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No son solo palabras bonitas

Dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “El Decálogo, el Sermón de la Montaña y la catequesis apostólica nos describen los caminos que conducen al Reino de los Cielos. Por ellos avanzamos paso a paso mediante los actos de cada día, sostenidos por la gracia del Espíritu Santo. Fecundados por la Palabra de Cristo, damos lentamente frutos en la Iglesia para la gloria de Dios” (n° 1724). Las Bienaventuranzas, que son una parte de lo que se conoce como el “Sermón de la Montaña” son un proyecto de vida y no una colección de frases bonitas que los políticos dicen de cuando en cuando en un discurso para rellenar y decir que lo están haciendo de maravilla. Hagamos una reflexión rápida de cada una de las bienaventuranzas.

El Señor es la defensa de mi vida

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En nuestra celebración de hoy escuchamos el Salmo 27 (26). Es la oración de un hombre de fe: el justo, teniendo a Dios de su lado, no teme. Todos –sin excepción– hemos sentido como el mal se abate contra nosotros. Tanto que puede que nos invada el pesimismo. Sin embargo, para el cristiano, persona de fe, no debe ser así.

"He anunciado tu justicia"

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Ya el domingo pasado reflexionábamos sobre nuestro bautismo. Decíamos que nuestro bautismo marcaba también el inicio de nuestra vida pública. Esto era la consecuencia lógica de nuestra renuncia al pecado y de la vida de la Santísima Trinidad en nuestra alma. Todo cristiano –todo bautizado– debe dar testimonio de su fe en Cristo Jesús. Las lecturas de este domingo, cargadas de una belleza y riqueza particular, nos invitan a que no dejemos de lado este elemento fundamental de nuestra vida cristiana.

El Bautismo del Señor

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La solemnidad del Bautismo del Señor nos recuerda varias cosas:

La Base fundamental de nuestra fe

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Siempre es necesario, como dice aquel cantante, buscar el fondo y su razón. De lo contrario, corremos el peligro de hacer las cosas automáticamente, pero sin saber por qué las hacemos. La Navidad, la solemnidad del nacimiento de Cristo, es una oportunidad especial para que recordemos la base fundamental de nuestra fe. Muy por el contrario de lo que la mayoría de la gente piensa, la base fundamental de nuestra fe no es la de creer en un solo Dios. Lo que hace especial y única nuestra fe es el que Dios se hizo hombre y está con nosotros.

Esperanza, no desilusión

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La última parte del libro de Isaías se llama “el libro de la consolación”. Fue escrito en la época en que Israel fue deportado a Babilonia y en el territorio de Israel se vivía una pobreza y necesidad atroz. Dios envía a los profetas para decirles que no pierdan el ánimo, que esa situación es pasajera, que Dios no olvida su promesa, que deben mantenerse firmes y que el Ungido del Señor dará un sentido pleno a todas las promesas de Yahweh. La Iglesia nos propone diversos pasajes de este libro de la consolación para que consideremos este mensaje del Señor durante este tiempo de Adviento.

La Inmaculada Concepción de la Virgen María

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Palabras del Papa Benedicto XVI en el Ángelus del 8 de diciembre de 2010.  (Traducción A.R.) Hoy, nuestra cita para la oración del Angelus adquiere una luz especial, en el contexto de la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. En la Liturgia de esta fiesta se proclama el Evangelio de la anunciación (Lc 1, 26-38), que contiene, precisamente, el diálogo entre el Ángel Gabriel y la Virgen. “Alégrate, llena de gracia: el Señor está contigo” –dice el mensajero de Dios, y en este modo revela la identidad más profunda de María, el “nombre”, por así decirlo, con el cual Dios mismo la conoce: “Llena de gracia”.