¿Qué es el Reino de los cielos?

 Sin duda alguna, habremos escuchado en más de una ocasión el término ‘Reino de los cielos’. Nuestro Señor las usa en diversas ocasiones y muchas de ellas en ejemplos para tratar de explicarlo (Mt 13, 24 – 43). Los teólogos, a lo largo de la historia, han gastado una buena cantidad de tinta tratando de profundizar y comprender su significado.

El Reino de los cielos no es otra cosa que el seguir a Cristo Jesús. En la medida en que yo reconozco a Jesucristo como mi Salvador y lo acepto como mi Rey y Señor, entonces, yo formo parte del Reino. Entonces, en el Reino de Dios (aunque más preciso parece ser decir Reinado de Dios), tenemos a Cristo Jesús que nos anuncia el mensaje y el camino de salvación. Y luego, estamos nosotros que, en mayor o menor medida, queremos seguir a Jesús por el camino que Él nos propone.

Y entre los seguidores de Cristo hay muchos que han dado lugar a la simiente del demonio. Como la cizaña externamente se parece al trigo, pero no lo es; puede suceder que entre los seguidores de Cristo haya muchos que externamente parecen seguidores de Cristo, pero, en realidad, no lo son.

Es necesario aclarar que cuando hablamos de la simiente del demonio, no nos estamos refiriendo a personas que pertenecen a sectas satánicas o rinden algún tipo de culto al demonio. Es suficiente que esas personas no tengan el corazón puesto en Cristo Jesús y que hagan que los demás lo aparten. De esta manera, una persona que cree en supersticiones e invita a los demás a que se adhieran a esas prácticas, son simiente del demonio. Ten presente que el objetivo del diablo es que tú no tengas fe y confianza en el Señor y amor a su Santo Nombre.

Y nos toca convivir en el mismo campo el trigo (seguidores sinceros del Señor, ciudadanos del Reino) y la cizaña (los que no tienen el corazón en Cristo sino fuera de Él, partidarios del maligno). Y así será hasta el juicio final.

La diferencia particular está en el hecho de que hay tiempo para cambiar. Como escuchamos en la primera lectura, al pecador Nuestro Señor da tiempo para que se arrepienta (Sab 12, 19). Nuestro destino no está definido, lo definimos nosotros a lo largo de nuestra vida. Cuando aceptamos la conversión y la ponemos en práctica, entonces pasamos a ser ciudadanos del Reino.

Descubrimos entonces, que el Reino de Dios es seguir a Cristo Jesús. Y Jesús nos invita a ser sus seguidores, a ser ciudadanos del Reino. A ser trigo y no cizaña.

A Cristo Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores, todo honor y toda gloria.


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