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Agradecimiento y Salvación

  Las lecturas de hoy gozan de una belleza particular y de un muy rico contenido. Aunque se pudieran reflexionar sobre múltiples tópicos, hoy a quedarme con dos reflexiones.  Bien sea en la primera lectura ( 2Re 5, 14-17 ) que en el Evangelio de nuestra Santa Misa de hoy ( Lc 17, 11-19 ), vemos, por una parte, la actitud de agradecimiento de Naamán , un general sirio , y, por otra parte, un samaritano que se acerca a agradecer a Nuestro Señor Jesucristo . Lo primero que salta a la vista es que ninguno de los dos pertenecía al pueblo de Israel . De hecho, pertenecían a poblaciones rivales en su momento. Y ambos de alguna manera manifiestan la fe en el Dios único vivo y verdadero .  Como podremos deducir fácilmente, no se requiere alguna particular disposición externa para acercarse a Nuestro Señor Jesucristo. La segunda cosa es que ambos tienen en común es que estaban afectados de la lepra . En la tradición bíblica, para referirse al pecado que arruina el alma de un hom...

Contra el pecado, el amor de Dios

 Las lecturas de hoy nos hacen recordar algo que experimentamos con frecuencia a lo largo de nuestra vida: nuestra naturaleza humana puede hacer que apartemos nuestro corazón de Dios y obremos mal. La experiencia del pecado es algo frecuente en nuestra vida.  En la primera lectura (Ex 32, 7-11. 13-14) escuchamos como Dios le hace saber a Moisés que el pueblo al que sacó con brazo poderoso lo cambió por una imagen a quien llamó "dios", un becerro de oro. Ya esto resulta una llamada de atención para nosotros: es muy fácil que podamos nosotros atribuir al poder de Dios a una serie de artefactos (a los que suelen llamar amuletos, ilde, protecciones, etc.). Y aunque parezca inofensivo (y es lo que el demonio quiere que nosotros creamos), eso hace que apartemos el corazón de Dios todopoderoso. Creer que un pedazo de plástico o de cualquier otro material tiene un poder superior al de Dios es cometer el mismo pecado que el pueblo de Israel con el becerro de oro. En la segunda lectura...

La alegoría de la lepra

 Una alegoría es un relato de un hecho o historia al que se le da un significado especial. Se dice entonces que en una alegoría hay un sentido recto y un sentido figurado. En la Sagrada Escritura hay un gran número de alegorías. Y hoy estamos en presencia de una. En Israel había una normativa muy estricta sobre la lepra, como escuchamos en la primera lectura de nuestra Santa Misa (Lv 13, 1-2. 44-46). Cualquier persona que tuviese un eccema en la piel debía acudir a los sacerdotes para que emitieran su juicio. Si el sacerdote dictaminaba que se trataba de lepra, cambiaba totalmente la vida de esa persona. A partir de ese momento era declarado impuro y debía irse de la ciudad o pueblo para vivir apartado. Debía cubrirse completamente y si tenía que acudir al pueblo, debía anunciar a gritos que era impuro. Si se veía libre de la lepra, entonces, debía ofrecer un sacrificio y para ello debía buscar a un sacerdote. No fue difícil para los primeros escritores cristianos establecer una si...

La lepra es sinónimo del pecado

Las lecturas de la Santa Misa de hoy nos presentan la imagen de la lepra. En el Antiguo Testamento cualquier eczema en la piel era considerada lepra. Si el sacerdote, después de examinar las erupciones cutáneas, determina que es lepra, el israelita debía apartarse de la comunidad hasta que se viera libre. Entonces, debía volver al sacerdote que lo declaraba libre. El israelita sanado debía ofrecer un sacrificio en el templo. El leproso tenía una vida dura: debía vestir diferente y anunciar a todos que era leproso para que no se acercaran a él. Así se evitaban los contagios. El leproso se separaba del pueblo de Israel. Por eso, todos los autores espirituales han visto en la imagen de la lepra una referencia al pecado. Efectivamente, el pecado implica no solo apartarse de Dios, sino también perder los vínculos espirituales con los demás miembros del Pueblo de Dios. Y como escuchamos en el evangelio de nuestra Misa (Mc 1, 40 – 45), el remedio a la lepra (al pecado) es Cristo Jesús. ...

Lo principal

Para comprender mejor el pasaje del Evangelio de nuestra Santa Misa de hoy, es importante que reparemos en algunos detalles. Los escribas eran unos personajes que tenían como oficio el estudio de la ley. Serían, más o menos, como los abogados de hoy. En los tiempos en que vivió el Señor en Israel había distintos pareceres sobre los mandamientos que aparecen en el Antiguo Testamento. Eran 248 mandamientos y 365 prohibiciones (entre ellos se encontraban los Diez Mandamientos). Algunos pensaban que todos eran importantes, otros decían que algunos eran más importantes que otros. El resultado final es que se daban discusiones entre los diferentes maestros de la ley. No era raro, pues, que un escriba se acercara a Jesús, que tenía fama de Maestro, a preguntarle su opinión sobre cuál de los mandamientos es el más importante. La respuesta de Jesús es sencilla y demoledora: Le recuerda una oración que los israelitas rezaban con frecuencia: el Shemá Israel : “ Escucha, Israel: El Señor, ...

Habla el Maestro

Las lecturas de la Misa de este domingo son de una belleza única. Podríamos hacer múltiples reflexiones, pero esa es una tarea personal. Sin embargo te dejo una para tu provecho. La primera lectura nos deja muy en claro que la fidelidad a Jesús es una decisión personal insustituible: Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya . Y, como respondimos en el Salmo, será Dichoso el que cumple la voluntad del Señor . Debe ser una súplica constante la oración que escuchamos en el Salmo: Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y guardarla de todo corazón. En el Evangelio, el Maestro nos enseña cómo cumplir a cabalidad la Voluntad del Señor. En primer término no se trata de un simple cumplimiento externo sino que se ha de alejar de la mente y del corazón cualquier pensamiento o deseo que pueda conducirnos al pecado . Esa es la razón por la cual el Maestro nos enseña que enojarse, i...

Evitar la presunción

                Las lecturas de hoy son una llamada de atención para todos. Nos invitan a alejar de nosotros el veneno mortal que significa la presunción.                 La presunción es un pecado gravísimo. Consiste en estar seguro de la propia salvación. Es un veneno porque condiciona el alma de tal manera que la hace insensible a los llamados de atención del Señor.                 El Catecismo de la Iglesia Católica dice que hay dos tipos de presunción: O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divinas (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito) (nº 2092).          ...

El peor pecado...

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Dice la Sagrada Escritura que el pecado que no se perdona es el pecado contra el Espíritu Santo (Lc 12, 10). Este pecado consiste en negarse a aceptar la salvación por la decisión de no arrepentirse de los propios pecados. Muy cerca de esa decisión está quién no reconoce que sus acciones son pecados, que son actos que se alejan de la Voluntad de Dios. Y ése, según la enseñanza de los Santos Padres, es el peor pecado de nuestro tiempo. En el Evangelio escuchamos la parábola del “hijo pródigo”. Vemos dos actitudes, la del hijo menor y la del hijo mayor. Una y otra son actitudes que debemos evitar.