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Tus palabras, Señor, son espíritu y vida

 Este domingo, por disposición del Santo Padre, está dedicado a la Palabra de Dios. Hoy las lecturas de la Santa Misa nos invitan a tener presente este elemento esencial de la salvación.  Para mal, en la Iglesia se ha ido introduciendo un poco aprecio a la Palabra de Dios escrita. El demonio ha sido muy hábil para poner en la mente de muchos cristianos católicos que leer y meditar la Biblia no es propio de nuestra fe sino de otras comunidades religiosas. Y eso ha conllevado a que quienes leen y meditan la Palabra sean objeto de burlas. La Iglesia siempre ha tenido el máximo respeto y veneración a la Sagrada Escritura. Es un ejemplo muy edificante el que escuchamos en la primera lectura de nuestra Misa (Neh 8, 2-4a. 5-6. 8-10): de vuelta del exilio, al reconstruir el Templo, encuentran los rollos de la Ley. Las autoridades disponen que se lea públicamente al pueblo. Y el pueblo, que tenía tiempo sin escuchar las palabras de la Sagrada Escritura, se emocionó y con un profundo re...

También nosotros podemos hacerlo...

 Este domingo, en la lectura del Evangelio (Jn 2, 1-11) escuchamos el pasaje de las Bodas de Caná, en el que el Señor Jesús, a petición de su Madre, realiza el primer milagro, aunque el momento de dar su testimonio público no había llegado. La riqueza del pasaje se acrecienta cuando reparamos en los detalles. Se trata de una celebración nupcial a la que habían sido invitados María y José, con lo cual eran personas cercanas a ellos. Las fiestas de bodas, en la época en que el Señor peregrinó en medio de los hombres, tenía una importancia social. Se trataba de dar un testimonio público del amor de los esposos, de su alianza, y de compartir la alegría con sus parientes y allegados. Las fiestas de las familias pudientes podían durar un par de días, las de los que tenían menos recursos eran mucho más sobrias. Y, el caso de unas familias de modestos recursos que improvisamente se vieran superados en las estimaciones de las personas invitadas, significaba pasar un momento desagradable, qu...

El bautismo de Juan

  Hoy celebramos con toda la Iglesia la fiesta del bautismo del Señor, en el Jordán, por Juan el Bautista. En el Evangelio de hoy (Lc 3, 15-16) escuchamos cómo Juan da cuenta de la misión que el Señor le ha encomendado: bautizar con agua, como una señal de conversión. Esa conversión es el requisito para poder reconocer y aceptar al Salvador, Cristo Jesús. Algo que debemos recuperar en la comunidad de creyentes es el orden o itinerario para la iniciación cristiana, para aceptar a Jesucristo como Salvador y Señor. Y el primer paso necesario es la conversión: alejarse del mal y volverse a Dios. Sin este requisito, el sacramento del bautismo no produce los efectos a los que nos impulsa la gracia de Dios. El ministerio de Juan comenzó de esa manera: “ Conviértanse porque el Reino de Dios está cerca ” (Mt 3, 2). Cuando nuestro Señor comenzó su predicación lo hizo también con una invitación a la conversión: “ El Reino de Dios está cerca. Conviértanse y acepten el Evangelio ” (Mc 1, 15). S...

La esperanza a la que nos llama

 En la segunda lectura de la Santa Misa de hoy escuchamos un pasaje de la carta a los Efesios (1, 3 – 6. 15 – 18) en el que escuchamos una oración de alabanza de San Pablo y una oración de bendición: “ el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, les dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo, e ilumine los ojos de sus corazones para que comprendan cuál es la esperanza a la que nos llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos ”. Hace menos de dos semanas celebramos con alegría cristiana el Nacimiento del Señor Jesús. Jesús hace el anuncio del Reinado de Dios: si reconoces a Jesús como Dios y hombre verdadero, aceptas la salvación que te ofrece, tu vida adquirirá un significado nuevo, alcanzarás la vida eterna y tendrás la certeza de que el mal (el pecado y la muerte) no tienen ni tendrán la última palabra. En la oración de bendición de San Pablo, pide que el Señor ilumine nuestros corazones para que comprendamos la esperanza a la que nos...

Como lo hizo María...

 Hoy nos unimos a toda la Iglesia en la solemnidad de Santa María, madre de Dios. Justo ocho días después de la celebración del nacimiento del Nuestro Señor Jesucristo. A los ocho días del nacimiento, todo varón israelita debía ser circuncidado. La razón es porque Dios lo pidió a Abrahán: sería la una señal de la alianza que hacía con él y sus descendientes (Gn 17, 9-14). Era el modo en que pasaban a formar parte del Pueblo de Dios. Y ese es el relato que escuchamos en el Evangelio de Dios. Ese gesto tiene un contenido esencialmente religioso. Escuchamos también un gesto especial de la Virgen María al que debemos prestar atención. Dice el pasaje del Evangelio: “ María conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón ” (Lc 2, 19). Ella, al igual que San José, estaban presenciando una serie de eventos fuera de lo normal y que habrían causado fuertes emociones a cualquier persona. Muchas de esas experiencias no se la habrían imaginado jamás. María pudo verse abrumada por todo ...

Familia, escuela de valores

 Este domingo celebramos junto con toda la Iglesia la Fiesta de la Sagrada Familia: Jesús, María y José. Hoy, como siempre, es una oportunidad maravillosa para reflexionar sobre la voluntad de Dios sobre la institución familiar. Hay un asunto sobre el cual se hace urgente discurrir con atención: la transmisión de los valores religiosos. En el Evangelio escuchamos que la Sagrada Familia “solía ir cada año a Jerusalén para las festividades de la Pascua”. Y, al parecer, también acudían con ocasión de las otras festividades religiosas importantes de Israel. Jesús aprendió los valores religiosos de sus padres. Hoy las familias cristianas sufren un fuerte ataque. La institución matrimonial como proyecto originario de Dios está siendo masacrada por las ideologías, que, aunque dan resultados desastrosos, la siguen defendiendo y promoviendo con una cantidad obscena de dinero. Esas mismas ideologías atacan el mensaje de Cristo Jesús. Venden, sobre todo a los más jóvenes, que el mensaje de Cr...

Fe

 Dice la carta a los Hebreos que la fe es "fundamento de lo que se espera y garantía de lo que no se ve" (Heb 11, 1). Una gran parte de los eventos que se narran en la Sagrada Escritura tienen que ver con la fe en la promesa del Señor, que no verían inmediatamente, sino que habrían de esperar su cumplimiento. En la primera lectura escuchamos, por ejemplo, como el profeta anuncia que será Belén el lugar que vería el nacimiento del Mesías prometido por Dios (Mi 5, 1-4). Porque el fiel cree en Dios y cree a Dios, entiende perfectamente que cuando el Señor ha anunciado algo, eso se cumplirá. Esa certeza nace no de una convicción científica ni tampoco de un razonamiento infalible. Esa certeza nace de la convicción en el corazón de un hombre de que el Señor es veraz, no puede engañarse ni puede engañarnos. Y cuando un fiel tiene esa certeza en el corazón, recibe las alabanzas de los demás.  Isabel había experimentado en sí el poder de Dios. Cuando su pariente, María, le visita, vue...