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Nuestro testimonio y nuestra palabra

  Las lecturas de este domingo nos invitan a considerar dos elementos importantes en nuestra vida como seguidores de Cristo Jesús. Por una parte, nuestro testimonio de vida y, por otra, nuestra palabra anunciando a Cristo Jesús.  En el evangelio de hoy (Mt 5, 13-16) el Señor utiliza dos imágenes que tienen una perfecta analogía con la vida del creyente. Cristo Jesús nos dice que somos la sal de la tierra y la luz del mundo.  La sal es el ingrediente que usamos al momento de cocinar para realzar los sabores de lo que comemos. Es misión nuestra hacer que nuestra vida sea el elemento que dé un significado diferente y una apreciación favorable del mundo. Hemos de tener claro que el mal nunca va a tener la última palabra. Es por ello que nosotros hemos de vencer el mal a fuerza de bien de tal manera que, aunque veamos que las fuerzas que quieren apartar los corazones de Cristo vayan tomando la delantera, nosotros tendremos la confianza de que estamos del lado del Ganador....

Adversarios por doquier...

  Este domingo, día del Señor, el Evangelio de nuestra Santa Misa (Lc 10, 1-12. 17-20) nos presenta un pasaje rico en contenidos. Y todos ellos nos sirven de reflexión. En primer lugar, el Maestro nos invita a elevar nuestras oraciones para que nunca falten servidores –en primer lugar, sacerdotes– a su Iglesia: para que llegue a todos el don de la salvación de Cristo, la Palabra de Dios y los sacramentos de su gracia. Eso lo podemos y debemos hacer todos, siempre. A continuación, escuchamos el relato del envío de los 72 discípulos: los envió por delante a los pueblos donde iría él después, para que anunciaran a todos que el Reino de Dios está cerca. Y el Señor dice una frase sobre la cual amerita detenerse un poco: “ Yo los envío como corderos en medio de lobos ”. No es un secreto ni es algo que está oculto a los ojos de alguien. Es evidente que a diario nos vemos rodeados de personas que, más que indiferencia, manifiestan un desprecio hacia Cristo, su mensaje y su Iglesia. I...

Los hechos dicen más...

Hoy, las lecturas de nuestra Santa Misa, en especial el pasaje del Evangelio, nos invitan a reflexionar sobre un elemento esencial en la vida de todo creyente. No es otra cosa que el testimonio. Desde el inicio de la vida pública del Señor, y también en la predicación de los Apóstoles, el mensaje del Evangelio proclamaba la necesidad del testimonio. No ha sido ni será suficiente una fe abstracta, sino que ha sido y será necesario el testimonio de los creyentes. Dicho sea de paso: es la mejor forma de acreditar nuestra palabra específicamente cristiana. Solo con la vivencia de los valores del Evangelio que nos enseña Jesucristo para nuestra salvación podremos nosotros lograr que el mundo cambie. Y es lo que nos enseña el Maestro en el pasaje del Evangelio de hoy (Mt 5, 13-16): somos la sal de la tierra , somos nosotros quien debemos dar sabor a nuestra sociedad. Somos la luz del mundo , nuestra misión es iluminar con nuestra vida todas las realidades humanas. El objeto del testimo...

Anunciar con la confianza puesta en el Señor

 El Evangelio de hoy (Lc 10, 1-12. 17-20) es muy rico en ideas, al referirse al anuncio del mensaje de salvación de nuestro Señor. Comienza el evangelio de nuestra Santa Misa con una frase que habremos escuchado miles de veces a lo largo de nuestra vida: “ La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos ”. Y todos estamos más que claros en que el dueño de los campos es Dios mismo y que nunca habrá suficientes personas que anuncien el mensaje de salvación. Es un deber de todo cristiano pedir por los sacerdotes, por los religiosos y misioneros, y que nunca falten vocaciones a su Iglesia. Ahora, bien, como nos recuerda la Santa Madre Iglesia, es un deber de todo cristiano anunciar el mensaje de Cristo, cada cual según su propia condición. Y es, en este punto, donde los seguidores de Cristo Jesús se muestran reacios, a veces con excusas bastante ridículas. Todos, absolutamente todos, podemos y debemos dar testimo...

El gesto de amor más excelso

Hoy escuchamos en el Evangelio el mandamiento del amor: “ Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos ” Ya hemos reflexionado en otras ocasiones qué cosa es amor: La búsqueda del bien del otro de manera desinteresada. No existe amor si el bien que se hace es por interés, con el objeto de esperar algo a cambio. Casi siempre, y es un defecto grave de nuestra Iglesia, se interpreta este mandamiento del amor exclusivamente de manera “horinzontal”: ayudar al necesitado. También suele interpretarse como una especie de tolerancia que pone a prueba los límites de la paciencia cristiana. Pero se deja de lado tal vez la forma más perfecta de amar: acercar a los demás a Jesucristo. No es difícil entenderlo. Si amar es procurar el bien para los demás, no hay bien más grande que Jesús. Acercar a Jesús a los demás para que tengan un encuentro con Él es el gesto mayor de amor: los acercamos a la...

Para ser profeta es necesario confiar en el Señor

 En las lecturas de este domingo llama la atención que, para los que han sido llamados a anunciar a Jesucristo (todos nosotros), el único requisito es la confianza en el Señor. El profeta, quien lleva un mensaje de parte de Dios, debe confiar en el poder de quien lo envía. En el Antiguo Testamento no había profetas que tuvieran una preparación especial (salvo Ezequiel y Daniel). En la primera lectura de hoy (Amós 7, 12-15), escuchamos a Amós decir que su oficio era el de pastor y cultivador de higos (un campesino, pues). Entre los Apóstoles escogidos por el Señor no destacaba ninguno por sus particulares habilidades. La mayoría eran pescadores, uno era cobrador de impuestos, otro era un guerrillero. Santiago y Juan eran llamados “hijos del trueno” por el carácter belicoso que tenían. Como verás, ninguno de ellos tenía dotes para destacar como prodigio.  Todos los profetas del Antiguo Testamento tienen un denominador común: no obstante los titubeos iniciales, todos ellos confia...

Contra la terquedad y la obstinación, firmeza en la voluntad

  Las lecturas de nuestra Misa de hoy nos invitan a reflexionar sobre una actitud que podemos encontrar en las personas que nos rodean y que no creen en Cristo Jesús. Las personas que no son creyentes y que además no quieren creer, expresan su rechazo manteniendo una actitud obstinada y terca reafirmando su resistencia a creer en el mensaje de Cristo Jesús. En la primera lectura (Ez 2, 2-5), Yahweh hace saber al profeta Ezequiel que entiende perfectamente que el pueblo es terco y obstinado. El pueblo de Israel había decidido apartarse de los mandamientos de Dios. Ante los reiterados llamados que hacía el Señor por medio de los profetas, el pueblo manifestaba su negativa sea de palabra que de obra. A pesar de todo ello: “ A ellos te envío para que les comuniques mis palabras ” (Ex 2, 4). La terquedad y obstinación pueden adquirir diversos matices. El más evidente es expresar, mantener y reafirmarse en la negativa de creer en Cristo Jesús. El terco se negará a atender hechos y ar...