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NO IMPORTA CUÁNDO...

 La parábola que escuchamos en el Evangelio de hoy, Nuestro Señor comienza dando el contexto: el Reino de los cielos es semejante a … Así que hemos de poner de telón de fondo de nuestra reflexión el Reinado de Dios: la aceptación de Jesucristo como Salvador y Señor, seguir al Señor. Esencialmente, el propietario de un viñedo sale a diversas horas a llamar a trabajadores para que vayan a la viña a trabajar. Se trata de una analogía muy buena: el Señor viene al encuentro del hombre y le llama a formar parte del Reino. Y lo hace en diversos momentos del día, que significa que Dios puede llegarse a nosotros en diversos momentos de nuestra vida y llamarnos a su servicio. A todos los trabajadores (desde los que llama en la edad temprana como en la postrera) les da el mismo pago: un denario, que en la parábola quiere dar a entender la salvación. Dicho esto, comparto un par de ideas. En primer lugar, la conversión es una llamada permanente por parte del Señor. Jesús comenzó su predicación ...

Perdonar es también ganar

 Las lecturas de Nuestra Santa Misa nos invitan a poner en práctica el perdón como un medio de liberación personal y como una manera de cumplir la voluntad de Dios. Cuando una persona guarda rencor u odio contra alguien, carga consigo un veneno mortal para el alma. Es una cosa abominable, como escuchamos en la primera lectura de Nuestra Santa Misa (Sir 27, 33 – 28, 9). Efectivamente, el ser humano no fue hecho para guardar rencor sino para amar. Y cualquier cosa que no suponga acercarnos a ese ideal, resulta dañino y nocivo para el hombre, no sólo en la vida espiritual sino también en la vida corporal. La parábola que escuchamos en el Evangelio de nuestra Santa Misa (Mt 18, 21-35) es un ejemplo que el Maestro nos pone para que consideremos algo que repetimos muchísimas veces a lo largo de nuestra vida: cada vez que rezamos el Padre Nuestro le decimos al Padre que perdone nuestros pecados de la misma manera como perdonamos las ofensas que otros nos hacen. En el ejemplo que nos pone ...

Corregir al hermano es amar al prójimo

  Las lecturas de nuestra Santa Misa de hoy tienen un claro denominador común: la corrección fraterna. Corregir a un hermano, un hijo, un pariente, un compañero… es una forma de amar al prójimo. Ya hemos dicho en otras oportunidades que amar no es otra cosa que buscar el bien del otro. Si yo amo a una persona, entonces procuraré el mayor bien posible para ella. No hay otra manera de entender el amor en el sentido bíblico. Es por eso que el Señor enseña que no hay amor más grande que dar la vida por otro (Jn 15, 13) y Nuestro Señor Jesucristo dio su vida para que nosotros pudiéramos ser felices eternamente. Los evangelios lo dicen de manera clara: Jesucristo nos amó a este extremo (Jn 13, 1). Una forma de procurar el amor por el prójimo es ayudarles a que se aparten del mal. Hacer que una persona se aparte de una mala conducta ya es procurarle el bien. Es por eso que en la primera lectura de nuestra Santa Misa (Ez 33, 7-9) el Señor advierte al profeta que es Él quién manda a corregi...

NO DEJARSE TRANSFORMAR POR LOS CRITERIOS DE ESTE MUNDO

  Las lecturas de nuestra Santa Misa tienen mucha riqueza de contenido. Quiero compartir uno especial, que supone una alerta sobre nuestro trato con el mundo. Naturalmente, nuestra relación con las cosas materiales es más fuerte que con las cosas espirituales. La relación con Jesucristo requiere un esfuerzo particular porque implica poner lo material en un segundo plano. Y eso no siempre es fácil. Nuestra naturaleza humana es débil no solo por lo que refiere a la fuerza física, sino sobre todo por lo que tiene que ver con la fuerza de la voluntad. Normalmente nos dejamos llevar por la ley del mínimo esfuerzo: tendemos a hacer lo que menos trabajo requiera. Y eso puede deberse a muchos factores: al desánimo, a la pereza o simplemente no querer ir en contracorriente al mundo. Y es en este punto donde las tendencias humanas chocan con el proyecto que Cristo quiere para con cada uno. Seguir a Cristo requiere esfuerzo y el Señor lo deja claro: El que quiera venir conmigo, que renuncie a...

El silencio del Señor

 Las lecturas de la Santa Misa de hoy nos invitan a reflexionar muchos temas, todos ellos beneficiosos para nuestra vida. Hoy te propongo reflexionar sobre un gesto del Señor que escuchamos en el Evangelio (Mt 15, 21-28). El Señor decide visitar un territorio fuera del Reino de Israel (Tiro y Sidón) pero que tenían una relación comercial con Israel. La fama del Señor había llegado hasta ahí, y es por eso que, al llegar allí, la noticia se extendió. Y eso explica perfectamente el por qué una mujer del lugar (no era israelita) se acerca a Él y le llama por uno de los títulos mesiánicos: Jesús, Hijo de David. Esa mujer se acerca para pedirle un inmenso favor. Ella sufre mucho porque su hija está poseída por un demonio. Sufre porque ella no puede hacer nada para aliviar o eliminar ese mal en su hija. Ya no tiene el control la situación. La desbordó. Y es por ello que decide acudir a Jesús, aunque ella no es israelita. Y entando en el lugar por donde pasaba el Señor, comienza a gritar. ...

El amor con que nos ama Cristo

  Una de las tantas consecuencias del terremoto del 24 de junio pasado se reflejó en una seria duda que se alojó en los corazones de muchos creyentes: Si es verdad que Dios me ama, ¿por qué ocurrió esto? ¿Por qué murió mi pariente, mi amigo, tantos niños inocentes? No es una pregunta baladí, y requiere una respuesta que ilumine esta realidad dolorosa. Escuchamos en la segunda lectura de la Santa Misa de hoy (Rom 8, 35. 37-39) una pregunta de San Pablo: ¿Qué cosa podrá apartarnos del amor con que nos ama Cristo? La responde, concluyendo: estoy convencido de que… nada… podrá apartarnos del amor que nos ha manifestado Dios en Cristo Jesús . Para comprender esta afirmación de San Pablo habría que leer un poco antes: Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman (Rom 8, 28). El punto de partida de cualquier reflexión es que lo que ocurre, bueno o malo según nuestro entender, está en la Providencia Divina. Dios sabrá sacar un bien de todo esto, aunque de ...

Huir del bullicio

 Las lecturas de este domingo pueden invitarnos a hacer múltiples reflexiones. De entre tantas voy a proponerte una que estimo puede ser de provecho. Normalmente, nuestros pueblos suelen ser bullangueros y, normalmente, no aprecian en silencio. De hecho, sobre todo para los jóvenes suele ser una ocasión para el aburrimiento. En líneas generales, el silencio no es bien apreciado. El silencio suele ser una variable que facilita el trato con el Señor, en especial, la oración o en la lectura y meditación de la Palabra. Y la experiencia puede darnos la razón. Si tenemos mucho ruido o distracciones alrededor, es fácil que nos distraigamos y que desviemos nuestra atención de Nuestro Señor Jesucristo. En la primera lectura (1Re 19, 9a. 11-13a) escuchamos cómo Elías estaba a la espera de encontrarse con el Señor. Después de una serie de eventos en los Elías entendió que no estaba el Señor, cuando sintió una brisa suave el profeta se dispuso a salir al encuentro de Yahvé. Del mismo modo escu...