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Fieles a lo que hemos recibido

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En la primera lectura, Yahweh promete a Israel, por boca de Moisés, un profeta que dirigirá al Pueblo tal como lo ha hecho él. Esa profecía se cumple en Nuestro Señor de quien escuchamos en el Evangelio “ enseñaba como quien tiene autoridad ”. La promesa de Yahweh contiene también la presencia de otros profetas que, de igual manera tienen la obligación de llevar el mensaje del Dios Único y Verdadero. A ellos se les pide fidelidad: hacer llevar lo que Dios le manda, y no decir cosas diferentes en nombre de Dios: “ el profeta que se atreva a decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de otros dioses, será reo de muerte ”.

La Conversión de San Pablo

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Muchísima gente piensa que los pecados más graves son matar y robar. Y no es así. Tal vez ellos se dejan llevar por lo que dijo alguien para su comodidad (para tranquilizar su conciencia) o tal vez por lo escandaloso de esas faltas. En realidad, el pecado más feo es el odio a Nuestro Señor y la profanación del Santísimo Sacramento. La razón es sencilla: no hay nada más importante que Dios, no hay nada más sagrado que la Eucaristía, en donde se encuentra presente el Señor con su Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Objetivamente, no hay pecado más grave que éstos.

La Vocación principal

Ya en otras ocasiones hemos reflexionado sobre la vocación: la llamada que Dios hace a los hombres (vocación universal) y a cada hombre (vocación particular). Hoy reflexionaremos sobre la vocación principal: a rectificar siempre lo malo que hemos hecho. En la primera lectura de la Misa escuchamos el mensaje que Jonás anuncia de parte de Dios a la ciudad de Nínive: será destruida. Eso movió al rey y a los habitantes de esa ciudad a hacer penitencia. En el Evangelio escuchamos cómo el Señor comienza a predicar anunciando la presencia del Reino de Dios e invitando al arrepentimiento y al cambio de vida. Ciertamente, en la Iglesia existe un tiempo especial para hacer penitencia y para hacer un esfuerzo especial para la conversión: la Cuaresma. No obstante, sería absurdo dejar la conversión para un momento del año. Todo cristiano debe tener claro que el Señor nos concede gracias especiales a lo largo de nuestra vida y no en un momento específico nada más. Cada creyente debe agrade...

La Epifanía del Señor

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Generalmente celebramos la Epifanía como el Día de los reyes. Tiene cierta lógica, ya que se recuerda el encuentro de los Reyes Magos que visitaron a Jesús en Belén, guiados por la estrella. Sin embargo, tal como lo traduce el término “epifanía”, es más bien una fiesta que habla de la luz resplandeciente de la salvación, manifestada en el Niño nacido en Belén. Por otra parte, “epifanía” era el término técnico para indicar la presentación en público del heredero al trono, es decir el nuevo Rey de una nación. Y se hacía con todo esplendor, para garantizar que habría un sucesor para el rey gobernante. En la liturgia, se eligió este término para afirmar la presentación en público del Mesías-Rey a los reyes de la tierra, representados en aquellos reyes magos venidos del Oriente.

SANTA MARÍA, MADRE DE DIOS

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La Iglesia inaugura el año civil con una celebración muy especial: Santa María, Madre de Dios. Muchas personas no se imaginan el porqué de esta celebración. Más bien pensarían o se interrogarían porqué no comenzar con una alusión al inicio del año civil. Ya en el I Domingo de adviento, la Iglesia da inicio al año litúrgico y en Navidad rememora el gran acontecimiento que transformó la historia de la humanidad: el nacimiento del Dios que se hizo hombre para salvarnos. Meses más tarde, celebrará la Pascua, con la cual se conmemora el evento salvífico del Señor Jesús. Entonces, ¿por qué el 1 de enero de cada año la Iglesia realiza la fiesta de María, la Madre de Dios?

Feliz Navidad

Éste era el saludo normal en esta época. Un saludo cargado de mucho sentido cristiano. Y digo “era” porque poco a poco se ha ido vaciando de sentido para transformarse en un vocablo carente de significado. Un cumpleaños donde nadie regala algo al cumpleañero. Piensan en la fiesta pero no saben por qué hacen la fiesta. Y van más allá de la fiesta: embriagarse, comer, gastar dinero en impresionar a gente que no nos interesa solo por el hecho de decir que se “está estrenando”. Como Marta, la mayoría de la gente se desvive por los detalles: no quieren que los demás hablen de ellos, además sin saber siquiera por qué lo hacen. Como Marta se olvidan de escuchar al Señor que, con mucho, es lo más importante. Un buen número de personas quieren escuchar música a todo volumen (sin importar si a alguien le fastidia o no, les da igual) solo para no escuchar la voz de su propia conciencia que le reclama que se ha peleado por una tontería con Fulano, porque ha ofendido a Mengano y no ...

Para pensar en estos días...

¿Qué celebramos en Navidad? Si nos dejamos guiar por los criterios del mundo, podríamos decir que se trata de una fiesta medio carnavalesca, que enfatiza el consumismo, la diversión mundana y el materialismo. Nada tan contrario a lo que es verdaderamente el sentido de lo que celebramos en Navidad. Es curioso, cómo una fiesta de auténtico sabor cristiano ha sido trastocada. Es todo lo contrario de lo que el mundo propone. Nosotros celebramos, de verdad, en Navidad la llegada del Dios que se hizo hombre: sin lujos ni comilonas, sin borracheras ni consumismo… Todo lo contrario, pues Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, nació en Belén, de María, en la más extrema de las pobrezas, que, por otra parte brindó la mayor de las riquezas de la humanidad con la salvación.