Todo señala al Señor que viene

 Este domingo iniciamos un nuevo ciclo litúrgico. Este domingo iniciamos el camino del adviento. Y sobre este particular las lecturas de la misa de hoy nos invitan a centrar la mirada en Cristo Jesús que viene. 

En la primera lectura del profeta Jeremías (33, 14-16), este anuncia el cumplimiento de la promesa que Dios hizo a los antepasados: un descendiente de la casa de David se hará presente para indicar el camino de la justicia y la santidad. Esa promesa es Cristo Jesús. 

San Pablo, en la segunda lectura (1Tes 3, 12-4. 2), nos da un consejo válido para siempre: sabemos cómo comportarnos ante los ojos de Dios, entonces no lo olvidemos y pongámoslo en práctica siempre. 

En el evangelio (Lc 21, 25-28. 34-36), el Señor nos invita a no distraernos. Si todas las señales apuntan a su venida, hemos de saber poner orden en nuestra vida: "Estén alerta, para que los vicios, con el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida no entorpezcan su mente".

Estamos a contados días de celebrar la Navidad, el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo. Nuestros antepasados nos dejaron una serie de tradiciones que, en el origen, tenían un profundo espíritu cristiano: destacar con gestos concretos la esperanza y la alegría de celebrar el nacimiento de Cristo Jesús. Lastimosamente, muchas de esas tradiciones las han vaciado de contenido cristiano. Ahora, la Navidad la ven como una fiesta cultural sin sentido. Se celebra porque sí, sin ningún motivo especial. 

Y contra esto Nuestro Señor quiere ponernos en guardia. Cuando las personas dan más importancia a las luces, a los adornos, a la música, a la comida y a la bebida; y no a Cristo Jesús, entonces esas personas han dejado entorpecer la mente. Ya la Navidad no tiene ningún tipo de sentido, sino que la han convertido en una excusa para "los vicios, el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida".

Estamos en el tiempo de adviento, tiempo que la Iglesia dedica a prepararnos interiormente para celebrar el nacimiento de Cristo. Es un tiempo esencialmente espiritual. Entonces aprovechémoslo para disponernos interiormente. Solo así descubriremos que lo más grande que tiene la Navidad es Nuestro Salvador Jesucristo, para quién es toda la gloria el honor y el poder por los siglos de los siglos.

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