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Mostrando entradas de mayo, 2026

Nosotros en el misterio de la Santísima Trinidad

  Hoy, Domingo después de la solemnidad de Pentecostés, celebramos con todos nuestros hermanos en la Iglesia, la solemnidad de la Santísima Trinidad. Es el misterio de un único Dios en tres personas. Aunque pueda sonar medio blasfemo, es una pregunta válida: ¿Qué influye en nosotros el profesar el misterio de la Santísima Trinidad? ¿Es un dogma de fe “inútil”? El primer paso que hemos de dar es que el misterio de la Santísima Trinidad lo reconocemos en el mensaje de la Biblia: Un Dios Padre de todos que envía a su Hijo Único Jesucristo por nosotros y nuestra salvación, y ambos envían su Santo Espíritu a la comunidad de creyentes que es la Iglesia. No se trata de algo impuesto: es reconocer su presencia en la historia de la salvación que se nos expone en la Sagrada Escritura. El paso siguiente: reconocer el misterio de la Santísima Trinidad implica que puedo y debo enriquecer mi vida como creyente. Mi espiritualidad no puede ser igual. No es lo mismo saber que soy Hijo de Dios Padre...

Si nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios

 … Podremos escuchar el mensaje de Cristo sin importar de dónde venimos ni cuál es nuestra historia. Todos tendremos la disponibilidad para acercarnos a Jesús y escuchar el mensaje que transforma nuestra vida y da un significado nuevo a todos los momentos de nuestra existencia. Por obra del Espíritu Santo, Jesús nos habla a cada uno, en nuestro “propio idioma” (Hech 2, 5 – 8). … Podremos entender que somos únicos. Tenemos un origen, tenemos nuestra propia biografía, tenemos nuestras debilidades, tenemos nuestras fortalezas, tenemos nuestras preocupaciones y eso nos hace únicos ante el Padre. Y el Espíritu Santo me hará entender que eso que me hace único es lo que me hace valioso a los ojos de Dios. Y el Espíritu Santo hará también que yo pueda escuchar el mensaje de Cristo y entenderlo en mi propio idioma, que es mi propia existencia. No importa cuál haya sido mi origen y cuáles hayan sido los avatares de mi vida: el Señor me ama por quien soy (Hech 2, 8 - 11). … Podremos entender ...

Lo que nos enseña la Ascensión del Señor

  Hoy, como en muchos otros lugares del mundo, celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Ese evento en la vida del Señor cuya narración escuchamos sea en la primera lectura (Hech 1, 1-11) que en el Evangelio de nuestra Santa Misa (Mt 28, 16-20). Es justo y también necesario que nos interroguemos sobre el significado de los diversos eventos ( misterios , dirían los teólogos) de la vida del Señor en nuestra vida. Y el de hoy no tiene un particular “impacto” para muchos. Y a eso le vamos a poner remedio hoy. En primer lugar, Nuestro Señor vuelve a su origen. En múltiples pasajes, escuchamos decir al Señor que ha sido enviado por el Padre. Pues, vuelve a Él. Y con eso nos enseña que nunca hemos de perder de vista nuestra meta: el cielo. Los cristianos somos personas con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. En segunda, Su Ascensión nos enseña que Él nos espera. Y nosotros, sus seguidores, alimentamos la esperanza en las promesas de Cristo. Si nosotros hacemos ...

DAR RAZÓN DE NUESTRA ESPERANZA

  En la segunda lectura de nuestra Santa Misa (1Pe 3, 15-18), el apóstol San Pedro nos invita a tener a Jesús en el corazón y a dar razón de nuestra esperanza a quien nos la pida, con sencillez y respeto. Con respecto a tener a Jesús en el corazón, no es preciso abundar mucho, pero, ¿qué significa dar razón de nuestra esperanza? Nuestra fe en Cristo Jesús nos lleva a poner la mirada en las realidades futuras que nos ha prometido Jesús. En el Evangelio de hoy (Jn 14, 15 – 21) el Maestro nos anuncia que se marchará pero que volverá con nosotros. Él se ha ido al cielo para prepararnos el lugar preparado para nosotros desde la creación del mundo. Para poder disfrutar eternamente la felicidad sin fin, hemos de llevar una vida según Cristo, teniendo a Nuestro Señor como la banda sonora de nuestra vida, como escuchamos en el Evangelio: “ Si me aman, cumplirán mis mandamientos ” (Jn 14, 15). Eso es lo que esperamos: ser felices eternamente. Y actuamos hoy como actuamos, porque esperamos en...

El camino, la verdad y la vida

  Las lecturas de nuestra Santa Misa de hoy son preciosas todas y darían para una reflexión diferente. Pero me voy a detener en el pasaje del Evangelio (Jn 14, 1 – 12). El pasaje de hoy tiene lugar justo después del lavatorio de los pies, antes de sentarse a la Última Cena. Nos hallamos justo antes de que comience la captura, pasión, enjuiciamiento, condena y muerte de Jesús. Todo supondrá una suerte de cataclismo emocional para los discípulos. Por eso, el Maestro les advierte: “ No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí ”. Esa paz que nace de la fe y la confianza en Cristo se revela en lo siguiente: nosotros hacemos todo lo que podemos; de lo demás se encarga Él. Nuestro Señor, sobre todo en el Evangelio según San Juan, se sirve de imágenes que superan el sentido ordinario de las palabras. Ante el destino final de Jesús, Tomás pregunta cómo saber el camino a ese destino. La respuesta del Señor es todo un proyecto de vida para nosotros: “ Yo soy el camino, la ver...