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No a la envidia

 La Iglesia siempre ha tenido muy claro que el seguimiento a Cristo Jesús no ha de ser solo una cuestión externa, sino que requiere una actitud interior que sea el origen de nuestro comportamiento. Por eso, la lucha del cristiano no va solamente en un cumplimiento externo de los mandamientos sino también en la pureza del corazón.  De esta manera puede ofenderse a Dios cuando nuestros sentimientos nos alejan de Él. Un hombre que tiene el corazón lleno de odio, de venganza, de rencor o de envidia ofende al Señor porque esos sentimientos no dejan espacio para un trato con Cristo Jesús. Además, pueden convertirse en una fuente de conductas pecaminosas.  Hoy las lecturas de la Misa nos invitan a estar atentos a uno de esos sentimientos malos: la envidia. La envidia es la tristeza en el alma por el bien ajeno. El envidioso no es feliz porque cae en la cuenta de que otra persona posee un bien o hace algo bueno. Y eso es precisamente lo que critican los pasajes de la Sagrada Escr...

No dejemos envenenar el corazón

En la lectura de la pasión de la Santa Misa de hoy encontramos múltiples personajes, pero, quiero detenerme en la consideración de tres de ellos. Todos ellos muestran no tener criterio propio y orientan su vida por otros criterios, diferentes del mensaje de Cristo Jesús. Lamentablemente, la actitud de estos personajes sigue presente en la vida actual. El consejo de ancianos o Sanedrín . Nuestro Señor Jesucristo fue particularmente duro con ellos porque, teniendo la responsabilidad de guiar por el buen camino al Pueblo de Dios, no lo hicieron. Con sus palabras y sus conductas desviaron a las gentes de la práctica de la verdadera fe. Sus decisiones estaban basadas en otros criterios –principalmente el político- y no en la voluntad de Dios. Ellos no aceptaron las observaciones que hacía Nuestro Señor Jesús y dejaron que el corazón se le llenara de odio, de envidia, de venganza. La consecuencia de sus acciones no se hizo esperar: amañaron un proceso y mintieron al Procurador para ...

DISTRAERSE ES FÁCIL

En el Evangelio de nuestra Misa de este domingo, el Señor hace una llamada de atención válida para todos los hombres de todos los tiempos. Es normal que, a lo largo de la vida, vayamos introduciendo en nuestra vida prácticas que nos ayuden a funcionar mejor. Introducimos rutinas, planificamos, interpretamos y reinterpretamos los hechos y los objetivos. A veces, podemos distraernos y podríamos pensar que lo importante es la rutina y no por qué se hace, pensar que lo importante es la planificación y no el objetivo. En las cosas que tienen que ver con el Señor Jesús es muy fácil distraerse y pensar que lo material es lo más importante y no lo espiritual. Puede resultar que para una Cofradía es más importante los factores económicos y burocráticos, y no el aspecto espiritual de la actividad que hacen. Algo similar ocurre con los fariseos y escribas: Las antiguas prescripciones en cuestión comprendían no sólo los preceptos de Dios revelados a Moisés, sino también una serie de dictám...