Soy yo quien lo necesita
Hoy, Fiesta del Bautismo del Señor, escuchamos el relato que nos presenta el Evangelio según San Mateo (3, 13-17). Hay dos detalles sobre los cuales te invito a poner tu atención.
El primero, cuando se encuentran Juan Bautista y Nuestro Señor Jesucristo, el primero le dice al Señor: «Yo soy quien debe ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a que yo te bautice?».
El bautismo ofrecido por San Juan era un gesto simbólico. Las personas que se acercaban a escucharle, aceptaban la gracia de la conversión. Ellos sentían la necesidad de comenzar de nuevo, Juan le ofrecía la oportunidad, haciéndoles saber que es solo para la conversión. Y todo ese llamado tenía como fin preparar el corazón para recibir a Cristo. Él, Cristo Jesús, es la razón de ser de todo.
Así tiene sentido la frase de Juan Bautista: Yo soy yo quien te necesita. Y es en este punto donde todos los cristianos debemos reconocer que un nuevo comienzo es imposible sin Cristo Jesús. Confiar en movimientos, en ideologías, en personas que nos prometen villas y castillas, no nos va a llenar los anhelos del corazón ni nos dará el significado que dará un sentido nuevo a nuestra vida. Todo lo demás puede defraudarte, Cristo Jesús no, nunca.
El segundo, la respuesta del Maestro: «Haz ahora lo que te digo, porque es necesario que así cumplamos todo lo que Dios quiere».
Ante ese deseo de un nuevo comienzo, cuando acudimos a Jesús, Él nos pide confianza en su persona, confianza en su mensaje, pide el obsequio de la inteligencia y la voluntad a la Voluntad de Dios. Abandonarse a Él es el camino, la verdad y la vida, el primer paso para un nuevo comienzo. Si quieres superar la tristeza, la vergüenza, la decepción, el dolor por el mal… la mejor y única alternativa es nuestro Salvador. Y entonces, podrás recomenzar porque sabes que no estás solo y no todo depende de ti, Jesús está contigo.
Y el sacramento del bautismo ha tenido desde el inicio de la Iglesia ese sentido: arrepentirse del mal, reconocer el amor de Dios y confiar en la salvación (superación definitiva del mal) con Cristo Jesús. Significa renunciar a todo lo que nos aleja de Cristo: Satanás, sus obras y sus seducciones. Significa creer, confiar y amar a Jesucristo. Renovar nuestro bautismo es renovar ese comienzo.
Y el sello final, el mensaje del Padre: «Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mis complacencias». No dudes, solo confía en Él.
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