NO IMPORTA CUÁNDO...

 La parábola que escuchamos en el Evangelio de hoy, Nuestro Señor comienza dando el contexto: el Reino de los cielos es semejante a… Así que hemos de poner de telón de fondo de nuestra reflexión el Reinado de Dios: la aceptación de Jesucristo como Salvador y Señor, seguir al Señor.

Esencialmente, el propietario de un viñedo sale a diversas horas a llamar a trabajadores para que vayan a la viña a trabajar. Se trata de una analogía muy buena: el Señor viene al encuentro del hombre y le llama a formar parte del Reino. Y lo hace en diversos momentos del día, que significa que Dios puede llegarse a nosotros en diversos momentos de nuestra vida y llamarnos a su servicio.

A todos los trabajadores (desde los que llama en la edad temprana como en la postrera) les da el mismo pago: un denario, que en la parábola quiere dar a entender la salvación. Dicho esto, comparto un par de ideas.

En primer lugar, la conversión es una llamada permanente por parte del Señor. Jesús comenzó su predicación invitando a todos a la conversión: Conviértanse porque el reino de los cielos está cerca (Mt 4, 17). Reconocer a Jesús como Señor y Salvador puede ocurrir en cualquier momento de nuestra vida, dependerá de nosotros atender ese llamado, apartarnos del mal y volvernos a Dios.

En segundo lugar, la salvación es un acto de amor de Dios para con nosotros. Nos concede el premio a nuestra fidelidad no porque exista una relación de justicia, sino porque Él quiere. Y ese es el sentido de la respuesta que da al trabajador que le increpa que no ha sido justo: Amigo, yo no te hago ninguna injusticia. ¿Acaso no quedamos en que te pagaría un denario? Toma, pues, lo tuyo y vete. Yo quiero darle al que llegó al último lo mismo que a ti. ¿Qué no puedo hacer con lo mío lo que yo quiero? ¿O vas a tenerme rencor porque yo soy bueno?

Finalmente, la frase “los últimos serán los primeros, y los primeros, los últimos” que normalmente la gente usa en otros contextos (y, además, bastante mal), no significa una suerte de retaliación justiciera. Se trata de un recurso literario: los que hoy son los primeros según los criterios del mundo, no lo serán en el reinado de Dios; mientras que aquellos que no destacan a los ojos del mundo, los despreciados, los “anónimos”, llevan la delantera porque escucharon el mensaje de Dios y lo pusieron en práctica (Mt 21, 31 – 32).

Jesús nos llama a la conversión y aceptarlo como Señor y Salvador, y lo hace ahora y lo hará por el resto de tu vida. Solo queda que cada uno atienda ese llamado y vaya “a trabajar a la viña”, a formar parte del reinado de Dios.

Que el Señor Jesús jamás se aparte de nuestro lado.


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