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Mostrando las entradas etiquetadas como Conversión

¿Qué es el Reino de los cielos?

  Sin duda alguna, habremos escuchado en más de una ocasión el término ‘Reino de los cielos’. Nuestro Señor las usa en diversas ocasiones y muchas de ellas en ejemplos para tratar de explicarlo (Mt 13, 24 – 43). Los teólogos, a lo largo de la historia, han gastado una buena cantidad de tinta tratando de profundizar y comprender su significado. El Reino de los cielos no es otra cosa que el seguir a Cristo Jesús. En la medida en que yo reconozco a Jesucristo como mi Salvador y lo acepto como mi Rey y Señor, entonces, yo formo parte del Reino. Entonces, en el Reino de Dios (aunque más preciso parece ser decir Reinado de Dios), tenemos a Cristo Jesús que nos anuncia el mensaje y el camino de salvación. Y luego, estamos nosotros que, en mayor o menor medida, queremos seguir a Jesús por el camino que Él nos propone. Y entre los seguidores de Cristo hay muchos que han dado lugar a la simiente del demonio. Como la cizaña externamente se parece al trigo, pero no lo es; puede suceder que ent...

Quita la losa

 Hemos llegado al último domingo del tiempo de cuaresma. Hoy la Iglesia nos propone el pasaje del evangelio de la resurrección de Lázaro (Jn 11, 1-45). Es el último milagro del Señor antes de su entrada triunfal en Jerusalén. Este milagro resultó patente a los ojos de propios y extraños. Muchos de los que estaban allí presenciaron la sepultura de Lázaro. Y todos vieron su vuelta a la vida. Un primer detalle que causa asombro es que exactamente el mismo milagro hizo que muchos creyeran en Jesucristo y, al mismo tiempo, hizo que los del Sanedrín decidieran la muerte de Jesús. La diferencia de la actitud con que nos acercamos al Señor es lo que traerá un resultado distinto. Hay un gesto que casi pasa desapercibido. El Maestro pide que quiten la losa de piedra que sellaba el sepulcro. Con toda seguridad, una losa no detendría el poder de Cristo Jesús, sin embargo, esa losa sí podría impedir que Lázaro oyese a Jesús y que, luego, pudiera salir.  Nuestra vida como creyentes no es fá...

Luz para todos

  Las lecturas de este domingo son la expresión perfecta de la misión de la Iglesia. Dios envía a todos a anunciar el Evangelio. Y para ello se sirve de la imagen de la luz. En el lenguaje castellano, así como en otras lenguas, se destinó el sustantivo ‘oscuridad’ para referirse a la situación personal en la que una persona no podía o se negaba a formarse, es decir, a recibir noticias que le permitieran mejorar su situación. Y así se dice una persona que no puede o renuncia a obtener mayor información, se dice que esa persona vive en la oscura ignorancia. La Sagrada Escritura se sirve de la imagen de la luz para referirse a la Palabra de salvación: a aquella que hace alejarse del mal, que da orientaciones seguras para la vida, que da un significado a la propia vida y que nos hace ser felices ya en esta tierra: “ Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció. Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría. Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, com...

Soy yo quien lo necesita

Hoy, Fiesta del Bautismo del Señor, escuchamos el relato que nos presenta el Evangelio según San Mateo (3, 13-17). Hay dos detalles sobre los cuales te invito a poner tu atención. El primero, cuando se encuentran Juan Bautista y Nuestro Señor Jesucristo, el primero le dice al Señor: « Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice? ». El bautismo ofrecido por San Juan era un gesto simbólico. Las personas que se acercaban a escucharle, aceptaban la gracia de la conversión. Ellos sentían la necesidad de comenzar de nuevo, Juan le ofrecía la oportunidad, haciéndoles saber que es solo para la conversión. Y todo ese llamado tenía como fin preparar el corazón para recibir a Cristo. Él, Cristo Jesús, es la razón de ser de todo. Así tiene sentido la frase de Juan Bautista: Yo soy yo quien te necesita. Y es en este punto donde todos los cristianos debemos reconocer que un nuevo comienzo es imposible sin Cristo Jesús. Confiar en movimientos, en ideologías, en personas ...

Sin poner excusas

 En los últimos años se ha ido reflexionando sobre un fenómeno que se está convirtiendo en un peligro. Muchas personas prefieren una mentira que les haga feliz y no una verdad que les resulte incómoda. Y eso aplica a todos los ámbitos de nuestra vida, incluido en nuestra vivencia de la fe. La vivencia correcta de nuestra fe conlleva poner en práctica el mandato del Maestro sobre la corrección fraterna (Mt 18, 15 – 17). Hoy muchos fieles ponen otros criterios por encima del mandato de Cristo: “Cada quien puede hacer con su vida lo que quiera”, “Nadie es quien para estar diciendo a otros lo que deben hacer o no”, “Uno no sabe por qué lo hace”, “Mejor no decirle nada porque puede enojarse o puede después tener traumas”, etc. La consecuencia de esa omisión es clara: esos fieles no podrán saber (al menos, de nosotros) que van por mal camino. No se percatarán (de momento, por nosotros) que se están alejando de Cristo Jesús. Y aunque podamos poner todos los matices que quieran, no estarem...

Despierta y reacciona

  Este fue el lema de la segunda visita del Papa Juan Pablo II a Venezuela. Y las lecturas de este primer domingo de Adviento nos hacen una advertencia similar para nuestra vida. La segunda lectura (Rm 13, 11-14) comienza con esta advertencia: " Ya es hora de que se despierten del sueño, porque ahora nuestra salvación está más cerca ". Todos nosotros, que vivimos en medio del mundo, podemos distraernos con las cosas del mundo. Incluso podemos llegar a pensar que son más importantes que Nuestros Señor (dicho sea de paso, eso mismo pensaba Judas Iscariote). Los afanes de la vida pueden hacer que no le demos el lugar que le corresponde a Nuestro Señor Jesucristo. Este tiempo de Adviento es una llamada de atención en ese sentido. Y por los tiempos que corren, se hace urgente este llamado de atención. El Señor en el Evangelio (Mt 24, 37-44) advierte que en la época de Noé las gentes vivían desbocadas en comilonas, bebidas y desórdenes. Y entonces, llegó el día del diluvio. H...

Agradecimiento y Salvación

  Las lecturas de hoy gozan de una belleza particular y de un muy rico contenido. Aunque se pudieran reflexionar sobre múltiples tópicos, hoy a quedarme con dos reflexiones.  Bien sea en la primera lectura ( 2Re 5, 14-17 ) que en el Evangelio de nuestra Santa Misa de hoy ( Lc 17, 11-19 ), vemos, por una parte, la actitud de agradecimiento de Naamán , un general sirio , y, por otra parte, un samaritano que se acerca a agradecer a Nuestro Señor Jesucristo . Lo primero que salta a la vista es que ninguno de los dos pertenecía al pueblo de Israel . De hecho, pertenecían a poblaciones rivales en su momento. Y ambos de alguna manera manifiestan la fe en el Dios único vivo y verdadero .  Como podremos deducir fácilmente, no se requiere alguna particular disposición externa para acercarse a Nuestro Señor Jesucristo. La segunda cosa es que ambos tienen en común es que estaban afectados de la lepra . En la tradición bíblica, para referirse al pecado que arruina el alma de un hom...

No esperes algo extraordinario

  Las lecturas de la Santa Misa de hoy nos dan muchísimos puntos para reflexionar. Me permitiré detenerme en dos. En la primera lectura, del profeta Amós (6, 1a. 4-7), el profeta denuncia con un lenguaje directo lo que en teología se llama la hipocresía religiosa. Hace una fuerte crítica de aquellas personas que se dedican a prácticas que no son consecuentes con el mensaje del Evangelio y que pregonan que ellos son los que cumplen la voluntad de Dios. En otras palabras, llevan una vida disoluta y se presentan ante todo el mundo como si fuesen ellos los perfectos seguidores de Cristo.  La gran maldad de la hipocresía religiosa es que se aparta de aquella indicación del Señor de "amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo". El hipócrita religioso solo se busca a sí mismo, Y como dice el profeta: " no se preocupan por las desgracias de sus hermanos ".  El Evangelio (Lc 16, 19-31) que escuchamos hoy es la parábola conocida como el rico Epulón y el po...

Contra el pecado, el amor de Dios

 Las lecturas de hoy nos hacen recordar algo que experimentamos con frecuencia a lo largo de nuestra vida: nuestra naturaleza humana puede hacer que apartemos nuestro corazón de Dios y obremos mal. La experiencia del pecado es algo frecuente en nuestra vida.  En la primera lectura (Ex 32, 7-11. 13-14) escuchamos como Dios le hace saber a Moisés que el pueblo al que sacó con brazo poderoso lo cambió por una imagen a quien llamó "dios", un becerro de oro. Ya esto resulta una llamada de atención para nosotros: es muy fácil que podamos nosotros atribuir al poder de Dios a una serie de artefactos (a los que suelen llamar amuletos, ilde, protecciones, etc.). Y aunque parezca inofensivo (y es lo que el demonio quiere que nosotros creamos), eso hace que apartemos el corazón de Dios todopoderoso. Creer que un pedazo de plástico o de cualquier otro material tiene un poder superior al de Dios es cometer el mismo pecado que el pueblo de Israel con el becerro de oro. En la segunda lectura...

La reprensión como una señal de amor

 Puede resultar llamativo y hasta reluctante con las “modernas teorías” de psicólogos y afines. Hoy la reprensión es vista con malos ojos porque se le atribuye –erróneamente– que es la causa de diversos males modernos. Y nada es más erróneo. Cuando un padre reprende a su hijo por algo malo que hizo, no lo hace porque no ame a su hijo, todo lo contrario: precisamente porque lo ama, lo corrige para que se aparte del mal camino o deje de hacer eso que es malo y pernicioso. Y así nos lo enseña la Palabra que escuchamos hoy: “ ¿qué padre hay que no corrija a sus hijos? Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza. Pero después produce, en los que la recibieron, frutos de paz y de santidad ” (Heb 12, 7.11). Hoy la reprensión y el esfuerzo no se ven con buenos ojos. La defensa a ultranza de la libertad, de la autoestima y del hedonismo se han convertido en los ejes transversales de toda actividad humana. Desde esta perspectiva, el cristianismo se v...

No hay santo sin pasado ni pecador sin futuro

 Hoy que el día del Señor coincide con la celebración de la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, se nos presenta la oportunidad inmejorable de reflexionar sobre un defecto que se ha introducido en el imaginario de los fieles cristianos. Muchos hermanos nuestros piensan, erróneamente, que para acercarse al Señor y formar parte de la Iglesia peregrina hay que ser puros e inmaculados desde el vientre de la madre (o algo así). Y habrá que repetir, como en su momento dijo el Papa Francisco, que en la Iglesia hay lugar para todos. La solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo nos ofrece la oportunidad de rectificar ese pensamiento erróneo. La Sagrada Escritura da razón de que las hoy columnas de la Iglesia tuvieron un pasado nocivo. San Pedro era un sujeto iracundo y apasionado. Fue de los primeros seguidores de Jesucristo, pero desconfió a la hora de caminar sobre el mar, quiso apartarlo de su misión a tal punto de que el Señor le llamó Satanás, le cortó una oreja a u...

siempre vamos a tener la oportunidad de cambiar

 Nuestro Señor Jesucristo, como es mejor de los maestros, aprovecha todas las ocasiones posibles para enseñar. Y hoy, en el evangelio (Lc 13, 1- 9), escuchamos una de esas tanta ocasiones.  Los romanos solían de cuando en cuando realizar algún acto cruel con el objeto de infundir el miedo de los pobladores y así garantizar su obediencia. Y refieren al Señor un hecho aberrante del Procurador Poncio Pilatos: había ordenado hacer un sacrificio y mezclar la sangre con la de algunos galileos. La mentalidad de la época era que si a alguien le ocurría algún evento pernicioso, era una suerte de castigo de parte de Dios. El Señor quiere quitar esa manera de pensar. Los accidentes ocurren. Eso no significa que sea un castigo de parte de Dios. Y el Maestro aprovecha esta circunstancia para invitar a la audiencia a la conversión. No hay que esperar a una ocasión especial para volverse a Dios de todo corazón. Por otra parte, el Señor, sirviéndose de una parábola, hace saber a sus discípulo...

El bautismo de Juan

  Hoy celebramos con toda la Iglesia la fiesta del bautismo del Señor, en el Jordán, por Juan el Bautista. En el Evangelio de hoy (Lc 3, 15-16) escuchamos cómo Juan da cuenta de la misión que el Señor le ha encomendado: bautizar con agua, como una señal de conversión. Esa conversión es el requisito para poder reconocer y aceptar al Salvador, Cristo Jesús. Algo que debemos recuperar en la comunidad de creyentes es el orden o itinerario para la iniciación cristiana, para aceptar a Jesucristo como Salvador y Señor. Y el primer paso necesario es la conversión: alejarse del mal y volverse a Dios. Sin este requisito, el sacramento del bautismo no produce los efectos a los que nos impulsa la gracia de Dios. El ministerio de Juan comenzó de esa manera: “ Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca ” (Mt 3, 2). Cuando nuestro Señor comenzó su predicación lo hizo también con una invitación a la conversión: “ El Reino de Dios está cerca. Conviértanse y acepten el Evangelio ” (Mc 1, 15). S...

Remover los obstáculos

Llegamos al tercer domingo de Adviento. Y hoy las lecturas nos invitan a poner nuestra alegría en el motivo verdadero: en Cristo Jesús, el Señor. Porque el Señor está cerca, no debemos dejar que nuestro corazón se inquiete. Esta es, tal vez, una de las cosas más difíciles de comprender para muchos hermanos. ¿Se puede estar tranquilo con la situación económica y social que estamos viviendo? Como dicen en otros lugares, ¿se puede ser feliz con la que está cayendo? La respuesta simple y sencilla es: Sí. La pregunta siguiente es: ¿Cómo? Nosotros vivimos en medio de una cultura que ha ido perdiendo cada vez los referentes morales. No es nuevo. Ya pasaba eso en la época del Señor. ¿A qué se aferra una persona para su equilibrio emocional? Normalmente a lo material, y al poner allí toda la razón de su felicidad, la carencia previsible hace que perdamos la paz del alma y vayamos en búsqueda de mayores seguridades que, paso a paso, nunca serán suficientes. Y entonces, pasa algo curioso: en lo q...

Preparen el camino del Señor

 Llegamos al segundo domingo del tiempo de adviento con la aparición de un personaje que nos es muy familiar. Juan el Bautista, pariente del Señor, elegido y predestinado para ser el que anuncie la presencia inmediata del Mesías en medio de su pueblo. De Juan el Bautista dice el Evangelio de nuestra Santa Misa de hoy (Lc 3, 1-6) que es el cumplimiento de la profecía de Isaías: “Ha resonado una voz en el desierto: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos”. Y con una lectura de los capítulos iniciales de los evangelios, no puede quedarnos dudas de que, efectivamente, esa profecía se cumplió al pie de la letra. La vida exigente de Juan el Bautista en el desierto y la unción y fuerza de sus palabras hicieron que su figura no pasara desapercibida y que quedara en la memoria del pueblo de Israel con el paso de los años, como lo testimonian los historiadores de la época. Como ocurre ahora con más frecuencia, los pobladores de ese entonces se quedaron solo con la figura exte...

No a la envidia

 La Iglesia siempre ha tenido muy claro que el seguimiento a Cristo Jesús no ha de ser solo una cuestión externa, sino que requiere una actitud interior que sea el origen de nuestro comportamiento. Por eso, la lucha del cristiano no va solamente en un cumplimiento externo de los mandamientos sino también en la pureza del corazón.  De esta manera puede ofenderse a Dios cuando nuestros sentimientos nos alejan de Él. Un hombre que tiene el corazón lleno de odio, de venganza, de rencor o de envidia ofende al Señor porque esos sentimientos no dejan espacio para un trato con Cristo Jesús. Además, pueden convertirse en una fuente de conductas pecaminosas.  Hoy las lecturas de la Misa nos invitan a estar atentos a uno de esos sentimientos malos: la envidia. La envidia es la tristeza en el alma por el bien ajeno. El envidioso no es feliz porque cae en la cuenta de que otra persona posee un bien o hace algo bueno. Y eso es precisamente lo que critican los pasajes de la Sagrada Escr...

La impiedad, causa de todos lo males

 La impiedad, en la Sagrada Escritura, es el desprecio a Dios y todo lo relacionado con Él. Se trata de algo más que ateísmo: se trata de un rechazo a la religiosidad. Desde hace ya muchísimo tiempo los estudiosos del hombre han determinado que el verdadero fundamento de la moralidad de una persona se haya en su fe, sea cual sea. De esta manera, una persona que no reconoce un poder superior sobre sí no tendrá más referente moral que sí mismo y sus caprichos. Una persona carente de fe no encontrará ningún problema en acudir a medios ilícitos con tal de obtener lo que quiere. En la primera lectura de nuestra Misa (Sab 2, 12. 17-20) escuchamos cómo unas personas impías manifiestan querer secuestrar y torturar a una persona solo porque piensa y actúa diferente y manifiesta tener su fe en un Dios Todopoderoso y Salvador. En la segunda lectura, tomada de la carta del apóstol Santiago (3, 16-4, 3), se advierte que la ausencia de Dios en la vida de una persona es el origen del desorden las...

Siempre es una decisión

  Las lecturas de nuestra Santa Misa de hoy nos invitan a reflexionar sobre un elemento presente en nuestra vida de fe. Seguir al Maestro, así como alejarse de Él, es siempre la consecuencia de una decisión. En la primera lectura de hoy (Jos 24, 1-2a. 15-17. 18b), Josué, el gran conductor del pueblo de Israel a la muerte de Moisés, una vez que ya han conquistado la Tierra prometida, reúne al pueblo para recordarles algo importante. El pueblo ha llegado hasta aquí en compañía del Señor Dios de los ejércitos. Y Josué le reemplaza a decidir a quién van a servir: si al Dios único y Todopoderoso o, por el contrario, a los dioses que encontraron en esa tierra. Josué da un testimonio elocuente: " En cuanto a mí toca, mi familia y yo serviremos al Señor ". En el Evangelio (Jn 6, 60-69), escuchamos como el Señor habla a los judíos haciéndoles saber lo exigente de seguirle. Lo más duro para los judíos es liberarse de su modo de entender el mensaje de Dios para aceptar el camino novedos...

Metanoia

  La segunda lectura de nuestra Santa Misa de hoy (Ef 4, 17.20-24) San Pablo hace una llamada de atención válida para nosotros hoy.  Nosotros vivimos en medio del mundo. Las formas de hacer y vivir del mundo suponen una constante tentación para los seguidores de Cristo Jesús. De tal manera que, como comunidad de creyentes, debemos estar atentos para no desdibujar el Evangelio de Cristo en favor de un cristianismo ateo. San Pablo recuerda a los cristianos de Éfeso que, cuando aceptaron el mensaje de salvación, ellos decidieron también dejar atrás las costumbres que significaban maldad y pecado. Y para ello tenían que alejar de su mente y su corazón los antiguos razonamientos para hacer propios la manera de pensar de Cristo Jesús. Eso es lo que se llama metanoia. No tiene ningún tipo de sentido afirmar que se es seguidor de Cristo y tener las mismas prácticas de antes. La conversión implica cambiar la manera de vivir y de pensar. En la Iglesia se encuentra siempre presente el pe...

El debate se da en el corazón

  Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio según San Lucas (6, 45) nos dice que del corazón del hombre salen las cosas buenas y las cosas malas. Y como siempre, el Maestro tiene razón porque es en el corazón donde se da el debate. Escuchamos en la primera lectura (Jer 31, 31-34) cómo ha sido voluntad de Nuestro Señor dejar inscrito en el corazón los principios para guiarnos correctamente: “ Voy a poner mi ley en lo más profundo de su mente y voy a grabarla en sus corazones ”. Todos los hombres tenemos grabado en el alma los principios por los que podemos juzgar que algo es bueno o es malo. Pero una cosa que no podemos negar es que el corazón puede verse ofuscado y no juzgar con claridad. No es un secreto para nadie que el corazón del hombre puede llenarse de cosas malas, de malos criterios o de malos deseos. Por eso un ejercicio constante de todo buen creyente es pedir al Señor la gracia de purificar nuestro corazón, como escuchamos y repetimos en el salmo responsorial (Sal 50)...