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No seamos unos vendidos

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Los venezolanos usamos la palabra “vendido” para referirnos a una persona que hoy está con alguien y mañana está en su contra. Dicho de otro modo: Fulano es un “vendido” porque falta a la fe, confianza o amistad que debe a Zutano. En los dos relatos evangélicos que escuchamos en la Santa Misa de hoy podemos ver esta “cualidad” en los que estaban en Jerusalén en la Pascua en que murió el Señor. Fíjate:

El temor a cambiar

Yo les aseguro que si el grano de trigo, sembrado en la tierra, no muere, queda infecundo; pero si muere, producirá mucho fruto. El Señor usa una imagen particular: un grano de trigo. El grano de trigo es la base de la alimentación de una buena parte del mundo. Es la base de la harina con la que se hace el pan, las pastas y muchas otras cosas. Sin embargo, si todos los granos del mundo se usaran para harina, sucede que después no habría más trigo. Si se quiere el trigo se multiplique es necesario que muera:

Sólo en Jesús está nuestra salvación

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Así como levantó Moisés la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, para que todo el que crea en él tenga vida eterna. Porque tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. El Señor Jesús hace mención de un hecho de la vida de Israel que se narra en el libro de los Números (21, 4-9). El Pueblo de Israel comenzó a hablar mal de Yahweh y renegar del plan de salvación. Entonces, Yahweh los castigó mandándoles serpientes venenosas. Entonces, asustados, le pidieron a Moisés que intercediera ante Dios para que los librara de ese castigo. Dios mandó a Moisés hacer una serpiente de bronce y ponerla en un estandarte para quienes la miraran se salvaran de las picadas de las serpientes. Así como la serpiente de bronce fue una señal de salvación, de igual manera Jesucristo lo es hoy.

Lo que nos enseña la purificación del Templo

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El pasaje del Evangelio que escuchamos hoy está lleno de enseñanzas a las que deberíamos prestar atención.

Redescubrir nuestro bautismo

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En la segunda lectura de la Santa Misa de hoy san Pablo cita el diluvio universal, cuyo final escuchamos en la primera lectura. San Pablo se refiere al agua del diluvio como “figura del bautismo, que ahora los salva a ustedes”. Al mismo tiempo, el Apóstol se refiere al significado del bautismo: “no consiste en quitar la inmundicia corporal, sino en el compromiso de vivir con una buena conciencia ante Dios”. Cada uno de nosotros recibió en su momento el sacramento del bautismo, algunos cuando eran niños, otros ya más creciditos. Lo importante es que en ese momento recibimos una dignidad única, la de ser hijos de Dios. Nuestro Creador no espera otra cosa que vivamos coherentemente esa condición. No ser coherentes es como decir que hay un bombero que no sabe apagar fuegos, o un médico que no sabe de medicina. Un hijo de Dios debe vivir como tal. La vida cotidiana de un hijo de Dios está llena de alegrías y tristezas, de esperanzas y angustias. No podemos dejar de lado que también p...

Mala cosa es la envidia...

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La envidia es la tristeza y el pesar por el bien ajeno. Y, definitivamente no es algo bueno. Es un veneno para el corazón. Una persona que sufre de envidia carga un peso inmenso en su alma y sucio en los ojos. Un peso en el alma porque no vive tranquila y se niega a ser feliz porque no soporta el bien ajeno; probablemente la única “alegría” que sienta el envidioso es la adversidad o contrariedad de los demás. Un envidioso lleva sucio en los ojos: no ve bien los hechos. Los distorsiona según su propio parecer y su propio provecho.

Acción con intensión

Forma parte de cualquier religión la realización de ciertas actividades que se llaman actos de culto. Sin ellos una religión sería vacía. En la primera lectura, escuchamos cómo Dios había previsto para la religión hebrea una acción precisa: si alguien estaba enfermo con lepra debía notificar a todos que estaba enfermo y debía estar separado de la comunidad. Si por el favor de Dios se veía curado de la lepra debía ir al sacerdote y debía ofrecer un sacrificio de dos pajaritos y madera de cedro. Jesús lo sabe y cuando cura al leproso, le dice que vaya y cumpla lo que está mandado. Una religión sin actos de culto no es tal.