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Con el demonio no se dialoga

  Hoy en el pasaje del Evangelio escuchamos cómo el demonio, aprovechando una circunstancia especial en la vida del Señor después de 40 días de ayuno se acerca a Él para intentar hacerle fracasar en su misión. Este pasaje se le llama “las tentaciones de Jesús en el desierto”. La primera tentación que presenta el demonio tiene que ver con vender como “más importante” la satisfacción de las necesidades materiales. El demonio, percibiendo el esfuerzo que hace el Maestro por llevar una vida austera y de penitencia en el desierto, cree que Jesús cederá a la tentación de renunciar a la voluntad de Dios Padre por la oferta de pan. El Señor le responde haciéndole saber que nada será más importante que la salvación de la propia alma: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios. La segunda tentación tiene que ver más con la pobreza de pensamiento. El demonio cree que el Señor está obligado a mostrar siempre su poder incluso cuando no es necesario. ...

EL ÁNIMO DE HACER LO QUE DIOS QUIERE

  Las lecturas de Nuestra Santa Misa nos invitan a considerar, entre otras cosas, lo importante que es el que nuestro ánimo de seguir a Jesucristo esté presente en todos los ámbitos de nuestra vida. Eso que llama la Sagrada Escritura: justicia, que no es otra cosa que lo que hoy llamamos santidad. Lo primero que debemos considerar es que cumplir la voluntad de Dios es un acto íntimo y único: nadie puede hacerlo por nosotros ni quererlo por nosotros. Ya lo escuchamos en la primera lectura: “ Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya ” (Sir 15, 16). Ante el Señor solo podremos exponer lo que hicimos o dejamos de hacer, sin culpar a alguien o a algo. En el Evangelio (Mt 5, 17-37) escuchamos el discurso del Maestro en el que nos invita a rectificar la intensión de lo que hacemos. No es suficiente con solo hacer. Nosotros estamos llamados a ser mucho mejor que eso. En la época en que peregrinó el Señor en este mundo, la práctica de la fe en ...

Nuestro testimonio y nuestra palabra

  Las lecturas de este domingo nos invitan a considerar dos elementos importantes en nuestra vida como seguidores de Cristo Jesús. Por una parte, nuestro testimonio de vida y, por otra, nuestra palabra anunciando a Cristo Jesús.  En el evangelio de hoy (Mt 5, 13-16) el Señor utiliza dos imágenes que tienen una perfecta analogía con la vida del creyente. Cristo Jesús nos dice que somos la sal de la tierra y la luz del mundo.  La sal es el ingrediente que usamos al momento de cocinar para realzar los sabores de lo que comemos. Es misión nuestra hacer que nuestra vida sea el elemento que dé un significado diferente y una apreciación favorable del mundo. Hemos de tener claro que el mal nunca va a tener la última palabra. Es por ello que nosotros hemos de vencer el mal a fuerza de bien de tal manera que, aunque veamos que las fuerzas que quieren apartar los corazones de Cristo vayan tomando la delantera, nosotros tendremos la confianza de que estamos del lado del Ganador....

La lógica de Jesús

  Ya los filósofos de la antigüedad habían afirmado que el fin natural del hombre es ser feliz. El hombre debe orientar su vida en la búsqueda de la felicidad. El problema estriba en lo que cada persona pueda interpretar como la felicidad. San Agustín enseñaba que todas las cosas que Dios ha creado son buenas. Todas ellas pueden ser objeto de nuestra voluntad, pero de manera alguna deben apartarnos del bien más grande de todos: Dios mismo. Poner nuestra voluntad en Dios es la razón y la causa de nuestra felicidad verdadera. El mismo San Agustín tiene un pasaje donde él mismo daba su testimonio: durante mucho tiempo buscaba la felicidad en las cosas mundanas y pasajeras. Pero, experimentó que, si bien le proporcionaban alguna felicidad, esta era pasajera y dejaba una sensación de vaciedad: ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que tú...

Luz para todos

  Las lecturas de este domingo son la expresión perfecta de la misión de la Iglesia. Dios envía a todos a anunciar el Evangelio. Y para ello se sirve de la imagen de la luz. En el lenguaje castellano, así como en otras lenguas, se destinó el sustantivo ‘oscuridad’ para referirse a la situación personal en la que una persona no podía o se negaba a formarse, es decir, a recibir noticias que le permitieran mejorar su situación. Y así se dice una persona que no puede o renuncia a obtener mayor información, se dice que esa persona vive en la oscura ignorancia. La Sagrada Escritura se sirve de la imagen de la luz para referirse a la Palabra de salvación: a aquella que hace alejarse del mal, que da orientaciones seguras para la vida, que da un significado a la propia vida y que nos hace ser felices ya en esta tierra: “ Sobre los que vivían en tierra de sombras, una luz resplandeció. Engrandeciste a tu pueblo e hiciste grande su alegría. Se gozan en tu presencia como gozan al cosechar, com...

Sin miedo a anunciar a Jesús

  Es una práctica bastante común entre nosotros el que, si sabemos de las bondades de un determinado producto, no dudamos en recomendarlo. También si hemos tenido una buena experiencia con algún profesional, un médico o un abogado, por ejemplo, solemos recomendarlo a alguien cercano si se encuentra en una situación similar a la nuestra. Hoy en el Evangelio (Jn 1, 29-34) escuchamos cómo Juan Bautista no duda en anunciar a todos que Jesús, el Mesías prometido, se hallaba ante los ojos de los circunstantes. Evoca la figura del cordero, animal que se usaba en sacrificio en los cultos del Antiguo Testamento y era la comida principal de la Cena Pascual. La sangre del cordero pascual, untada sobre las puertas de la casa donde se comía la Cena, era la señal que libraba a esa familia de la muerte. Esta intervención de Juan el Bautista tiene lugar después de un interrogatorio que le hacen los levitas y sacerdotes, en el que afirmó sin titubeos: Yo no soy el Mesías (Jn 1, 20). Ahora, reencont...

Soy yo quien lo necesita

Hoy, Fiesta del Bautismo del Señor, escuchamos el relato que nos presenta el Evangelio según San Mateo (3, 13-17). Hay dos detalles sobre los cuales te invito a poner tu atención. El primero, cuando se encuentran Juan Bautista y Nuestro Señor Jesucristo, el primero le dice al Señor: « Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice? ». El bautismo ofrecido por San Juan era un gesto simbólico. Las personas que se acercaban a escucharle, aceptaban la gracia de la conversión. Ellos sentían la necesidad de comenzar de nuevo, Juan le ofrecía la oportunidad, haciéndoles saber que es solo para la conversión. Y todo ese llamado tenía como fin preparar el corazón para recibir a Cristo. Él, Cristo Jesús, es la razón de ser de todo. Así tiene sentido la frase de Juan Bautista: Yo soy yo quien te necesita. Y es en este punto donde todos los cristianos debemos reconocer que un nuevo comienzo es imposible sin Cristo Jesús. Confiar en movimientos, en ideologías, en personas ...