Huir del bullicio

 Las lecturas de este domingo pueden invitarnos a hacer múltiples reflexiones. De entre tantas voy a proponerte una que estimo puede ser de provecho.

Normalmente, nuestros pueblos suelen ser bullangueros y, normalmente, no aprecian en silencio. De hecho, sobre todo para los jóvenes suele ser una ocasión para el aburrimiento. En líneas generales, el silencio no es bien apreciado.

El silencio suele ser una variable que facilita el trato con el Señor, en especial, la oración o en la lectura y meditación de la Palabra. Y la experiencia puede darnos la razón. Si tenemos mucho ruido o distracciones alrededor, es fácil que nos distraigamos y que desviemos nuestra atención de Nuestro Señor Jesucristo.

En la primera lectura (1Re 19, 9a. 11-13a) escuchamos cómo Elías estaba a la espera de encontrarse con el Señor. Después de una serie de eventos en los Elías entendió que no estaba el Señor, cuando sintió una brisa suave el profeta se dispuso a salir al encuentro de Yahvé. Del mismo modo escuchamos en el Evangelio (Mt 14, 22-33), cómo Pedro, obedeciendo el mandato del Maestro de caminar sobre las aguas, al sentir la fuerza del viento y el oleaje, dudó.

No cabe duda que nosotros podemos encontrarnos con el Señor en cualquier momento y circunstancia de nuestra vida. Pero también es cierto que en el trajín de la jornada no es fácil ponerse en la presencia del Cristo Jesús para estar con Él. Dicho de otro modo: Si queremos tener un encuentro real que llene nuestra vida, hemos de propiciar el encuentro con Jesús con la menor distracción posible. Eso incluiría también el teléfono celular, que suele ser una compañía difícil de dejar de lado.

Renunciar a encontrar un espacio y un momento para el encuentro con Cristo, sea con la oración, sea con la lectura y meditación de la Palabra de Dios, no es de personas sabias y prudentes. En múltiples ocasiones, leemos en las páginas del Evangelio que el Señor se retiraba a solas para orar. No es extremismo, no es tradicionalismo, no es desprecio a la alabanza: es seguir el ejemplo de Cristo Jesús.

Orar o meditar a solas con Nuestro Señor es altamente beneficioso para el alma. Es ponernos en contacto sin intermediarios. Y desde el punto de vista meramente humano, es una oportunidad para poner en orden con Dios las diversas cosas y emociones que nos abordan durante las jornadas.

Propiciemos los encuentros con Nuestro Señor. Bendecido domingo.


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