La lógica de Jesús
Ya los filósofos de la antigüedad habían afirmado que el fin natural del hombre es ser feliz. El hombre debe orientar su vida en la búsqueda de la felicidad. El problema estriba en lo que cada persona pueda interpretar como la felicidad. San Agustín enseñaba que todas las cosas que Dios ha creado son buenas. Todas ellas pueden ser objeto de nuestra voluntad, pero de manera alguna deben apartarnos del bien más grande de todos: Dios mismo. Poner nuestra voluntad en Dios es la razón y la causa de nuestra felicidad verdadera. El mismo San Agustín tiene un pasaje donde él mismo daba su testimonio: durante mucho tiempo buscaba la felicidad en las cosas mundanas y pasajeras. Pero, experimentó que, si bien le proporcionaban alguna felicidad, esta era pasajera y dejaba una sensación de vaciedad: ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú...