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Reconocer a Jesús

 El punto de partida fundamental para los cristianos es reconocer a Jesucristo tal cual es. Nuestro trato y nuestro seguimiento a Cristo Jesús dependerá de cómo le reconozcamos.  Para un buen número de bautizados nuestro señor Jesucristo resulta alguien prácticamente desconocido. Hablan de Él como lo harían de cualquier otro personaje de la historia. No lo hacen como alguien importante en su vida. El resultado es inevitable su seguimiento a Cristo Jesús es prácticamente nulo.  En el evangelio de hoy escuchamos una situación peculiar. El camino que sube de Jericó a Jerusalén era una ruta muy concurrida. Era el camino que recorrían los peregrinos para subir a la Ciudad Santa. Muchas personas que sufrían algún tipo de discapacidad se sentaban a la vera del camino a pedir limosna a los transeúntes. Esa era la situación de Bartimeo, el ciego del cual escuchamos en el evangelio de nuestra misa de hoy. Con toda seguridad habría muchísimos discapacitados en esa ruta. Y segurament...

Soltó el manto...

 En el Evangelio de nuestra Santa Misa escuchamos el hermoso pasaje del ciego Bartimeo (Mc 10,46-52). A las afueras de la ciudad de Jericó, sabiendo que era el Señor que pasaba, le pide que tenga misericordia de él. Y lo hace insistentemente. Los viandantes interceden por él ante Jesús, y el Maestro accede a encontrarse con Bartimeo. Hay un pequeño gesto que el Evangelista menciona: soltó el manto . El manto era una indumentaria muy útil en la época en la que el Señor peregrinó por el territorio de Israel. Servía para protegerse del polvo y el viento, para conseguir sombra o para tenderlo sobre una superficie y descansar. No es extraño que Bartimeo tuviese un manto. Una cosa tan útil en ese momento preciso para el encuentro con el Maestro es desechada por Bartimeo. Para un ciego, encontrarse envuelto en un manto resulta una situación muy incómoda si tiene necesidad de moverse con rapidez. Bartimeo quería encontrarse con Jesús en ese momento y el útil manto se convierte en un obstác...

A ejemplo de Bartimeo

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El pasaje del Evangelio de hoy es muy sencillo, pero rico en enseñanzas para nuestra vida. Abusando un poco de la ocasión, la reflexión de hoy la haremos en modo lectio divina . El Señor Jesús va de Jericó a Jerusalén. Va hacia su destino, a la entrada triunfal en Jerusalén. En los caminos que llevan a Jerusalén era normal encontrarse con personas que sufrían algún tipo de discapacidad. Ellos se sentaban a la vera del camino a pedir limosna. El ciego Bar Timeo, al escuchar el ruido del tumulto, pregunta quién va. Y le dicen: es Jesús. Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: «Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí.» Bartimeo no tiene miedo en profesar su fe en Cristo. En medio de la turba comienza a gritar a Jesús reconociéndolo como el Mesías. No olvidemos que Israel sabía que el Mesías sería un “hijo de David”. Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: «Hijo de David, ten compasión de mí.» La gente le pedía que se callara, pero él gritaba ...

Como Bartimeo

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Este pasaje del Evangelio según San Marcos quiere mostrar el cumplimiento de los tiempos mesiánicos, es decir, una señal de que Dios estaba en medio del Pueblo de Israel, tal como lo dice Jeremías en la primera lectura. Sin embargo, quisiera resaltar la actitud de Bartimeo como un ejemplo maravilloso para nuestra vida. Bartimeo no tiene miedo en profesar su fe en Cristo . En medio de la turba comienza a gritar a Jesús reconociéndolo como el Mesías. No olvidemos que Israel sabía que el Mesías sería un “hijo de David”. No obstante la gente le pedía que se callara, el gritaba más fuerte. No le teme a la gente, ni a lo que digan. Cree en Cristo y lo manifiesta con su vida. Igual debemos hacer nosotros en nuestra vida.