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Mostrando las entradas etiquetadas como compromiso

Y tú, ¿quién dices que soy Yo?

 Ésta es la pregunta con la que el Señor interpeló a sus Apóstoles después de sondear lo que decían los otros. Y allí se hizo adelante Pedro (Mc 8, 27-35). La fe –ya lo hemos repetido hasta la saciedad– no se trata de un simple reconocimiento intelectual, de saber, de tener noticias. La fe es algo más profundo y más comprometedor. Afirmar que se cree en la Divinidad de Jesucristo implica afirmar también que Dios nos ha hablado y su Palabra permanece para siempre. No cabe pues un relativismo en la observancia de sus palabras. Ya desde los inicios de la Iglesia hubo una especie de enfrentamiento entre los que decían que no era necesario hacer tanto cuanto creer en Jesús, y los que decían que la fe en Jesús conlleva asumir una nueva vida, dejando atrás todo lo que nos aleja de Dios. Santiago es consciente de ese enfrentamiento y le pone punto final: “ ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no lo demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? ” Y llega hasta hacer un reto: “...

Los Magos y su compromiso con la Verdad

La Iglesia celebra este domingo la decisión libre del Señor de darse a conocer –manifestarse– a todos los pueblos. Y eso significa epifanía : manifestación. Son muchas las reflexiones que podríamos hacer hoy, partiendo de las lecturas de la Misa. Hoy te dejaré dos, tomadas de evangelio de hoy (Mt 2, 1-12) : Los Magos no eran judíos ni creyentes en el Dios verdadero. Sin embargo, tenían el mérito de buscar con sinceridad la verdad sea cual fuere . Y se encontraron con la verdad: Cristo Jesús. En la ciencia que Dios les concedió conocer, llegaron a la convicción cierta de que el Niño que había nacido era Dios, hombre y rey verdaderos. Y comprometieron su vida: salieron de sus hogares a buscarlo y llevarle unos obsequios de reconocimiento. De ellos debemos aprender el compromiso con la verdad –Cristo Jesús– empeñando en ello nuestra propia vida. Herodes conoció la verdad (sus sabios se lo dijeron) pero no se comprometió con ella ; prefirió el mal antes que a Cristo Jesús. Muchos podrían s...

Saber escuchar la voz de Jesús

Uno de los grandes defectos que tenían algunos paisanos del Señor es que no sabían escuchar. Dejaban que otras cosas o sentimientos ocuparan el corazón a tal punto que no reconocían donde estaba presente el Señor. En la primera lectura de la Misa, los Apóstoles, después de haber sanado al paralítico de la Puerta Hermosa del Templo de Jerusalén, comienzan a predicar a Jesucristo. Los detiene la policía del Templo y los llevan al Sanedrín (Consejo de Ancianos de Israel). Ante los allí reunidos, proclaman al Jesús como el Señor. Quieren prohibir a Pedro y los demás discípulos que hablen de Jesús. Pedro, un pescador sin mayor grado de instrucción, les dice: “ Primero hay que obedecer a Dios y luego a los hombres ”. No por el hecho de que los amenacen o persigan van a dejar de dar testimonio del nombre de Jesús. El Sanedrín sabía que los apóstoles estaban allí porque habían sanado a un hombre. Una actitud semejante la escuchamos en el Evangelio. El Señor, desde la orilla, lla...

NO al cristianismo residual

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Por razones que no mencionaremos, muchísimos católicos a lo largo del mundo han ido distorsionando el testimonio de la fe. Antes existía un mayor compromiso con Jesucristo al que se le daba un lugar preferencial en la vida. Hoy, para muchísimos católicos, la fe y el testimonio de vida se ha convertido en algo residual. Efectivamente, hay una falla a la hora de transmitir la fe de generación a generación. A las generaciones más jóvenes no se les enseña a vivir la fe con coherencia, donde el Amar a Dios sobre todas las cosas tiene un reflejo en lo cotidiano. Hoy, muchos católicos no dan a Dios el lugar preferencial, porque no han aprendido y vivido que el Señor es lo más importante. Dios se convierte en algo de poco valor y, por lo tanto, alguien a quien le dedicaré tiempo si y solo si no tengo nada más valioso qué hacer. Así las cosas, entonces será más importante que el Señor: una fiesta, un programa de televisión, un encuentro deportivo (fútbol, béisbol, tenis, etc.), un ra...

Auméntanos la fe (Lc 17, 5)

La primera lectura del libro de Habacuc (1,2-3; 2,2-4) que escuchamos en nuestra Santa Misa de hoy, tiene lugar en un momento muy particular de la historia de Judá: Había una gran confrontación entre los Imperios de entonces (Caldeo y Babilonio) y había una seria amenaza contra el Reino de Israel (el Reino del Norte). Judá veía amenazada su propia integridad. Los judíos habían perdido la confianza y veían como triunfaba el mal, pero al mismo tiempo, no reconocían que ellos habían sido los autores puesto que habían apartado su corazón, su mente y su vida de la Voluntad de Dios. Los judíos claman al Señor por el mal que ven a su alrededor. La respuesta del Señor es elocuente: “Escribe la visión que te he manifestado, ponla clara en tablillas para que se pueda leer de corrido. Es todavía una visión de algo lejano, pero que viene corriendo y no fallará; si se tarda, espéralo, pues llegará sin falta. El malvado sucumbirá sin remedio; el justo, en cambio, vivirá por su fe ”. Será muy ...

La Epifanía del Señor

La Iglesia celebra este domingo la decisión libre del Señor de darse a conocer – manifestarse – a todos los pueblos. Y eso significa epifanía: manifestación. Son muchas las reflexiones que podríamos hacer hoy, partiendo de las lecturas de la Misa. Hoy te dejaré dos, tomadas de evangelio de hoy: Los reyes no eran judíos ni creyentes en el Dios verdadero . Sin embargo, tenían el mérito de buscar con sinceridad la verdad sea cual fuere. Y se encontraron con la verdad: Cristo Jesús. En la ciencia que Dios les concedió conocer, llegaron a la convicción cierta de que el Niño que había nacido era Dios, hombre y rey verdaderos. Y comprometieron su vida: salieron de sus hogares a buscarlo y llevarle unos obsequios de reconocimiento. De ellos debemos aprender el compromiso con la verdad – Cristo Jesús – empeñando en ello nuestra propia vida. Herodes conoció la verdad (sus sabios se lo dijeron) pero no se comprometió con ella; prefirió el mal antes que a Cristo Jesús . Nosotros...

El bautismo

En el Evangelio de hoy escuchamos una de las narraciones del Bautismo del Señor. Jesús se acerca a Juan para ser bautizado. No olvidemos que Juan es el precursor del Mesías, anunciado también por los profetas. De Juan su padre Zacarías dijo: “ Y a tí, niño, te llamarán profeta del Altísimo porque irás delante del Señor a preparar sus caminos, anunciando a su Pueblo la salvación, el perdón de sus pecados ” (Lc. 1, 76-77). Juan aparece anunciando la próxima presencia el Mesías. Llama al Pueblo de Israel a la conversión y a vivir una vida honesta. Para quienes aceptaban su mensaje, les hacía participar en un rito de lavado como un signo de dejar atrás la vida mala para comenzar a caminar por la senda del bien. Este rito se llamó “bautismo” o “bautizo”. Es por ello que recibió el apodo de Juan el Bautista. ¿Por qué Jesús se hizo bautizar? Juan el Bautista se hizo la misma pregunta, e inclusive le hizo saber a Jesús que debería ser al revés: Jesús bautizar a Juan. Pero el S...

La grandeza está en el servicio

En el Evangelio de nuestra Misa hemos escuchado un hecho que casi causa indignación: dos hermanos, Apóstoles, piden a Jesús que cuando se instaure su Reino ellos estén a su lado. Jesús le dice que hay una condición: hay que pasar por muchos sufrimientos. Ellos dicen que están dispuestos. Jesús le dice después: “ eso de sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo ”. Los demás Apóstoles se indignaron. Por lo visto la razón de su molestia no estaba en que ellos pidieran un puesto privilegiado, sino que quisieran ponerse por encima de los demás. Y aquí, Jesús muestra por qué lleva el título de Maestro . La grandeza no está en ocupar un puesto de “poder”, sino en servir a los demás: “ Ya saben que los jefes de las naciones las gobiernan como si fueran sus dueños y los poderosos las oprimen. Pero no debe ser así entre ustedes. Al contrario: el que quiera ser grande entre ustedes, que sea su servidor, y el que quiera ser el primero, que sea el esclavo de todos, ...

Y tú, ¿quién dices que soy Yo?

Ésta es la pregunta con la que el Señor interpeló a sus Apóstoles después de sondear lo que decían los otros. Y allí se hizo adelante Pedro. La fe –ya lo hemos repetido hasta la saciedad– no se trata de un simple reconocimiento intelectual, de saber, de tener noticias. La fe es algo más profundo y más comprometedor. Afirmar que se cree en la Divinidad de Jesucristo implica afirmar también que Dios nos ha hablado y su Palabra permanece para siempre. No cabe pues un relativismo en la observancia de sus palabras. Ya desde los inicios de la Iglesia hubo una especie de enfrentamiento entre los que decían que no era necesario hacer tanto cuanto creer en Jesús, y los que decían que la fe en Jesús conlleva asumir una nueva vida, dejando atrás todo lo que nos aleja de Dios. Santiago es consciente de ese enfrentamiento y le pone punto final: “ ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no lo demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? ” Y llega hasta hacer un reto: “ Tú...