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Nuestro testimonio y nuestra palabra

  Las lecturas de este domingo nos invitan a considerar dos elementos importantes en nuestra vida como seguidores de Cristo Jesús. Por una parte, nuestro testimonio de vida y, por otra, nuestra palabra anunciando a Cristo Jesús.  En el evangelio de hoy (Mt 5, 13-16) el Señor utiliza dos imágenes que tienen una perfecta analogía con la vida del creyente. Cristo Jesús nos dice que somos la sal de la tierra y la luz del mundo.  La sal es el ingrediente que usamos al momento de cocinar para realzar los sabores de lo que comemos. Es misión nuestra hacer que nuestra vida sea el elemento que dé un significado diferente y una apreciación favorable del mundo. Hemos de tener claro que el mal nunca va a tener la última palabra. Es por ello que nosotros hemos de vencer el mal a fuerza de bien de tal manera que, aunque veamos que las fuerzas que quieren apartar los corazones de Cristo vayan tomando la delantera, nosotros tendremos la confianza de que estamos del lado del Ganador....

Anunciar a Cristo con confianza

 Las lecturas de nuestra Santa Misa de hoy son una invitación para que consideremos una parte importante de nuestra vocación de seguimiento a Cristo. No es otra cosa que poner en práctica el mandato de Cristo Jesús de anunciar a todos el mensaje de salvación. Sea la primera lectura (Amós 7, 12-15) que el Evangelio de nuestra Misa (Mc 6, 7 - 13), escuchamos la voluntad de Yahvé de mandar a Amós a predicar, por una parte, y la voluntad de Cristo Jesús de enviar a sus discípulos a llevar el mensaje a los pueblos de Israel, por otra. En ambos casos debemos prestar atención a un detalle: no existe ningún requisito especial para anunciar a Cristo Jesús. Amós era una persona que trabajaba en el campo, de hablar rudo y directo. Levantó tantas ronchas que Amasías, el sacerdote que cuidaba el templo cismático de Bethel, le increpó para que se fuese lejos.  En el Evangelio escuchamos una lección añadida de Nuestro Señor: manda a sus discípulos a predicar, pero les pide que no lleven nada...

Anunciar con la confianza puesta en el Señor

 El Evangelio de hoy (Lc 10, 1-12. 17-20) es muy rico en ideas, al referirse al anuncio del mensaje de salvación de nuestro Señor. Comienza el evangelio de nuestra Santa Misa con una frase que habremos escuchado miles de veces a lo largo de nuestra vida: “ La cosecha es mucha y los trabajadores pocos. Rueguen, por tanto, al dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos ”. Y todos estamos más que claros en que el dueño de los campos es Dios mismo y que nunca habrá suficientes personas que anuncien el mensaje de salvación. Es un deber de todo cristiano pedir por los sacerdotes, por los religiosos y misioneros, y que nunca falten vocaciones a su Iglesia. Ahora, bien, como nos recuerda la Santa Madre Iglesia, es un deber de todo cristiano anunciar el mensaje de Cristo, cada cual según su propia condición. Y es, en este punto, donde los seguidores de Cristo Jesús se muestran reacios, a veces con excusas bastante ridículas. Todos, absolutamente todos, podemos y debemos dar testimo...

El gesto de amor más excelso

Hoy escuchamos en el Evangelio el mandamiento del amor: “ Les doy un mandamiento nuevo: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado; y por este amor reconocerán todos que ustedes son mis discípulos ” Ya hemos reflexionado en otras ocasiones qué cosa es amor: La búsqueda del bien del otro de manera desinteresada. No existe amor si el bien que se hace es por interés, con el objeto de esperar algo a cambio. Casi siempre, y es un defecto grave de nuestra Iglesia, se interpreta este mandamiento del amor exclusivamente de manera “horinzontal”: ayudar al necesitado. También suele interpretarse como una especie de tolerancia que pone a prueba los límites de la paciencia cristiana. Pero se deja de lado tal vez la forma más perfecta de amar: acercar a los demás a Jesucristo. No es difícil entenderlo. Si amar es procurar el bien para los demás, no hay bien más grande que Jesús. Acercar a Jesús a los demás para que tengan un encuentro con Él es el gesto mayor de amor: los acercamos a la...

El particular testimonio del apóstol Santiago

Hoy, en toda España y en algunas Diócesis como la de Caracas, celebran la solemnidad del Apóstol Santiago. El único apóstol de Cristo del que se narra su martirio, el primero de los apóstoles en alcanzar la victoria definitiva. En la primera lectura escuchamos una de las máximas que debe guiar la vida de todos los creyentes: es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres (Hech 4, 19). Es una invitación a no ceder ante los miedos y las opiniones mordaces y negativas de los hombres, sino más bien dar testimonio de Cristo Jesús. Los malos creyeron que matando a uno de los apóstoles acabarían con la Iglesia naciente. No cayeron en la cuenta de que Dios ve mucho más lejos, y que de lo que aparentemente era un mal, hizo que durante siglos se mantuviera viva la fe en muchos lugares de Europa. Como creyentes, debemos tener la certeza de que Dios sabrá sacar más provecho de las pequeñas o grandes acciones que hagamos. “ Este tesoro del ministerio lo llevamos en vasijas de barro, para que se...

Para ser profeta es necesario confiar en el Señor

 En las lecturas de este domingo llama la atención que, para los que han sido llamados a anunciar a Jesucristo (todos nosotros), el único requisito es la confianza en el Señor. El profeta, quien lleva un mensaje de parte de Dios, debe confiar en el poder de quien lo envía. En el Antiguo Testamento no había profetas que tuvieran una preparación especial (salvo Ezequiel y Daniel). En la primera lectura de hoy (Amós 7, 12-15), escuchamos a Amós decir que su oficio era el de pastor y cultivador de higos (un campesino, pues). Entre los Apóstoles escogidos por el Señor no destacaba ninguno por sus particulares habilidades. La mayoría eran pescadores, uno era cobrador de impuestos, otro era un guerrillero. Santiago y Juan eran llamados “hijos del trueno” por el carácter belicoso que tenían. Como verás, ninguno de ellos tenía dotes para destacar como prodigio.  Todos los profetas del Antiguo Testamento tienen un denominador común: no obstante los titubeos iniciales, todos ellos confia...

Contra la terquedad y la obstinación, firmeza en la voluntad

  Las lecturas de nuestra Misa de hoy nos invitan a reflexionar sobre una actitud que podemos encontrar en las personas que nos rodean y que no creen en Cristo Jesús. Las personas que no son creyentes y que además no quieren creer, expresan su rechazo manteniendo una actitud obstinada y terca reafirmando su resistencia a creer en el mensaje de Cristo Jesús. En la primera lectura (Ez 2, 2-5), Yahweh hace saber al profeta Ezequiel que entiende perfectamente que el pueblo es terco y obstinado. El pueblo de Israel había decidido apartarse de los mandamientos de Dios. Ante los reiterados llamados que hacía el Señor por medio de los profetas, el pueblo manifestaba su negativa sea de palabra que de obra. A pesar de todo ello: “ A ellos te envío para que les comuniques mis palabras ” (Ex 2, 4). La terquedad y obstinación pueden adquirir diversos matices. El más evidente es expresar, mantener y reafirmarse en la negativa de creer en Cristo Jesús. El terco se negará a atender hechos y ar...

La disposición es todo

  Las lecturas de nuestra Santa Misa son de una belleza singular y toda reflexión que se haga sobre ellas será buena y provechosa. Hoy te dejaré una muy sencilla. El secreto está en la disponibilidad después del anuncio. Me explico. En la primera lectura, Samuel tiene una experiencia particular que Elí no acierta a discernir al inicio. Luego le hace saber a Samuel que es el Señor y le dice que se muestre dispuesto: “ Ve a acostarte y si te llama alguien responde: ‘Habla, Señor; tu siervo te escucha’ ” (1Sam 3, 11). En el evangelio escuchamos como Juan el Bautista les anuncia a sus propios discípulos a Jesús: “ Este es el Cordero de Dios ” (Jn 1, 36). Juan y Andrés se manifiestan dispuestos a conocer mejor a Jesús y tener una experiencia con Él: “¿Dónde vives, Rabí? ” (Rabí significa “maestro”). Él les dijo: “ Vengan a ver ” (Jn 1, 38 – 39). Hay dos momentos en estos pasajes. El primero de ellos es el anuncio. Elí le dice a Samuel que es el Señor. Juan Bautista dice a los disc...

Jesús, el profeta

En la tradición bíblica, a raíz de la profecía que escuchamos en la primera lectura, había un personaje importante: el Profeta. Sería un personaje que sería similar a Moisés que guiará al Pueblo y hablará en nombre del Señor. Cuando aparece en Israel Juan el Bautista, los sacerdotes y levitas le preguntan: “ ¿Eres tú el Profeta? ” Sin duda alguna, el Profeta anunciado en libro del Deuteronomio es Jesús, quien habla y enseña con autoridad . Es Dios mismo quien habla. En Él encontramos la Palabra que da un significado nuevo a nuestra vida, que nos llena de alegría, incluso en la adversidad. Jesús la anuncia sin temor, la anuncia con autoridad. Esa “autoridad” no es porque se cree o sabe superior. Esa “autoridad” nace de la certeza de lo que cree y vive. No olvidemos que todos fuimos constituidos profetas cuando recibimos el Bautismo . Estamos llamados por Jesús a llevar a todos el mensaje de salvación, cada cual en su circunstancia particular: quien como sacerdote, quien co...