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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuarto domingo de cuaresma

En Cristo Jesús está la salvación

 Las lecturas de la Santa Misa de hoy nos ofrecen la oportunidad de reflexionar múltiples temas. Todos ellos valiosos y pueden hacernos crecer interiormente. En mi parecer, el Evangelio de hoy toca un tema neurálgico en el que todos los que nos llamamos cristianos deberíamos no sólo ser conscientes, sino que además deberíamos aceptarlo como algo importantísimo en nuestra vida: En Cristo Jesús está la salvación. Todos nosotros hemos tenido la experiencia del mal. Evidentemente, lo que viene inmediatamente a la memoria de cada uno es el mal físico: Una enfermedad, un accidente, el fallecimiento de un pariente o amigo cercano, la penuria económica, etc. Ciertamente todo eso es malo, pero todavía no es una experiencia interna y personal del mal.  Me refiero a la sensación de vaciedad que tienen muchísimas personas y que tratan de llenar o de olvidar hundiéndose en otras actividades que no solo no eliminan esa sensación, sino que además pueden hacer que sea mayor. Me refiero tambié...

La clave es Cristo

 La palabra “clave” tiene, entre otros significados, “elemento básico, fundamental o decisivo de algo”. Y esto es importante para comprender un aspecto que se deja ver en las lecturas de nuestra Santa Misa de hoy. En la primera lectura (1Sam 16, 1b. 6-7. 10-13ª), Samuel recibe la advertencia de parte de Dios que no se deje llevar por la apariencia externa porque eso es propio de los hombres, no de Dios. El Señor juzga lo que hay en el corazón de cada hombre. En el Evangelio (Jn 9, 1-41), escuchamos el detallado pasaje de la sanación del ciego. Resalta el hecho de que en la época de la sanación todos daban como un hecho cierto el que una persona que sufriese algún tipo de enfermedad permanente era la consecuencia del pecado propio o de sus padres (Jn 9, 2. 34). Y la respuesta del señor es tajante: Ni él pecó, ni tampoco sus padres . Todos los seres humanos necesitamos una serie de referentes morales, llamados hoy valores , que orienten toda nuestra actividad. El creyente está llamad...

Rectificar nuestra manera de pensar

Hoy escuchamos en la Santa Misa tal vez la parábola del Señor más conocida: la parábola del hijo pródigo, o como se ha llamado también desde el 2015 en adelante: la parábola del padre amoroso o el padre misericordioso. Es tan hermosa y profunda esta parábola que pueden hacer múltiples reflexiones sobre ellas, todas válidas y todas provechosas. No obstante, quisiera compartir tres pequeñas ideas que nos pueden ayudar a purificar nuestra fe y a vivirla mejor. En primer término, el Señor relata esta parábola ante los fariseos y escribas que le criticaban que los pecadores se acercaban a Él. Hoy muchos católicos piensan de manera similar: creen que solo pueden acercarse al Maestro los puros e impecables. De esta manera cierran las puertas a la acción misericordiosa de Dios con los hombres. Como ha dicho el Señor en otra ocasión: “ No tienen necesidad de médicos los sanos, sino los enfermos ” (Mc 2, 17). Quienes de verdad necesitan acercarse más al Señor son los que están alejados. En e...

Solo en Jesús está la salvación

 « Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna » El Señor Jesús menciona un hecho de la vida de Israel que se narra en el libro de los Números (21, 4-9). El Pueblo de Israel comenzó a hablar mal de Yahweh y renegar del plan de salvación. Entonces, Yahweh los castigó mandándoles serpientes venenosas. Entonces, asustados, le pidieron a Moisés que intercediera ante Dios para que los librara de ese castigo. Dios mandó a Moisés hacer una serpiente de bronce y ponerla en un estandarte para quienes la miraran se salvaran de las mordidas de las serpientes. Así como la serpiente de bronce fue una señal de salvación, de igual manera Jesucristo lo es hoy. No hay salvación fuera de Jesús. Creer en Jesús no es solo aceptar intelectualmente su existencia: es a...

La ceguera

Las lecturas de este domingo nos regalan la oportunidad de reflexionar sobre un peligro que puede afectar nuestra vida espiritual. - El Evangelio (Jn 9, 1 – 38) nos habla de dos tipos de ceguera. Una, la ceguera física, otra, la ceguera espiritual. Una la sufre el ciego, que físicamente le impide ver las cosas. La condición del ciego le hace reconocer que solo puede valerse poco, y necesita la ayuda de los demás. Por eso, pedía limosna (v. 8). El otro tipo de ceguera la sufren otros personajes del Evangelio. - Esa ceguera espiritual consiste en no querer ver: por orgullo, por aceptar como verdadero lo que algunos dicen en lugar de Dios, por cerrar el corazón a Jesús, por dejarnos llevar por las apariencias. - Los fariseos eran muy orgullosos, lo que les llevaba a cerrar el corazón. Se dejan llevar por criterios que no son los que Dios les había enseñado. En lugar de reconocer que Dios se hallaba en medio de su pueblo, hacen todo lo posible por denigrar a Jesús: « Este hombre no...

El padre misericordioso

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             Hay quien ha dicho que esta parábola es la mejor de todas que nos ha dejado el Señor. Aún cuando eso es discutible, nadie puede negar la belleza de esta enseñanza que Jesús nos ha dejado.             Si bien el Señor había dirigido esta historia para los líderes religiosos del pueblo de Israel, la grandeza de la sabiduría del Señor es tal que podemos aplicarla a nuestra vida personal. Aún así, hay muchísimos elementos sobre los cuales reflexionar.             Pensemos por ejemplo en la actitud del hijo menor: Quiere todo para disfrutarlo ahora. No piensa en el futuro. Está convencido que solo debe dedicarse al momento presente: fiesta, placeres, desorden, desenfreno. No importa el mañana. ¿Qué pasa en la mente del pecador que se olvida que está llamado a la felicidad eterna? No piensa en el futuro, no...

EL CAMINO PARA HACER NUESTRA LA MISERICORDIA

Escuchamos en el Evangelio de hoy la parábola de la misericordia por excelencia: la parábola del hijo pródigo. Son muchísimas las reflexiones que podríamos hacer porque el pasaje es hermoso y rico en detalles, pero me detendré en dos. 1)       ¿En qué consiste el pecado? En la parábola escuchamos la decisión del hijo menor: pide su herencia y se va lejos de la casa del padre. Allí se olvida del amor de su familia, el chico se cree autosuficiente, se vuelca a los placeres y vacía todas sus riquezas, riquezas que recibió de su familia y su casa. Lo desperdició todo. El segundo momento, la vaciedad y la soledad absoluta. El chico siente la soledad de los “amigos”, la tristeza de haber dilapidado toda la riqueza de su casa y su familia. Tiene hambre –siente el vacío en su estómago– y en vez de volver sobre sus pasos y volver a encontrar la riqueza de su casa, va a hundirse cuidando lo que es prohibido, y desea llenar el vacío con la porquería. A...