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Mostrando las entradas etiquetadas como Vocación

El Buen Pastor y los buenos pastores

  Este domingo toda la Iglesia celebra el domingo del Buen Pastor, porque la lectura del Evangelio nos propone esta imagen de Cristo que el Señor, además, se atribuye a sí mismo. Ya en el Antiguo Testamento, el Pastor de Israel era Dios mismo. Ya lo escuchamos en uno de los salmos más conocidos: El Señor es mi Pastor, nada me falta . Y las personas que tenían a su cuidado el Pueblo de Israel –los reyes, los ancianos y los sacerdotes– eran llamados también pastores de Israel (Jer 23, Ez 34) puesto que descansaba sobre ellos la misión de cuidar, dirigir y enseñar al Pueblo, rebaño del Señor. Algunos profetas hicieron un llamado de atención porque esos pastores de Israel habían descuidado su misión y buscaron solo su propio provecho. No cabe duda de que el Señor es el Buen Pastor. Si hay alguien que quiere el mayor bien para nosotros –la salvación– ese es Jesucristo, como nos lo recuerda San Pedro en la primera lectura (Hech 4, 12). Y Él ha elegido a fieles para que sean sus pasto...

Libre y con todo

Las lecturas de nuestra Santa Misa nos ilustran sobre las actitudes para el seguimiento a Cristo Jesús. Y aunque cada quien podría identificar múltiples características de esa respuesta a Jesús, solo me limitaré a dos. La primera: la respuesta al Señor es libre. Y debe serlo. Y es tal vez este sea el punto donde los que reciben el mensaje de Cristo les cuesta entender o poner en práctica. Ordinariamente los seres humanos funcionamos con muchas previsiones. Es normal. Cuanto más podamos tener el control de lo que hacemos, gozamos de la certeza de que no habrá nada que haga perder el confort del que disfrutamos. Es por eso que las cosas de las que no podemos tener el control absoluto generan desconfianza. Cuando el Señor pide la disponibilidad de no depender de muchas cosas, los que reciben el llamado no siempre se encuentran cómodos y es por eso que la respuesta inicial no siempre es sí. En las lecturas de hoy escuchamos diferentes actitudes: Eliseo se toma un tiempo para renunciar a to...

Para saber apreciar

Hoy nos unimos a toda la Iglesia en la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Como bien sabemos, es el misterio de un solo Dios y tres personas distintas de la misma naturaleza e iguales en dignidad. Una de las consecuencias que ha dejado la sociedad moderna es el hecho de dar poco valor a las cosas espirituales y confiar más en la tecnología y en las capacidades propias. De hecho, la cultura ha ido desfigurando el rostro de Dios. Dios ya no es visto como el ser más importante, como el bien más grande y como la verdad que da un sentido a todas las cosas de nuestra vida. Hoy Dios es percibido como una especie de oficina de quejas y como un siervo que debe acudir a resolver todos los desastres que puedan cometer los seres humanos. Así las cosas, no pareciera ser importante saber y, por lo tanto, experimentar en la propia vida que Dios es uno y trino. En las cosas que tienen que ver con nuestro Señor, la sociedad considera como suficiente un conocimiento superficial cuando no mediocre. Y pr...

Para responder bien, debes confiar en Jesús

Las lecturas de nuestra Santa Misa tienen un hilo conductor. Podríamos resumirla en tres palabras: llamada, respuesta, confianza. La llamada : Lo sabemos todos y lo sabemos bien. Jesús nos quiere hacer partícipes de su reino y se presenta a nosotros y nos llama. No a todos de la misma manera, no a todos para la misma misión en el mundo, no todos en el mismo momento de la vida. El Maestro habla con sencillez y nos invita a asumir un modo de vivir que da un sentido nuevo, diferente, a nuestra vida. Y en ese modo de vivir, Cristo Jesús ocupa un lugar privilegiado: su palabra, su persona, el trato con Él se convierten en fuente de inspiración, consuelo y alegría. Jesús nos llama como a Isaías (6,1-2a.3-8) o como a Pedro (Lc 5,1-11). La respuesta : Es el resultado de la libertad más absoluta. Nadie ama obligado, nadie quiere a alguien a la fuerza. Ante la invitación que nos hace el Señor se requiere la libre aceptación de su propuesta y un sí libérrimo. A eso se llama fe: el obsequio religi...

Variedad y Discernimiento

 En las lecturas de hoy encontramos dos situaciones muy similares y ambas nos invitan a discernir nuestras opiniones y decisiones.  En la primera lectura (Num 11,25-29) Josué le pide a Moisés que prohíba a Eldad y Medad que profeticen porque no estaban en el mismo lugar con los otros profetas del pueblo de Israel. Moisés invita a Josué a purificar las intenciones: No se va a poner celoso, antes bien, expresa el deseo de “ ojalá que todo el pueblo de Dios fuera profeta y descendiera sobre todos ellos el espíritu del Señor ”. En el Evangelio (Mc 9, 38-43. 45. 47-48), se narra cómo Juan vio a una persona que expulsaba demonios en el nombre de Cristo Jesús. Juan dice a Jesús que prohibieron a esa persona que siguiera haciendo esas liberaciones porque no formaba parte del grupo de los Apóstoles. Jesús le dice a Juan: “ No se lo prohíban, porque no hay ninguno que haga milagros en mi nombre, que luego sea capaz de hablar mal de mí ”. En ambos casos, la respuesta fue un no razonado. ...

La vocación principal

La semana pasada el Santo Padre, reflexionado sobre el evangelio, decía que “ Dios llama a la vida, llama a la fe, y llama a un estado de vida particular ”. Es lo que suele llamarse la vocación universal (la llamada que Dios hace a los hombres), que nos llama a la conversión y al cambio de vida, a alejarnos del mal. También existe la vocación particular , que básicamente es un seguimiento a Cristo en un modo de vida o una misión específica (a la que Dios llama a cada uno: sacerdote, religiosa, matrimonio, catequista, etc.) Hoy reflexionaremos sobre la vocación principal: a rectificar siempre lo malo que hemos hecho y así poder seguir mejor a Jesucristo. En la primera lectura de la Misa escuchamos el mensaje que Jonás anuncia de parte de Dios a la ciudad de Nínive: será destruida. Eso movió al rey y a los habitantes de esa ciudad a hacer penitencia. En el Evangelio escuchamos cómo el Señor comienza a predicar anunciando la presencia del Reino de Dios e invitando al arrepentimiento y al...

Dios nos llama y lo hacemos por Él

En el evangelio de la Santa Misa de hoy escuchamos las primeras llamadas a seguir al Señor. Dos pares de hermanos, para más señas. Y eso nos lleva, casi necesariamente, a reflexionar sobre la vocación al sacerdocio. Los sacerdotes en el mundo no somos muchos. Somos casi 500.000 (para mil millones de católicos o siete mil millones de personas que vivimos en el mundo) y somos amados, ignorados y odiados. Amados por quienes reconocen que la fuerza de la acción que ellos realizan viene de Jesús, el Sumo y Eterno Sacerdote. Ignorados por un buen número de personas que les da igual quienes seamos. Odiados por razones ideológicas: no están de acuerdo con la religión, o por razones políticas, o porque la Iglesia se opone a un determinada ideología. ¡Y éstos hacen bulla! El resultado de todo esto es que muchos jóvenes hoy no se plantean como proyecto de vida el ser sacerdotes. Y es una lástima. La vocación (cualquiera que ella sea) llena los anhelos de la vida. Un docente que lo ...

El Buen Pastor y los buenos pastores

El Señor en los Evangelios se aplica el título de Buen Pastor. Para una sociedad “citadina” la figura es extraña. El pastor es la persona que guarda, guía y apacienta el ganado, especialmente el de ovejas. Jesús usa el símil del pastor y las ovejas para referirse a Él y nosotros. El mismo empeño que un buen pastor pone en guardar, guiar y apacentar a las ovejas, es el mismo empeño que Nuestro Señor tiene con nosotros. El capítulo 10 del Evangelio según San Juan contiene una declaración completa del Señor. La figura del pastor no es nueva en la Sagrada Escritura. De hecho, para el Pueblo de Israel el Pastor era Yahweh: “ El Señor es mi pastor: nada me falta ” (Sal 23, 1) y así se dirigen a Él: “ Escucha, pastor de Israel, que guías a José como un rebaño, tú que te sientas en los querubines resplandece delante de Efraín, Benjamín y Manasés. ¡Despierta tu valentía, ven y sálvanos! ¡Oh Dios, retómanos en tus manos, haz brillar tu faz y sálvanos! ” (Sal 80, 2 – 4). Los prof...

¿Por qué rezar por los sacerdotes?

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En las lecturas que la Iglesia nos propone para nuestra consideración este domingo, nos presentan la figura de Nuestro Señor como Buen Pastor. Nuestro Señor se sirve de esta figura para hacernos entender que de la misma manera que el pastor tiene cuidado de sus ovejas y las guía a sitios seguros, así lo hace Nuestro Señor con nosotros.

El Buen Pastor y los buenos pastores

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El Señor en los Evangelios se aplica el título de Buen Pastor. Para una sociedad “citadina” la figura es extraña. El pastor es la persona que guarda, guía y apacienta el ganado, especialmente el de ovejas.