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Los resentimientos

Uno de los grandes obstáculos que debe enfrentar cada ser humano, a lo largo de su vida, son los resentimientos. Éstos son básicamente, cualquier sentimiento dañino: llámese odio, rencor, envidia, venganza, soberbia, lujuria, codicia, avaricia, gula, celos… A veces llegan a ser tan fuertes que toman el control de nuestra vida. En la primera lectura ( Sab 2, 12. 17-20) se narra la intensión de los malvados de acabar la vida del justo. Esos personajes se dejan llevar por sentimientos nada nobles, y toman el control de sus vidas, llegando al punto de decidir la muerte de un justo sólo porque su conducta les resulta un reclamo para su mala conducta. De igual manera, Santiago ( Stgo 3, 16—4, 3) denuncia que las personas que dejan que sus corazones se muevan por los resentimientos son los autores de las divisiones y otros delitos en medio de la comunidad de creyentes. El cristiano debe liberarse de esos sentimientos malucos. En el Evangelio (Mc 9, 30-37) Jesús les hace una p...

Homilía en la Santa Misa de bienvenida a la Virgen del Valle Peregrina

Saludo a todas las autoridades. Me ha sido confiada la responsabilidad de compartir con Ustedes una reflexión en esta Santa Misa. Lo hago con mucho gusto, pero al mismo tiempo con temor. A mí, como a mucho de ustedes, me parece un hermoso sueño ver con mis ojos a Nuestra Señora del Valle en nuestra Diócesis, y más aún, en mi parroquia. La más dulce y tierna de todas las madres ha venido a nuestra tierra y ha venido a decirnos a cada uno: Te quiero, porque eres mi hijo, te quiero porque eres mi hija. Por eso, te voy a invitar a que correspondas a esta deferencia. Hay todo un itinerario planificado. Estará en tu parroquia. Visítala. Pero hoy, te tengo que decir que el mejor regalo que puedes hacerle es hacer de Jesucristo tu Salvador y tu Señor. Por eso, te invito a que repitas durante esta homilía una hermosa jaculatoria, una hermosa invocación: ¡Madre, llévanos a Jesús! Te dije que me parecía un sueño que Nuestra Señora del Valle esté aquí. Pero es...

La hipocresía religiosa

Uno de los tantos litigios que el Señor tuvo con los fariseos, y con los judíos en general, era la falta de correspondencia entre lo que aparentaban y los que en realidad eran. Eso es una enfermedad del alma. Esa enfermedad se llama “fariseísmo” o hipocresía religiosa. En la primera lectura de hoy, Moisés invita al pueblo a seguir de corazón los mandamientos del Señor (Dt 4, 1-2.6-8), mandamientos que no podremos conocer sin una actitud de escucha de la Palabra: “Acepten dócilmente la Palabra que ha sido sembrada en ustedes y es capaz de salvarlos. Pongan en práctica esa Palabra y no se limiten a escucharla, engañándose ustedes mismos” (Stgo 1, 17-18. 21-22. 27) En el salmo 14 tenemos un elenco de cómo vivir la Voluntad de Dios: ¿Quién será grato a tus ojos, Señor? El hombre que procede honradamente y obra con justicia; el que es sincero en sus palabras y con su lengua a nadie desprestigia. Quien no hace mal al prójimo ni difama al vecino; q...

Llénense del Espíritu Santo. Expresen sus sentimientos con salmos, himnos y cánticos espirituales, cantando con todo el corazón las alabanzas al Señor (Ef 5, 19)

Uno de los elementos esenciales de la vida cristiana es dejarnos guiar por el Espíritu Santo en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida. Él obra en nosotros nuestra santificación. Parte de esa obra es la parte cultual: manifestar nuestros sentimientos al Señor. Hoy en día, esa parte de nuestra vida se ha visto menoscabada por múltiples razones, ninguna de ellas de tipo religioso. Hoy muchos creyentes dejan de manifestar su fe, le ponen cadenas al Espíritu de Dios, por miedo, por vergüenza, por un falso ideal de perfeccionismo, por falta de fe. Y eso le pasa hasta a los sacerdotes. ¿Por qué los fieles cuando están en el Templo no cantan? Sin duda que la primera excusa es que no se saben las canciones. Excusa barata, porque se resuelve aprendiéndolas. No cantan porque no tienen fe y, si la tuvieren, no es lo suficientemente fuerte ni para dar testimonio ni para alabar al Señor. Y entonces vienen las otras excusas: no tengo buena voz; hay un ministerio de...

DESTIERREN DE USTEDES LA ASPEREZA, LA IRA, LA INDIGNACIÓN, LOS INSULTOS, LA MALEDICENCIA Y TODA CLASE DE MALDAD (EF 4, 31)

Es relativamente fácil dejar que el corazón se llene de cualquier cantidad de sentimientos malos. Y esos sentimientos tienen la particularidad de tener el efecto “bola de nieve”: con el paso del tiempo, esos sentimientos se hacen cada vez más grandes. Todo cristiano debe saber que debe tener el corazón libre de sentimientos malos (resentimientos) porque de lo contrario, no podrá amar a Dios sobre todas las cosas, ni al prójimo como a sí mismo. Es así. De hecho, leemos en las páginas del Evangelio según San Mateo una invitación a cumplir a cabalidad el mandamiento de Dios evitando encolerizarnos con el hermano, insultarle, buscando el modo y la manera de reconciliarnos con él (Mt 5, 21–26) El corazón lleno de rencor, odio, venganza… no deja espacio a la acción del Espíritu Santo. Llena y envicia el corazón de tal manera que no deja que podamos cumplir los mandatos de Cristo Jesús. Además, nos desgasta y puede llegar a enfermarnos: es como llevar un morral de piedras...