona para su equilibrio emocional? Normalmente a lo material, y al poner allí toda la razón de su felicidad, la carencia previsible hace que perdamos la paz del alma y vayamos en búsqueda de mayores seguridades que, paso a paso, nunca serán suficientes. Y entonces, pasa algo curioso: en lo q...

No nos olvidemos de lo que es más importante

Las lecturas de nuestra Santa Misa de hoy nos invitan a considerar un hecho fundamental en nuestra vida: Jesucristo. En la primera lectura el profeta emite una sentencia de Dios refiriéndose a su siervo. No es suficiente que él sea el restaurador de Israel, sino que ha de ser la luz de todas las naciones (Is 49, 3. 5-6). San Pablo en el inicio de su carta a los corintios recuerda un hecho fundamental: todos han sido santificados en Cristo Jesús (1Co 1, 1-3). En el Evangelio escuchamos la conducta y testimonio de Juan el Bautista: Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29-34). A lo largo de nuestra vida de fe como creyentes en Cristo Jesús podemos distraernos y pensar que lo accesorio es más importante que lo esencial. Es algo muy común que muchas personas que asisten a actividades de tipo religioso presten más atención a cosas externas, a detalles o pequeñas acciones, algunas veces cargadas de mucho sentimiento, y no al encuentro con Cristo Jesús en la Pala...

Poner la casa en orden

El domingo pasado iniciamos el camino del Adviento. No está de más recordar que este tiempo está marcado por diversos mensajes: recordamos la próxima venida del Señor, preparamos nuestra alma para celebrar una vez más el nacimiento del Jesús y para ello, hemos de hacer un profundo examen de nuestra vida y ver qué cosas resultan un obstáculo para que el Señor habite en mí, forme parte de mi vida. El pasaje del Evangelio nos presenta a la persona de Juan el Bautista y condensa su mensaje en una llamada a cambiar de vida. El evangelista da testimonio de que Juan fue el enviado para anunciar la presencia inminente del mesías en el pueblo de Dios. Y para ello el profeta, es decir, Juan el Bautista, invita al pueblo a poner orden: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos. No es un secreto para nadie que podemos distraernos del seguimiento a nuestro Señor Jesucristo. De hecho, es una tentación constante el juzgar que hay situaciones que pueden anteponerse a Cristo Jesús. De al...

Dos cosas que podemos aprender del Bautismo del Señor

               Hoy celebramos con toda la Iglesia el momento de la vida del Señor en el que se acerca al Jordán a recibir el bautismo que ofrecía Juan el Bautista como un gesto de un nuevo comienzo de cara a Dios: un bautismo de conversión.              Ese gesto –recibir el bautismo de Juan– marca el inicio de la vida pública. Ese momento estuvo envuelto de unos eventos extraordinarios: una forma de paloma que desciende sobre el Señor y la voz del Padre quien afirma que Jesús es su Hijo. Ya eso nos dice mucho.              En el Evangelio de hoy (Lc 3,15-16.21-22), quisiera resaltar dos cosas y proponerlas a tu consideración.              La actitud de Juan el Bautista. Juan había adquirido una notoriedad a los ojos de los israelitas y extranjeros. Su vida ascética y la particular sabiduría que salía de sus labios lo hizo destacar por en...

Adviento es también poner "la casa en orden"

El domingo pasado reflexionábamos sobre la figura de Juan Bautista quien debía preparar el pueblo de Israel para la llegada del Señor. Y decíamos que era un llamado a hacer un examen de conciencia, para identificar las cosas que son un obstáculo para que podamos encontrarnos con Cristo Jesús. Hoy avanzamos un paso más: adviento es poner la casa en orden. No me refiero a arreglar físicamente nuestra morada, cosa que suele hacerse en estos tiempos decembrinos. Me refiero a la casa de nuestra alma. En el Evangelio de nuestra Santa Misa de hoy (Lc 3,10-18), muchos se acercaban a Juan Bautista y su mensaje de conversión tocaba corazones. Algunos le preguntaban qué debían hacer y la respuesta era sencilla: haz lo que debes hacer y no actúes mal. Los seres humanos del siglo XXI somos complejos pues hemos dejado que otros valores (que no son importantes) y antivalores adquieran relevancia en el día a día. Se trata de eliminar lo que no es importante y rectificar. A las fuerzas del orden, Juan ...

Cuando Dios se hace uno como nosotros

La Iglesia nos enseña que el mensaje de salvación que Cristo nos trae, se realizó mediante palabras y gestos. Este pasaje del bautismo del Señor es uno de esos tantos episodios en los que el Señor nos dice más que las palabras. - Lo primero que debemos tener en cuenta es que el bautismo de Juan no es el sacramento del Bautismo que fue instituido por el Señor. Es un bautismo diferente, de hecho, San Pablo cuando llegó a Éfeso se encontró con unos discípulos. Al hablarles del Espíritu Santo, los discípulos le manifiestan que no han oído hablar de Él. San Pablo le pregunta qué bautismo han recibido y ellos le dicen “el bautismo de Juan”. San Pablo les aclara: “ Juan bautizaba con miras a un cambio de vida y pedía que creyeran en Jesús ” (Hech. 19, 4). Efectivamente, el mismo Juan dice: “ Yo los bautizo en el agua en señal conversión. Pero después de mí viene uno con más poder que yo… y él los bautizará en el Espíritu Santo y fuego ” (Mt. 3, 11; Lc. 3, 16) Lucas dice también: “ Juan em...

El bautismo del Señor

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En el Evangelio de nuestra Misa de hoy (Lc 3, 15-16. 21-22) escuchamos el relato más sobrio del bautismo del Señor. Comienza el relato de hoy con una declaración de Juan el Bautista. La fama de Juan Bautista, fruto de su testimonio de vida, hizo que muchos comenzaran a pensar que Juan era el Mesías. Él lo negó rotundamente, pero fue a más: Ciertamente, Juan bautizaba: usaba el signo del agua para simbolizar un punto de cambio, es decir, dejar atrás la vida mala y cambiar para mejor. Era un bautismo de conversión. Sin embargo, ese gesto no era un fin en sí mismo: « Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, a quien no merezco desatarle la correa de sus sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego ». Juan prepara el camino a Jesús. Dice que es mayor que él y que sería el autor del bautismo definitivo: el que unge con el Espíritu Santo y purifica como el fuego. Y hoy, todos nosotros, los creyentes que hemos recibido el bautismo, hemos de hacer un acto de...

Las pequeñas corruptelas y distracciones

            Es un fenómeno reconocido el hecho de que las cosas que empiezan muy bien con el paso del tiempo, si no tienen una vigilancia permanente, comienzan a introducirse pequeñas corruptelas que con el paso del tiempo pueden convertirse en grandes desviaciones. Es el caso, por ejemplo, de un restaurant que comienza muy bien o de un colegio que comienza excelente, pero que con el paso del tiempo comienzan a decaer. Todo es producto de la naturaleza humana que tiende siempre a lo más fácil desvirtuando lo que era una acción buena al inicio.             Pero eso no solo ocurre con las pequeñas o grandes empresas que inician los hombres sino también en la vida ordinaria y en la vida espiritual. En la vida de pareja puede entrar el tedio o la falta de comunicación, lo mismo en la educación de los hijos, en el trato con otros familiares o los vecinos. En nuestra vida espirit...

La entereza de Isabel

Hoy estamos unidos a toda la Iglesia en la celebración del Nacimiento de San Juan Bautista. “De los nacidos de mujer, no hay ninguno más grande que Juan el Bautista” (Lc 7, 28) un hombre de Dios que vivía con sobriedad (Mc 1, 6) y quería que todos prepararen su corazón para recibir al Señor Jesús (Mc 1, 7). Más aún, quiere que sepan que él es un instrumento de Jesús: Jesús debe crecer y él, menguar (Jn 3, 30). Más aún, señala que lo más importante es Cristo Jesús (Jn 1, 21 – 34) porque es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Jn 1, 29). Juan Bautista era un hombre íntegro y lleno de espiritualidad. Hasta sus enemigos lo reconocían. Herodes, que le había hecho encarcelar porque Juan públicamente le recriminaba que estaba viviendo con la esposa de su hermano (Mc 6, 18), le escuchaba con respeto y reconocía que era un hombre justo y santo (Mc 6, 20) La integridad de Juan el Bautista, seguramente, fue aprendida de sus padres. En la lectura del Evangelio de nuestra Misa ...

Jesucristo al centro de todo

Es fácil olvidar lo más importante por lo más llamativo o por lo más útil. A veces resulta sencillo distraerse. Es un peligro real. San Juan Bautista lo sabía. Es por ello que a sus discípulos y a todos los que estaban a su alrededor les señala lo importante: “ Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo. Este es aquel de quien yo he dicho: ‘El que viene después de mí, tiene precedencia sobre mí, porque ya existía antes que yo’. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua, para que él sea dado a conocer a Israel ”. La primera comunidad cristiana, que es siempre un reflejo del ideal de la Iglesia, lo tenía muy claro. El centro de todo es Jesucristo. De hecho, no resulta extraño que en la segunda lectura de la Misa de hoy (1Co 1, 1-3), en tres versículos, San Pablo nombra a Jesús cuatro veces. Y la razón es sencilla: Jesucristo es lo más importante en la Iglesia y en la vida del creyente . El mensaje de San Juan Bautista que escuchamos en el evangelio de ...

La sobriedad de Juan Bautista

Leemos en el Evangelio que Juan Bautista “usaba una túnica de pelo de camello, ceñida con un cinturón de cuero, y se alimentaba de saltamontes y de miel silvestre”. Ciertamente, este modo de vivir es algo extremo, pero sirve para llamarnos la atención. Juan Bautista es un personaje respetado en la historia de Israel, inclusive por los mismos historiadores judíos. Su importancia no era mediática, sino basada en su testimonio de vida. La sobriedad con que vivía llamaba la atención y confirmaba sus palabras con testimonio de vida. Hasta Herodes, quien le hizo encarcelar, le tenía respeto y le escuchaba. En la vida ordinaria de cada quien, podemos estar sujetos a cientos de necesidades, unas reales, otras imaginarias. Así, una persona puede estar preocupada por conseguir algo para comer esa semana, otra puede estar preocupada porque no consigue el teléfono celular de último modelo. Una mujer puede estar angustiada porque su hijo está enfermo, mientras que otra lo está porque no ha con...