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Mostrando las entradas etiquetadas como santidad

Nosotros en el misterio de la Santísima Trinidad

  Hoy, Domingo después de la solemnidad de Pentecostés, celebramos con todos nuestros hermanos en la Iglesia, la solemnidad de la Santísima Trinidad. Es el misterio de un único Dios en tres personas. Aunque pueda sonar medio blasfemo, es una pregunta válida: ¿Qué influye en nosotros el profesar el misterio de la Santísima Trinidad? ¿Es un dogma de fe “inútil”? El primer paso que hemos de dar es que el misterio de la Santísima Trinidad lo reconocemos en el mensaje de la Biblia: Un Dios Padre de todos que envía a su Hijo Único Jesucristo por nosotros y nuestra salvación, y ambos envían su Santo Espíritu a la comunidad de creyentes que es la Iglesia. No se trata de algo impuesto: es reconocer su presencia en la historia de la salvación que se nos expone en la Sagrada Escritura. El paso siguiente: reconocer el misterio de la Santísima Trinidad implica que puedo y debo enriquecer mi vida como creyente. Mi espiritualidad no puede ser igual. No es lo mismo saber que soy Hijo de Dios Padre...

EL ÁNIMO DE HACER LO QUE DIOS QUIERE

  Las lecturas de Nuestra Santa Misa nos invitan a considerar, entre otras cosas, lo importante que es el que nuestro ánimo de seguir a Jesucristo esté presente en todos los ámbitos de nuestra vida. Eso que llama la Sagrada Escritura: justicia, que no es otra cosa que lo que hoy llamamos santidad. Lo primero que debemos considerar es que cumplir la voluntad de Dios es un acto íntimo y único: nadie puede hacerlo por nosotros ni quererlo por nosotros. Ya lo escuchamos en la primera lectura: “ Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya ” (Sir 15, 16). Ante el Señor solo podremos exponer lo que hicimos o dejamos de hacer, sin culpar a alguien o a algo. En el Evangelio (Mt 5, 17-37) escuchamos el discurso del Maestro en el que nos invita a rectificar la intensión de lo que hacemos. No es suficiente con solo hacer. Nosotros estamos llamados a ser mucho mejor que eso. En la época en que peregrinó el Señor en este mundo, la práctica de la fe en ...

Sentido bíblico de la santidad

 Las lecturas de nuestra Santa Misa de hoy (Lv 19, 1-2. 17-18; Mt 5, 38-48) nos refieren un pasaje muy similar: “ sean santos porque Yo, el Señor, soy Santo ”. Una y otra lectura vienen acompañadas de una serie de preceptos morales. Es una pregunta que siempre ha acompañado a los fieles seguidores de Cristo: ¿Qué es la santidad? En la Sagrada Escritura santidad tiene un significado bastante amplio. Etimológicamente santo significa separado, es decir, que no es común, sino que tiene un destino diferente. Por eso, la Biblia dice que Yahweh es Santo, o más aún, tres veces santo, o el Santo de entre todos los santos. Con ello, la Sagrada Escritura quiere dejar claro que Dios no puede ni debe ser puesto con las categorías que conocemos de este mundo, sino que es lo más especial que existe. Si Dios es Santo entonces todo lo que se dedica a Él también es santo. Y esa es la razón por la cual las cosas que eran dedicadas al Señor no debían ser destinadas a otro uso. Destinar algo santo a un...

José, hombre de fe

 La fe, dice la carta a los Hebreos, es “ la garantía de las cosas que se esperan, la prueba de aquellas cosas que no se ven ” (Heb 11, 1). En el diálogo de la vida entre Dios y cada uno va naciendo en el corazón la certeza de que Dios es el bien más grande, que me ama porque lo ha demostrado en múltiples cosas de mi vida y que adherirse a Él da un significado completo a la vida. De ese modo, yo me fío de Dios, pero no lo hago ciegamente: he constatado su acción en mi vida. Por eso, el hombre de fe confía en Dios: Abrahán, Moisés, los profetas… y también José. En los evangelios podemos leer una serie de avatares que pasó José. Y en ninguna de esas ocasiones veremos a José despotricando contra Dios o renunciando a lo que pide. Simplemente se ve a José poniendo en práctica lo que se conoce como “la obediencia de la fe”: confiar plenamente en Dios. El hombre de fe sabe que todo lo que ocurre en la vida nuestra —bueno o malo— entra en un plan de la Divina Providencia por el que todo va...

Dejar atrás las apariencias y las excusas

El próximo domingo celebraremos la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo, que marca el final del año litúrgico y nos recuerda, además, el fin del mundo. El domingo previo, la Iglesia nos propone una serie de imágenes. En la primera lectura de nuestra Misa escuchamos una reflexión del sabio que debe ser leída dentro de la cultura israelita donde predominaba la figura del varón: una mujer virtuosa es mucho mas valiosa que cualquier tesoro porque “Son engañosos los encantos y vana la hermosura”. Las apariencias son absolutamente pasajeras por definición: solo es el aspecto exterior que no dice nada de lo que hay en realidad. La reflexión lógica para nosotros, mirando sea el fin del mundo que el fin de nuestra vida, es que la apariencia es la cosa más inútil. Es mejor ser que solo parecer. Es mejor ser una buena persona que solo parecer una buena persona. Es mejor ser un buen creyente que solo aparentarlo. Por otra parte, en el Evangelio de nuestra Misa de hoy escuchamos la parábola de...

La santidad está en la disposición

El Evangelio de nuestra Misa de hoy nos narra un episodio bastante común en la época en que vivió el Señor. Se trata de un grupo de muchachas que acompaña al novio en su fiesta de bodas. El Señor hace una distinción en el grupo: cinco eran prudentes y cinco eran necias. El final de la parábola resulta en que las necias no entraron a participar en la fiesta de boda. Ahora mismo podríamos preguntarnos qué quiso decir el Señor con esta parábola. Las muchachas necias acudieron a la invitación que les hiciera el novio sin prepararse convenientemente. En una época en la que no hay energía eléctrica, la única forma de iluminar en la noche era mediante lámparas. Normalmente, las lámparas usaban como combustible el aceite. Si se quería participar en una fiesta que duraba toda la noche, habría que proveerse de una buena cantidad de aceite. Y las muchachas necias no lo hicieron. Es importante resaltar que todas las muchachas se quedaron dormidas. Quiere decir que todas sucumbieron al sueño....

¿Qué nos recuerda la solemnidad de todos los santos?

Este domingo coincide con una de las solemnidades más bonitas. Hoy la Iglesia recuerda, en un solo día, a todos los que han alcanzado el premio eterno. ¡Todos! No importa si han sido declarados por la Iglesia o no. Hoy es una oportunidad para recordar que todos hemos sido llamados a ser santos. Lamentablemente, este llamado ha sido solapado por una caricatura de la idea de la santidad y porque muchos cristianos miran más a la conmemoración de los fieles difuntos. Hoy se ha extendido mucho la caricatura de la santidad: se piensa que los santos son seres extraños, que viven retirados con la mirada perdida. En realidad, los santos caminan en las mismas calles que nosotros, toman el mismo transporte y realizan trabajos similares a los nuestros. Santo es todo aquel que acepta a Jesucristo como el Señor y quiere seguirlo poniendo en práctica sus enseñanzas. Hoy escuchamos en el Evangelio una guía segura para alcanzar la santidad: las bienaventuranzas. Son unas frases hermosas pero que nos en...

San José

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En el Evangelio de hoy, surge como personaje central San José. El Evangelio teje de él una gran alabanza: un hombre justo, santo y amaba a María con todo el corazón (Mt 1, 19).  José era un hombre justo (Mt 1, 19). Cuando en la Sagrada Escritura habla de justicia o dice que alguien es justo , quiere referirse a la fidelidad a la Voluntad de Dios. José era un hombre que quería siempre cumplir la voluntad de Dios en todo momento. En las pocas líneas que le dedican los Evangelios, queda más que patente que la justicia de José. Obedece siempre los dictámenes del Señor (Mt 1, 24; 2, 14; 2, 21). José era un hombre santo . La santidad en la Sagrada Escritura quiere decir que algo estaba separado del mundo y dedicado al Señor. Así, las cosas santas pertenecían al Señor y no podían tener otros destinos. Cuando el Señor en el Antiguo Testamento mandaba a Israel ser santos como Él es Santo, la razón es porque Dios los había separado de los demás pueblos (Lev 20, 26). José quería...

DISTRAERSE ES FÁCIL

En el Evangelio de nuestra Misa de este domingo, el Señor hace una llamada de atención válida para todos los hombres de todos los tiempos. Es normal que, a lo largo de la vida, vayamos introduciendo en nuestra vida prácticas que nos ayuden a funcionar mejor. Introducimos rutinas, planificamos, interpretamos y reinterpretamos los hechos y los objetivos. A veces, podemos distraernos y podríamos pensar que lo importante es la rutina y no por qué se hace, pensar que lo importante es la planificación y no el objetivo. En las cosas que tienen que ver con el Señor Jesús es muy fácil distraerse y pensar que lo material es lo más importante y no lo espiritual. Puede resultar que para una Cofradía es más importante los factores económicos y burocráticos, y no el aspecto espiritual de la actividad que hacen. Algo similar ocurre con los fariseos y escribas: Las antiguas prescripciones en cuestión comprendían no sólo los preceptos de Dios revelados a Moisés, sino también una serie de dictám...

UNA ENCRUCIJADA COTIDIANA

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En la primera lectura de la Santa Misa de este domingo, leemos un hecho particular en la historia de Israel. Josué, el gran guía del Pueblo de Israel en la conquista de la tierra prometida, después de culminar la ocupación, reúne a todos los jefes de las tribus de Israel. Les hace un relato de lo vivido desde la salida de Egipto hasta ese momento, narrando las maravillas y portentos que hizo ante sus ojos. Ahora los pone en una encrucijada: Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir: a los dioses que sirvieron vuestros antepasados al este del Éufrates o a los dioses de los amorreos en cuyo país habitáis; yo y mi casa serviremos al Señor . Algo similar ocurre en el Evangelio de nuestra Misa, final del discurso del Pan de Vida. El Señor les invita a que crean en Él, les dice que Él es el alimento del alma —el pan bajado del cielo y el pan de vida— y les invita a comer su Cuerpo y beber su Sangre. El discurso era muy duro, incluso para sus discípul...

¿Cómo actúa el Espíritu Santo en nosotros y en la Iglesia?

Es una pregunta interesante. No responderla implica el repetir hasta la saciedad que el Espíritu Santo actúa en nosotros y no tener idea de qué estamos hablando. Básicamente, el Espíritu Santo actúa ordinariamente de dos modos. Primero : El Espíritu Santo nos concede la misma vida de Dios. En los sacramentos, nosotros recibimos la gracia santificante. Esto quiere decir que recibimos la condición de hijos de Dios en el bautismo y, mientras tengamos la intensión de vivir según la Voluntad de Dios (eso es vivir en santidad) conservaremos esa amistad con Dios. Si por debilidad, descuido, pereza o maldad perdemos la gracia de Dios, el Espíritu Santo nos concede el perdón por el sacramento de la confesión. El Espíritu Santo hace posible nuestra vinculación con la familia de los hijos de Dios. Segundo : Con sus dones. En la tradición bíblica y en la tradición cristiana católica se identifican siete dones del Espíritu Santo: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, pieda...

HABLA EL MAESTRO

Las lecturas de la Misa de este domingo son de una belleza única. Podríamos hacer múltiples reflexiones, pero esa es una tarea personal. Sin embargo te dejo una para tu provecho. La primera lectura nos deja muy en claro que la fidelidad a Jesús es una decisión personal insustituible: Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya . Y, como respondimos en el Salmo, será Dichoso el que cumple la voluntad del Señor . Debe ser una súplica constante la oración que escuchamos en el Salmo: Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes y yo lo seguiré con cuidado. Enséñame a cumplir tu voluntad y guardarla de todo corazón . En el Evangelio, el Maestro nos enseña cómo cumplir a cabalidad la Voluntad del Señor. En primer término no se trata de un simple cumplimiento externo sino que se ha de alejar de la mente y del corazón cualquier pensamiento o deseo que pueda conducirnos al pecado. Esa es la razón por la cual el Maestro nos enseña que enojarse, in...

Evitar la presunción

                Las lecturas de hoy son una llamada de atención para todos. Nos invitan a alejar de nosotros el veneno mortal que significa la presunción.                 La presunción es un pecado gravísimo. Consiste en estar seguro de la propia salvación. Es un veneno porque condiciona el alma de tal manera que la hace insensible a los llamados de atención del Señor.                 El Catecismo de la Iglesia Católica dice que hay dos tipos de presunción: O bien el hombre presume de sus capacidades (esperando poder salvarse sin la ayuda de lo alto), o bien presume de la omnipotencia o de la misericordia divinas (esperando obtener su perdón sin conversión y la gloria sin mérito) (nº 2092).          ...