La reprensión como una señal de amor
Puede resultar llamativo y hasta reluctante con las “modernas teorías” de psicólogos y afines. Hoy la reprensión es vista con malos ojos porque se le atribuye –erróneamente– que es la causa de diversos males modernos. Y nada es más erróneo. Cuando un padre reprende a su hijo por algo malo que hizo, no lo hace porque no ame a su hijo, todo lo contrario: precisamente porque lo ama, lo corrige para que se aparte del mal camino o deje de hacer eso que es malo y pernicioso. Y así nos lo enseña la Palabra que escuchamos hoy: “ ¿qué padre hay que no corrija a sus hijos? Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza. Pero después produce, en los que la recibieron, frutos de paz y de santidad ” (Heb 12, 7.11). Hoy la reprensión y el esfuerzo no se ven con buenos ojos. La defensa a ultranza de la libertad, de la autoestima y del hedonismo se han convertido en los ejes transversales de toda actividad humana. Desde esta perspectiva, el cristianismo se v...