LA ADVERSIDAD NO SEA UN OBSTÁCULO
En la primera lectura de la Misa (Is 35, 1-6) escuchamos las palabras de ánimo del profeta al Pueblo de Israel que venía del exilio. El yermo –tierra seca y deshabitada– conocerá agua fresca que hará de ella un terreno florido. El Pueblo de Israel sintió mucho desánimo al encontrar al territorio de Judá e Israel abandonado, solo, descuidado. Ya no era más la tierra que mana leche y miel. La adversidad forma parte de nuestra vida. Por eso mal hacen algunas mamás y abuelas de ahorrar incomodidades a los niños, porque les privan de un elemento esencial de su experiencia como seres humanos. Su vida después estará desequilibrada. La forma como enfrentamos la adversidad será diferente según seamos hombres de fe o no. Si no somos hombres de fe, entonces, tendremos una visión fatalista de los hechos. Confiaremos solo en nuestras fuerzas y viviremos en una desilusión constante, porque cada vez que veamos un imprevisto, será un obstáculo que minará nuestro ánimo. Si somos hombres ...