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No impulsivo, sino reflexivo

El Evangelio de nuestra Santa Misa continúa con el discurso del Pan de vida (Jn 6, 51 – 58). Es, sin duda, un elemento importante en la vida del creyente. Si no estamos unidos a Cristo Jesús, la vida de la gracia –esa familiaridad con Dios– estará ausente de nuestra vida. La segunda lectura, tomada de la carta a los Efesios (5, 15 - 20), San Pablo nos invita a no dejarnos llevar por los criterios de este mundo. Invita San Pablo a ser más reflexivos y menos impulsivos a la hora de tomar las decisiones. De esta manera, nuestra vida no estará guiada por criterios irracionales sino por los criterios que marca Nuestro Señor. Es un defecto de nuestra sociedad dejarse guiar por frases hechas, bastante acomodaticias, solo para justificar el estado actual de las cosas o para encontrar una excusa para no hacer un esfuerzo por cambiar. Y esta es la razón por la cual se nos invita a no ser insensatos y a ser prudentes. Estoy seguro que más de una vez habremos escuchado una frase similar a es...

Para última hora... ¡no!

Imagen
Para el Evangelio de hoy, Nuestro Señor se sirve de una imagen que todavía se ve en algunos lugares de Tierra Santa: Un grupo de jóvenes acompañaban a la novia al encuentro con el novio. En este caso el novio tardaba y se quedaron dormidas. Ante el anuncio de la llegada del novio, cinco de ellas se dan cuenta que no tienen aceite suficiente en sus lámparas para acompañar al festín de bodas. Por indicación de las otras, salen a comprar a altas horas de la noche. El hecho es que cuando tuvieron listas se acercaron a la casa donde se celebraba el banquete. El ya esposo, señor de la casa, no les dejó entrar porque no entraron con él al banquete de bodas. Jesús, en su parábola, les da el título de previsoras y descuidadas. La actitud de ambas da pleno significado a estos títulos. El hecho es que ambos grupos son una imagen de las actitudes de los cristianos en esta tierra.