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El Señor no se deja ganar en generosidad

Jocosamente, en las charlas para los papás y los padrinos de bautizos, hacía una narración particular. Una persona, estando en su casa, oye que tocan a la puerta: un vecino que pide dinero para el sepelio del hijo de una señora mayor y pobre. Ante el cuadro dramático, la persona decide ayudar y da una colaboración de 5 $. Luego, vuelven a tocar la puerta, esta vez es otro vecino quien solicita la colaboración para comprar licor porque, habiendo armado una rumba en la calle –dominó incluido– se acabó la cerveza, así que solicita la colaboración para comprar otra caja de cerveza. El señor de la casa se anima a ir a la fiesta y hace un aporte de 10 $. Finalmente, toca la puerta una persona que viene de parte de la parroquia, entregando un sobre para recoger una colaboración para el arreglo del techo de la Iglesia, y el señor de la casa pone en el sobre la grandiosa colaboración de 500 Bs. No deja de arrancar algunas risas, pero no deja de llamar a la reflexión. Todo creyente ha de...

Dios no aprecia las migajas

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Desde los inicios de la humanidad según la Biblia, ha existido la mezquindad para con Dios. Dios se ha encargado de hacer saber que no aprecia que le den el “sobrado” o lo que no nos causa incomodidad. En el sacrificio de Caín y Abel, Dios acepta el de Abel porque ofreció las primicias de su trabajo (lo primero para Dios) y no el de Caín que simplemente ofreció algunos frutos de la tierra (Gn 4, 3-5) Cuando se instaura en el culto de Israel los sacrificios a Dios, Dios establece los criterios con claridad: “ Cuando alguien ofrezca vacuno como sacrificio de comunión, ya sea macho o hembra, ofrecerá un animal sin defecto ” (Lev 3, 1). Cuando se dejaba de lado esta exigencia del Señor, Él mismo la reclama: “ El hijo honra a su padre; el servidor respeta a su patrón. Pero si yo soy padre, ¿dónde está la honra que se me debe? O si yo soy su patrón, ¿dónde el respeto a mi persona?...

“Todo está cumplido” (Jn 19,30)

1) Composición de lugar Jesús está al final de una larga agonía. 2) El grito de un vencedor Esta sexta palabra se puede traducir de muchas maneras: desde “llegué al final”, “se acabó” hasta “me quedó perfecto”. Esta palabra del Señor no es la afirmación del estudiante que espera el sonido del timbre de la última clase del viernes: “por fin se terminó esto”. No son las palabras de quien tenía ganas de llegar al final. Son el grito triunfante del vencedor.