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Si nos dejamos guiar por el Espíritu de Dios

 … Podremos escuchar el mensaje de Cristo sin importar de dónde venimos ni cuál es nuestra historia. Todos tendremos la disponibilidad para acercarnos a Jesús y escuchar el mensaje que transforma nuestra vida y da un significado nuevo a todos los momentos de nuestra existencia. Por obra del Espíritu Santo, Jesús nos habla a cada uno, en nuestro “propio idioma” (Hech 2, 5 – 8). … Podremos entender que somos únicos. Tenemos un origen, tenemos nuestra propia biografía, tenemos nuestras debilidades, tenemos nuestras fortalezas, tenemos nuestras preocupaciones y eso nos hace únicos ante el Padre. Y el Espíritu Santo me hará entender que eso que me hace único es lo que me hace valioso a los ojos de Dios. Y el Espíritu Santo hará también que yo pueda escuchar el mensaje de Cristo y entenderlo en mi propio idioma, que es mi propia existencia. No importa cuál haya sido mi origen y cuáles hayan sido los avatares de mi vida: el Señor me ama por quien soy (Hech 2, 8 - 11). … Podremos entender ...

Lo que nos enseña la Ascensión del Señor

  Hoy, como en muchos otros lugares del mundo, celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Ese evento en la vida del Señor cuya narración escuchamos sea en la primera lectura (Hech 1, 1-11) que en el Evangelio de nuestra Santa Misa (Mt 28, 16-20). Es justo y también necesario que nos interroguemos sobre el significado de los diversos eventos ( misterios , dirían los teólogos) de la vida del Señor en nuestra vida. Y el de hoy no tiene un particular “impacto” para muchos. Y a eso le vamos a poner remedio hoy. En primer lugar, Nuestro Señor vuelve a su origen. En múltiples pasajes, escuchamos decir al Señor que ha sido enviado por el Padre. Pues, vuelve a Él. Y con eso nos enseña que nunca hemos de perder de vista nuestra meta: el cielo. Los cristianos somos personas con los pies en la tierra y el corazón en el cielo. En segunda, Su Ascensión nos enseña que Él nos espera. Y nosotros, sus seguidores, alimentamos la esperanza en las promesas de Cristo. Si nosotros hacemos ...

DAR RAZÓN DE NUESTRA ESPERANZA

  En la segunda lectura de nuestra Santa Misa (1Pe 3, 15-18), el apóstol San Pedro nos invita a tener a Jesús en el corazón y a dar razón de nuestra esperanza a quien nos la pida, con sencillez y respeto. Con respecto a tener a Jesús en el corazón, no es preciso abundar mucho, pero, ¿qué significa dar razón de nuestra esperanza? Nuestra fe en Cristo Jesús nos lleva a poner la mirada en las realidades futuras que nos ha prometido Jesús. En el Evangelio de hoy (Jn 14, 15 – 21) el Maestro nos anuncia que se marchará pero que volverá con nosotros. Él se ha ido al cielo para prepararnos el lugar preparado para nosotros desde la creación del mundo. Para poder disfrutar eternamente la felicidad sin fin, hemos de llevar una vida según Cristo, teniendo a Nuestro Señor como la banda sonora de nuestra vida, como escuchamos en el Evangelio: “ Si me aman, cumplirán mis mandamientos ” (Jn 14, 15). Eso es lo que esperamos: ser felices eternamente. Y actuamos hoy como actuamos, porque esperamos en...

El camino, la verdad y la vida

  Las lecturas de nuestra Santa Misa de hoy son preciosas todas y darían para una reflexión diferente. Pero me voy a detener en el pasaje del Evangelio (Jn 14, 1 – 12). El pasaje de hoy tiene lugar justo después del lavatorio de los pies, antes de sentarse a la Última Cena. Nos hallamos justo antes de que comience la captura, pasión, enjuiciamiento, condena y muerte de Jesús. Todo supondrá una suerte de cataclismo emocional para los discípulos. Por eso, el Maestro les advierte: “ No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí ”. Esa paz que nace de la fe y la confianza en Cristo se revela en lo siguiente: nosotros hacemos todo lo que podemos; de lo demás se encarga Él. Nuestro Señor, sobre todo en el Evangelio según San Juan, se sirve de imágenes que superan el sentido ordinario de las palabras. Ante el destino final de Jesús, Tomás pregunta cómo saber el camino a ese destino. La respuesta del Señor es todo un proyecto de vida para nosotros: “ Yo soy el camino, la ver...

La tristeza de no tener a Cristo

🔵Hoy el Evangelio de nuestra Santa Misa nos ofrece un pasaje hermosísimo, cargado de humanidad y, al mismo tiempo, con muchísimo significado para nosotros hoy. 🔵 Nos encontramos en el día de la resurrección de Jesucristo. Dos discípulos caminaban a una llamada Emaús. Nuestro Señor Jesucristo se acerca a ellos y les hace la pregunta más sencilla del mundo y al mismo tiempo que describe el estado de ánimo de ellos: “ ¿De qué cosas vienen hablando, tan llenos de tristeza? ”. 🔵 La tristeza de esos discípulos, a los ojos nuestros, podría resultar evidente: han matado a su maestro. Sin embargo, había algo más. Y puede resultar duro de comprender, pero ellos ya habían sacado a Cristo del corazón. Habían escuchado el mensaje de las mujeres sobre la resurrección del Señor, pero no quisieron aceptarlo. Prefirieron dejar a Cristo fuera. Y ese es el motivo de su tristeza: no dejaron que Cristo les diera significado a su vida. 🔵 Ellos le responden a Jesús en pretérito: Lo de Jesús el nazareno, ...

¡Señor mío y Dios mío!

  Este segundo domingo de Pascua es llamado también domingo de la Divina Misericordia. Las lecturas de la Santa Misa de hoy tienen una riqueza particular porque nos hablan de la primera comunidad cristiana (Hech 2, 42-47). En la segunda lectura, tomada de la primera carta de San Pedro (1, 3-9), el apóstol nos recuerda que la gran misericordia de Dios se manifiesta principalmente en habernos conseguido la salvación. Del pasaje del Evangelio (Jn 20, 19-31) quiero destacar la actitud de Tomás. Tomás era uno de los apóstoles que había acompañado a Jesús al menos durante tres años. Vio de Él signos y prodigios. Sus compañeros de camino le anuncian que habían visto al Señor Resucitado. Tomás manifiesta su incredulidad. Es una pregunta válida el querer saber la causa de esa actitud de Tomás. La vida de Tomás no es muy diferente a la nuestra. En nuestra manera de actuar, influyen en nuestro estado de ánimo, nuestro estado de salud y la percepción que tengamos de todas las cosas que nos...

Quita la losa

 Hemos llegado al último domingo del tiempo de cuaresma. Hoy la Iglesia nos propone el pasaje del evangelio de la resurrección de Lázaro (Jn 11, 1-45). Es el último milagro del Señor antes de su entrada triunfal en Jerusalén. Este milagro resultó patente a los ojos de propios y extraños. Muchos de los que estaban allí presenciaron la sepultura de Lázaro. Y todos vieron su vuelta a la vida. Un primer detalle que causa asombro es que exactamente el mismo milagro hizo que muchos creyeran en Jesucristo y, al mismo tiempo, hizo que los del Sanedrín decidieran la muerte de Jesús. La diferencia de la actitud con que nos acercamos al Señor es lo que traerá un resultado distinto. Hay un gesto que casi pasa desapercibido. El Maestro pide que quiten la losa de piedra que sellaba el sepulcro. Con toda seguridad, una losa no detendría el poder de Cristo Jesús, sin embargo, esa losa sí podría impedir que Lázaro oyese a Jesús y que, luego, pudiera salir.  Nuestra vida como creyentes no es fá...