Entradas

La guía segura

  Desde siempre ha sido una pregunta fundamental en la vida del hombre como ser social: ¿Qué es lo correcto? ¿Qué es lo bueno? ¿Qué es malo? No siempre ha habido una respuesta única. En algunos momentos de la historia (como en el tiempo presente) la bondad o maldad de una acción era calificada según una determinada ideología. Los filósofos de la antigüedad y muchos en el tiempo presente han llegado a la conclusión que no puede ponerse el criterio de bondad o maldad según una determinada ideología, sino que hay que acudir a criterios mucho más objetivos. Con la revelación Dios nos ahorra incertezas e indecisiones cuando nos manifiesta las claves para saber cuando una acción es buena y cuando una acción es mala. Ese gesto del Señor no es vano. La dinámica de la vida puede hacer que en un determinado momento una persona o un grupo de personas considere que hay una mayor bondad o maldad en otro tipo de acciones. Entonces pueden surgir dudas. Y las dudas son normales porque no tenemos t...

No podemos engañar a Cristo Jesús

  El pasaje del Evangelio que nos presenta la Santa Misa de hoy (Mt 22,15-21) nos enseña uno de los atributos principales de nuestro Señor Jesucristo. No es otra cosa que el poder que Él tiene para conocer las intenciones del corazón. Por eso es imposible engañarle Nosotros los hombres podemos juzgar según las apariencias, pero el Señor mira más allá: ve el corazón (1Sam 16,7). Por eso nuestro Señor Jesucristo no se deja convencer con las lisonjas que le presentan los partidarios del Rey Herodes. El Maestro descubre que ellos no quieren saber la verdad, sino que le están tendiendo una trampa proponiendo una pregunta capciosa sólo para encontrar algo con qué condenarlo. Eso es un defecto bastante común en nuestra época: las personas suelen oír para contestar y no escuchar para comprender. Eso trae como resultado el que se vayan creando bandos con trincheras ideológicas. Cristo Jesús, Dios sabio, aprovecha cualquier ocasión para enseñar. A los emisarios de los herodianos y fari...

La fortaleza que da la confianza

 Si hay una experiencia que se ha globalizado en los últimos años es la experiencia de la adversidad. Desde el año 2020 la humanidad ha ido experimentando una serie de variables que han hecho que el grueso de los seres humanos se haya visto en una situación que no podía prever. La pandemia y las consecuencias económicas que trajo, hizo que muchísimas personas quedaran sin su medio de sustento. Y a eso podríamos ir sumando otras causas, la última de ellas son las guerras. Hay países que, por diversos motivos entre ellos el político, están pasando una situación de necesidad permanente que ha generado unas grandes olas de emigración. Las personas que emigran sienten muy de cerca el peso de la soledad y la angustia de la incertidumbre. El hecho es que un grandísimo porcentaje ha tenido que experimentar la penuria, la carestía, la incertidumbre y la adversidad. Todas esas experiencias pueden causar que el alma pierda la paz y que los fieles hijos de Dios se desanimen. Muy por el contrar...

No se inquieten por nada

  No cabe duda que las lecturas de este domingo están dirigidas a explicar una imagen frecuente en la Sagrada Escritura: la viña. Esta imagen era usada con frecuencia para referirse al pueblo de Dios. Imagen que queda muy clara en la primera lectura y en el salmo responsorial. En el Evangelio (Mt 21, 33-43) Nuestro Señor Jesucristo se sirve de esa imagen para hacer saber a los sumos sacerdotes y a los ancianos de Israel que por no haber sido fieles a la misión que Dios les había encomendado ellos ya no serían la guía del pueblo. Dios ha destinado que serán otros quiénes guiarán al pueblo de Dios, es decir, harán efectivo el reinado de Cristo. Sin embargo, quiero distraer tu atención sobre unos detalles accesorios del relato del Evangelio y que nos pueden ayudar en nuestro día a día. El pasaje del Evangelio comienza diciendo que el Señor se dirige a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Nuestro señor Jesucristo se estaba dirigiendo a los líderes religiosos y también polí...

Los hechos son mas elocuentes...

 Seguramente habremos escuchado más de una vez decir una frase similar a esta: “un gesto dice más que mil palabras”. No deja de ser cierto en un aspecto bastante común de nuestra experiencia. Y efectivamente los hechos son mucho más elocuentes que las palabras Tristemente nuestra sociedad moderna ha comenzado a distorsionar la percepción de lo verdadero, llevado tal vez por el mal ejemplo de los políticos y, sin duda, por el papel que juegan las redes sociales. El principal criterio para aceptar algo como verdadero es si alguien quiere que eso sea verdad. De esta manera comienzan a extenderse las noticias falsas: hay personas que quieren que eso que es falso sea verdadero y lo aceptan como tal. No importa si se gasta un mar de tinta: La realidad no cambia sólo porque alguien lo diga o porque alguien quiera imponer una mentira. En las lecturas que escuchamos en nuestra Santa Misa de hoy escuchamos un reclamo que hace Dios Nuestro Señor precisamente porque se afirma algo que no es ve...

Los que son fieles recibirán el mismo premio

  El Evangelio de nuestra Santa Misa de hoy (Mt 20, 1-16a) nos presenta una parábola del Maestro en la que trata de dejar un mensaje que particularmente hoy resulta bastante difícil de comprender. No es porque el Señor no sea claro sino porque el contexto social en el que vivimos hace difícil su comprensión. Tengamos presente unas claves para poder interpretar de manera adecuada este pasaje del Evangelio. Cristo Jesús pone el contexto de la parábola: el Reino de los cielos. Como sabemos bien el reinado de los cielos no es otra cosa que aceptar a Jesucristo como Salvador y como Señor y tener el propósito firme de vivir según las enseñanzas de Cristo. Pertenecer al reino o aceptar a Jesucristo va precedido de una llamada que el Señor hace personalmente. Esa llamada puede ocurrir en cualquier etapa de nuestra vida: en la niñez, en la adolescencia, en la edad adulta o incluso cuando se es adulto mayor. Siempre es el momento oportuno para responder al llamado que Dios nos hace. Es...

Lo grande que es perdonar

 Si hubiese escrito “lo difícil que es perdonar” podríamos haber hecho también otra gran reflexión. Pero en esta ocasión, las lecturas nos invitan a poner en práctica el perdón como un medio de liberación personal y como una manera de cumplir la voluntad de Dios. Cuando una persona guarda rencor u odio contra alguien, carga consigo un veneno mortal para el alma. Es una cosa abominable, como escuchamos en la primera lectura de Nuestra Santa Misa (Sir 27, 33-28, 9). Efectivamente, el ser humano no fue hecho para guardar rencor sino para amar. Y cualquier cosa que no suponga acercarnos a ese ideal, resulta dañino y nocivo para el hombre, no sólo en la vida espiritual sino también en la vida corporal. La parábola que escuchamos en el Evangelio de nuestra Santa Misa (Mt 18, 21-35) es un ejemplo que el Maestro nos pone para que consideremos algo que repetimos muchísimas veces a lo largo de nuestra vida: cada vez que rezamos el Padre Nuestro le decimos al Padre que perdone nuestros pecado...