El amor es la clave
Las lecturas de nuestra Santa Misa de hoy tienen un objetivo bastante claro: Invitarnos a considerar el amor a Dios y a los hermanos. Comprender correctamente la dimensión de este mensaje puede ser esencial para nuestra manera de vivir la fe. En muchas ocasiones, cuando las personas se ven interpeladas sobre el cumplimiento de los mandamientos o, en alguna ocasión, cuando se acercan al sacramento de la confesión, suele hacerse presente de manera recurrente la frase “Yo no hago mal a nadie”. No quiero decir que “no hacer mal a alguien” sea malo; lo que quiero decir es que es insuficiente. El seguidor de Cristo está llamado a mucho más. El Señor nos ha dejado como guía segura el amor, en primer lugar, a Dios Nuestro Señor y, en segundo lugar, a nuestros hermanos. Y en ese orden. Como seguramente me habrán escuchado decir en más de una oportunidad: El amor consiste en procurar el bien de la persona amada. El amor a Dios sobre todas las cosas se traduce en diversas actitudes que debe...