UN MOTIVO PARA SEGUIR ADELANTE

 Las lecturas de hoy tienen una riqueza de contenido que no hace fácil escoger un tema para reflexionar. Opté por uno y lo comparto contigo.

Hay preguntas profundas cuyas respuestas nos ayudan a hacernos conscientes de cosas importantes. Una pregunta tan sencilla como “¿cuál es la razón que tienes para levantarte cada día y dar lo mejor de ti?”. Eso nos ayuda a ser conscientes del por qué hacemos las cosas y por qué hacemos un esfuerzo grande, día a día.

En la segunda lectura (Rom 5, 6-11) escuchamos algo que lo decimos muy rápido, y a veces, sin prestar atención: Dios nos ama. San Pablo nos expone una de las tantas razones: “la prueba de que Dios nos ama está en que Cristo murió por nosotros, cuando aún éramos pecadores”. Y esta sencilla frase nos enseña varias cosas.

La primera es que Dios nos ama como somos. Y nos ama “con todo”. No puede amarnos más de lo que nos ama, porque nos ama con amor eterno (Jer 31, 3). Dios me ama, aunque esté lejos de Él, más aún, no puedo hacer nada que tenga como consecuencia que Dios me ame menos. Dios siempre me ama y me amará.

En segunda, el que Dios me ame no significa que Dios aprueba todo lo que hago. Como nos recordó el Santo Padre León XIV hace unos días en España: “¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor! El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, pues ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”. El amor que Dios me tiene me permite reconciliarme con Él y recomenzar tantas cuantas veces sea necesario.

Y, para no alargarme mucho más, la prueba más grande del amor de Dios a nosotros es que Jesús se hizo hombre como nosotros, nos dejó un camino de salvación, nos invita a alejarnos del mal, ha dado su vida por nosotros y nos ha ganado el boleto para ir al cielo. Él, Jesús, se ha quedado con nosotros y nunca nos abandona.

Si hacemos nuestro el amor que Dios nos tiene formaremos parte de esa nación consagrada (Ex 19, 6) que está dispuesta a vivir en el camino de Cristo Jesús, para quien es toda la gloria, el honor y el poder, por los siglos de los siglos.


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