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Mostrando las entradas etiquetadas como Jesus

La confianza en el que todo lo puede

  Este domingo, las lecturas de nuestra Santa Misa nos invitan a reflexionar sobre la confianza en el Señor, especialmente en los momentos en que la adversidad, la frustración y el fracaso se convierten en la experiencia más fuerte de nuestra vida. Las generaciones más jóvenes no toleran el fracaso o la adversidad, siendo estas una de las experiencias más comunes y frecuentes en la vida. Nuestra condición humana, material, ya nos hace imperfectos e influye en todo lo que hagamos. Ahora bien, eso no nos convierte en pesimistas. Esa situación es asumida de manera diferente por quien tiene fe en Cristo y por quien no tiene fe en el Señor. La fe en Cristo marca la diferencia. La fe no hace que las cosas sean fáciles (es un error pensar que Dios tenga que darnos y hacernos todo), la fe nos da una fuerza particular en el alma para que podamos seguir adelante porque tenemos la certeza de que Cristo Jesús nos acompaña en cada momento, no importa cuán difícil sea. El profeta Jeremías, escuc...

Si nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios

 … Podremos escuchar el mensaje de Cristo sin importar de dónde venimos ni cuál es nuestra historia. Todos tendremos la disponibilidad para acercarnos a Jesús y escuchar el mensaje que transforma nuestra vida y da un significado nuevo a todos los momentos de nuestra existencia. Por obra del Espíritu Santo, Jesús nos habla a cada uno, en nuestro “propio idioma” (Hech 2, 5 – 8). … Podremos entender que somos únicos. Tenemos un origen, tenemos nuestra propia biografía, tenemos nuestras debilidades, tenemos nuestras fortalezas, tenemos nuestras preocupaciones y eso nos hace únicos ante el Padre. Y el Espíritu Santo me hará entender que eso que me hace único es lo que me hace valioso a los ojos de Dios. Y el Espíritu Santo hará también que yo pueda escuchar el mensaje de Cristo y entenderlo en mi propio idioma, que es mi propia existencia. No importa cuál haya sido mi origen y cuáles hayan sido los avatares de mi vida: el Señor me ama por quien soy (Hech 2, 8 - 11). … Podremos entender ...

La tristeza de no tener a Cristo

🔵Hoy el Evangelio de nuestra Santa Misa nos ofrece un pasaje hermosísimo, cargado de humanidad y, al mismo tiempo, con muchísimo significado para nosotros hoy. 🔵 Nos encontramos en el día de la resurrección de Jesucristo. Dos discípulos caminaban a una llamada Emaús. Nuestro Señor Jesucristo se acerca a ellos y les hace la pregunta más sencilla del mundo y al mismo tiempo que describe el estado de ánimo de ellos: “ ¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza? ”. 🔵 La tristeza de esos discípulos, a los ojos nuestros, podría resultar evidente: han matado a su maestro. Sin embargo, había algo más. Y puede resultar duro de comprender, pero ellos ya habían sacado a Cristo del corazón. Habían escuchado el mensaje de las mujeres sobre la resurrección del Señor, pero no quisieron aceptarlo. Prefirieron dejar a Cristo fuera. Y ese es el motivo de su tristeza: no dejaron que Cristo les diera significado a su vida. 🔵 Ellos le responden a Jesús en pretérito: Lo de Jesús el nazareno, ...

¡Señor mío y Dios mío!

  Este segundo domingo de Pascua es llamado también domingo de la Divina Misericordia. Las lecturas de la Santa Misa de hoy tienen una riqueza particular porque nos hablan de la primera comunidad cristiana (Hech 2, 42-47). En la segunda lectura, tomada de la primera carta de San Pedro (1, 3-9), el apóstol nos recuerda que la gran misericordia de Dios se manifiesta principalmente en habernos conseguido la salvación. Del pasaje del Evangelio (Jn 20, 19-31) quiero destacar la actitud de Tomás. Tomás era uno de los apóstoles que había acompañado a Jesús al menos durante tres años. Vio de Él signos y prodigios. Sus compañeros de camino le anuncian que habían visto al Señor Resucitado. Tomás manifiesta su incredulidad. Es una pregunta válida el querer saber la causa de esa actitud de Tomás. La vida de Tomás no es muy diferente a la nuestra. En nuestra manera de actuar, influyen en nuestro estado de ánimo, nuestro estado de salud y la percepción que tengamos de todas las cosas que nos...

¡Aquí está tu Dios!

  Este tercer domingo de Adviento supone una especie de pausa y nos invita a llenar nuestro corazón de esperanza y alegría.  La historia del pueblo de Israel se parece de algún modo a la vida nuestra. Israel vivió momentos donde vio el poder de Dios, momentos en los que desconfió de su poder, momentos donde la adversidad les arropaba y momentos en los que se alejaron de Dios. Y aun así Dios siempre estuvo con ellos.  En la primera lectura (Is 35, 1-6a. 10), el profeta les hace saber que la adversidad que están viviendo en ese momento es pasajera. Y a todos los que dudan o vacilan del poder de Dios el profeta les dice: " Fortalezcan las manos cansadas, afiancen las rodillas vacilantes. Digan a los de corazón apocado: ‘¡Animo! No teman. He aquí que su Dios, vengador y justiciero, viene ya para salvarlos ’". De manera semejante, Santiago (Stg 5, 7-10) invita a los fieles cristianos a no dejarse aturdir y desanimar por los eventos del tiempo presente. Es por ello que les invi...

Agradecimiento y Salvación

  Las lecturas de hoy gozan de una belleza particular y de un muy rico contenido. Aunque se pudieran reflexionar sobre múltiples tópicos, hoy a quedarme con dos reflexiones.  Bien sea en la primera lectura ( 2Re 5, 14-17 ) que en el Evangelio de nuestra Santa Misa de hoy ( Lc 17, 11-19 ), vemos, por una parte, la actitud de agradecimiento de Naamán , un general sirio , y, por otra parte, un samaritano que se acerca a agradecer a Nuestro Señor Jesucristo . Lo primero que salta a la vista es que ninguno de los dos pertenecía al pueblo de Israel . De hecho, pertenecían a poblaciones rivales en su momento. Y ambos de alguna manera manifiestan la fe en el Dios único vivo y verdadero .  Como podremos deducir fácilmente, no se requiere alguna particular disposición externa para acercarse a Nuestro Señor Jesucristo. La segunda cosa es que ambos tienen en común es que estaban afectados de la lepra . En la tradición bíblica, para referirse al pecado que arruina el alma de un hom...

La esperanza que nace de la fe

 Las lecturas de nuestra Santa Misa de este domingo nos invitan a considerar la esperanza cristiana. Esta esperanza no es como la humana que es un deseo muy fuerte de que ocurra algo extraordinario. La esperanza cristiana es la certeza de lo que Dios nos ha dicho y prometido. En la primera lectura, del libro de la Sabiduría (18, 6-9), el autor teje una alabanza de sus antepasados: Dios les había concedido al Pueblo de Israel ver el cumplimiento de algunas cosas para que el mismo Pueblo reconociera “la firmeza de las promesas en que habían creído”. Es Dios mismo quien había hablado y su Palabra no falla. La segunda lectura de la carta a los Hebreos (11, 1-2. 8-19) ensalza la fe de los patriarcas que tenían una fe tal que estaban dispuestos a hacer la voluntad de Dios, por muy absurda que pudiera parecer a los ojos humanos. De hecho, ellos estaban seguros de lo que esperaban, porque esa esperanza nace de la fe: Dios les había dicho y ellos estaban ciertos en esas promesas. Porque cre...

Responsables de la tradición

  Hoy que celebramos la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo – Corpus Christi – es obligatorio recordar nuestra fe en la presencia real de Jesús en la Eucaristía. La Iglesia, desde siempre, ha creído firmemente que, después de las palabras de la consagración por el sacerdote sobre las especies de pan y vino, Nuestro Señor Jesucristo se hace presente con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. San Pablo da testimonio de que lo que hoy llamamos la Santa Misa tiene su origen en el mismo Jesucristo, en su última cena pascual con los discípulos: “Yo recibí del Señor lo mismo que les he transmitido” (1Co 11, 23). Y el contenido de la fe, de nuestra fe, se transmite de generación y es la comunidad de creyentes la responsable de transmitir lo que hemos recibido. Eso se llama tradición. Quiero precisar un poco más: no solo es la Iglesia como institución, sino también la Iglesia como comunidad de fieles. Y es en este sentido en el que podemos afirmar que todos los creyentes somos res...

Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

 Este domingo, por disposición del Santo Padre, está dedicado a la Palabra de Dios. Hoy las lecturas de la Santa Misa nos invitan a tener presente este elemento esencial de la salvación.  Para mal, en la Iglesia se ha ido introduciendo un poco aprecio a la Palabra de Dios escrita. El demonio ha sido muy hábil para poner en la mente de muchos cristianos católicos que leer y meditar la Biblia no es propio de nuestra fe sino de otras comunidades religiosas. Y eso ha conllevado a que quienes leen y meditan la Palabra sean objeto de burlas. La Iglesia siempre ha tenido el máximo respeto y veneración a la Sagrada Escritura. Es un ejemplo muy edificante el que escuchamos en la primera lectura de nuestra Misa (Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10): de vuelta del exilio, al reconstruir el Templo, encuentran los rollos de la Ley. Las autoridades disponen que se lea públicamente al pueblo. Y el pueblo, que tenía tiempo sin escuchar las palabras de la Sagrada Escritura, se emocionó y con un profundo re...

No escuchar voces agoreras

 En el Evangelio de la Santa Misa de este domingo (Mc 5, 21-43), escuchamos el relato de dos curaciones que hace el Señor. La primera tiene que ver con una mujer que padecía de hemorragias y sufría mucho. Habiendo escuchado hablar del Señor, se acerca a Él para ser curada. La segunda curación responde a la petición del jefe de la sinagoga, Jairo, en favor de su hija quien estaba prácticamente en las últimas. El Señor responde a la petición y, yendo de camino, le hacen saber que la niña ya murió. Nuestro Señor, al final, devuelve la vida a esa niña y se la entrega a su padre.  Una de las actitudes más comunes en las personas que no tienen fe es la del derrotismo. Esa actitud tiene como principal indicador el siguiente: si no lo pude hacer con mis propias fuerzas, entonces, no es posible hacerlo, y a todo aquel que lo intente, le voy a repetir hasta el cansancio que no es posible.  Esa actitud derrotista lleva a veces a burlarse y hacer nacer en otros el sentimiento de desa...

Ciudadanos del Reino

  En la lectura de nuestra Santa Misa de hoy el maestro nos propone una serie de imágenes para explicarnos qué cosa es el Reino. Entre ellas destaca una a la cual los discípulos le piden a Jesús que les diga cuál es su significado. Se trata de la parábola del trigo y la cizaña. Los trabajadores se dan cuenta que entre el trigo hay una maleza muy similar al trigo pero que no sirve para nada y se llama cizaña. Se lo dicen al dueño del campo y este decide dejarlos crecer juntos hasta la ciega momento en el cual separarán el trigo de la cizaña. El Maestro explica su significado: “ El sembrador de la buena semilla es el Hijo del hombre, el campo es el mundo, la buena semilla son los ciudadanos del Reino, la cizaña son los partidarios del maligno, el enemigo que la siembra es el diablo, el tiempo de la cosecha es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles. Y así como recogen la cizaña y la queman en el fuego, así sucederá al fin del mundo: el Hijo del hombre enviará a sus ánge...

Nuestra determinación de seguir a Jesús

 Las lecturas de este domingo se sirven de imágenes que pueden enriquecernos en muchísimos aspectos. En el pasaje del Evangelio escuchamos la enseñanza de Nuestro Señor quién, con el lenguaje propio de su época, nos pide que tengamos determinación para seguirle. Efectivamente, si prestamos atención, el Señor habla de preferirle a la familia, a tomar la cruz de cada día y a tener un amor especial hacia Él. La primera imagen que utiliza el Maestro es la de no preferir a la familia por encima de Él. En algunas versiones se utiliza el verbo odiar. El Señor quiere ponernos en alerta para que los vínculos humanos no supongan un obstáculo para seguirle y cumplir su voluntad. La segunda imagen que utiliza el Señor es la de tomar la cruz de cada día. Es una llamada de atención por parte del Maestro para que las injusticias a las que podemos estar sometidos, incluso de manera diaria, no impidan o entorpezcan la determinación de ser santos, cumpliendo su Palabra. La tercera imagen que nos pre...

Libre y con todo

Las lecturas de nuestra Santa Misa nos ilustran sobre las actitudes para el seguimiento a Cristo Jesús. Y aunque cada quien podría identificar múltiples características de esa respuesta a Jesús, solo me limitaré a dos. La primera: la respuesta al Señor es libre. Y debe serlo. Y es tal vez este sea el punto donde los que reciben el mensaje de Cristo les cuesta entender o poner en práctica. Ordinariamente los seres humanos funcionamos con muchas previsiones. Es normal. Cuanto más podamos tener el control de lo que hacemos, gozamos de la certeza de que no habrá nada que haga perder el confort del que disfrutamos. Es por eso que las cosas de las que no podemos tener el control absoluto generan desconfianza. Cuando el Señor pide la disponibilidad de no depender de muchas cosas, los que reciben el llamado no siempre se encuentran cómodos y es por eso que la respuesta inicial no siempre es sí. En las lecturas de hoy escuchamos diferentes actitudes: Eliseo se toma un tiempo para renunciar a to...

Y tú, ¿quién dices que soy Yo?

 Ésta es la pregunta con la que el Señor interpeló a sus Apóstoles después de sondear lo que decían los otros. Y allí se hizo adelante Pedro (Mc 8, 27-35). La fe –ya lo hemos repetido hasta la saciedad– no se trata de un simple reconocimiento intelectual, de saber, de tener noticias. La fe es algo más profundo y más comprometedor. Afirmar que se cree en la Divinidad de Jesucristo implica afirmar también que Dios nos ha hablado y su Palabra permanece para siempre. No cabe pues un relativismo en la observancia de sus palabras. Ya desde los inicios de la Iglesia hubo una especie de enfrentamiento entre los que decían que no era necesario hacer tanto cuanto creer en Jesús, y los que decían que la fe en Jesús conlleva asumir una nueva vida, dejando atrás todo lo que nos aleja de Dios. Santiago es consciente de ese enfrentamiento y le pone punto final: “ ¿De qué le sirve a uno decir que tiene fe, si no lo demuestra con obras? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? ” Y llega hasta hacer un reto: “...

¿Qué nos recuerda la solemnidad de todos los santos?

Este domingo coincide con una de las solemnidades más bonitas. Hoy la Iglesia recuerda, en un solo día, a todos los que han alcanzado el premio eterno. ¡Todos! No importa si han sido declarados por la Iglesia o no. Hoy es una oportunidad para recordar que todos hemos sido llamados a ser santos. Lamentablemente, este llamado ha sido solapado por una caricatura de la idea de la santidad y porque muchos cristianos miran más a la conmemoración de los fieles difuntos. Hoy se ha extendido mucho la caricatura de la santidad: se piensa que los santos son seres extraños, que viven retirados con la mirada perdida. En realidad, los santos caminan en las mismas calles que nosotros, toman el mismo transporte y realizan trabajos similares a los nuestros. Santo es todo aquel que acepta a Jesucristo como el Señor y quiere seguirlo poniendo en práctica sus enseñanzas. Hoy escuchamos en el Evangelio una guía segura para alcanzar la santidad: las bienaventuranzas. Son unas frases hermosas pero que nos en...

Habla Jesús, el Maestro

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Las lecturas de la Misa de este domingo son de una belleza única. Podríamos hacer múltiples reflexiones, pero esa es una tarea personal. Te dejo una para tu provecho. - La primera lectura nos deja muy en claro que la fidelidad a Jesús es una decisión personal insustituible: Si quieres, guardarás los mandamientos y permanecerás fiel a su voluntad . Y, como respondimos en el Salmo, será Dichoso el que camina en la voluntad del Señor . Debe ser una súplica constante la oración que escuchamos en el Salmo: Muéstrame, Señor, el camino de tus decretos, y lo seguiré puntualmente; enséñame a cumplir tu ley y a guardarla de todo corazón . - En el Evangelio, escuchamos la continuación del Sermón de la Montaña (Mt 5). Hoy, el Maestro nos enseña cómo cumplir a cabalidad la Voluntad del Señor. En primer término, no se trata de un simple cumplimiento externo sino que se ha de alejar de la mente y del corazón cualquier pensamiento o deseo que pueda conducirnos al pecado. Esa es la razón po...

Orar con insistencia, fieles a la Palabra

Las lecturas del Evangelio de este domingo giran en torno a dos argumentos. El primero, sobre la necesidad de orar siempre y con insistencia (Lc 18, 1) y el segundo, sobre la familiaridad del creyente con la Palabra (2 Tim 3, 16-17). -- En el Evangelio de nuestra Misa (Lc 18, 1-8), escuchamos la parábola de la mujer que reclama al juez injusto. El Señor pone ese ejemplo para enseñar a sus discípulos de la necesidad de orar siempre y con insistencia. Es una enseñanza diáfana de Jesús: orar siempre, orar con insistencia . -- Orar es tratar con el Señor: hablar con Él, llorar con Él, pelear con Él. Pedirle, rogar el perdón, mostrar nuestro arrepentimiento, alabar y bendecir su nombre, discernir las situaciones de nuestra vida… ¡Y debemos hacerlo siempre! -- Los creyentes de los últimos tiempos han ido dividiéndose en aquellos que hacen un esfuerzo por dedicar un tiempo diario para orar, y en otros, infortunadamente la mayoría, que postergan la oración para contados momentos de la vi...

Errar es de humanos, rectificar el error es de sabios y diabólico perseverar en el error

         Este viejo adagio latino significa: Errar es de humanos, de sabios rectificar, diabólico perseverar en el error. Como siempre, los antiguos tienen razón. --          En las lecturas de hoy, encontramos diversas figuras que nos hablan de estas facetas: --          Equivocarse es de humanos . Ciertamente nuestra naturaleza humana no es perfecta y podemos equivocarnos en nuestra manera de ver el mundo, de tratar a los demás y de conducirnos personalmente. Si bien Dios nos ha dado suficiente inteligencia y voluntad como para poder comportarnos rectamente delante de Dios, con los demás y con nosotros mismos, aún así podemos dejarnos llevar por los demás, olvidando que hemos de responder personalmente por nuestras acciones. Nunca será válido culpar a los demás de nuestras deficiencias y de nuestros pecados. Así lo dice San Pablo: antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente. Pero D...