DAR RAZÓN DE NUESTRA ESPERANZA
En la segunda lectura de nuestra Santa Misa (1Pe 3, 15-18), el apóstol San Pedro nos invita a tener a Jesús en el corazón y a dar razón de nuestra esperanza a quien nos la pida, con sencillez y respeto. Con respecto a tener a Jesús en el corazón, no es preciso abundar mucho, pero, ¿qué significa dar razón de nuestra esperanza?
Nuestra fe en Cristo Jesús nos lleva a poner la mirada en las realidades futuras que nos ha prometido Jesús. En el Evangelio de hoy (Jn 14, 15 – 21) el Maestro nos anuncia que se marchará pero que volverá con nosotros. Él se ha ido al cielo para prepararnos el lugar preparado para nosotros desde la creación del mundo. Para poder disfrutar eternamente la felicidad sin fin, hemos de llevar una vida según Cristo, teniendo a Nuestro Señor como la banda sonora de nuestra vida, como escuchamos en el Evangelio: “Si me aman, cumplirán mis mandamientos” (Jn 14, 15).
Eso es lo que esperamos: ser felices eternamente. Y actuamos hoy como actuamos, porque esperamos en esa promesa de Cristo.
Creo que todos debemos estar claros en el hecho de que es más fácil vivirlo que explicarlo a otro. Y no es extraño que algunos cristianos rehúyan el responder a otro cuando nos preguntan ¿por qué vives así, por qué actúas de esa manera, por qué haces eso? Responder a eso es dar razón de nuestra esperanza.
Es un deber ineludible de todo creyente en Cristo Jesús conocer mejor la fe que vive y profesa, para poder comunicarla a otros. Y para eso hay que dedicar tiempo y ponerle corazón. Si no lo hacemos no podremos dar razón de lo que esperamos.
En ese deber no estamos solos. Ya en el Evangelio escuchamos que Jesús nos promete el Espíritu Santo, Defensor y Consolador, que estará siempre con nosotros. Más adelante, en el mismo capítulo 15 de San Juan, el Señor nos dice: “el Defensor, el Espíritu Santo que el Padre enviará en mi nombre, les enseñará todas las cosas y les recordará todo lo que les he dicho” (v. 26).
Mientras que el mundo no conoce ni reconoce la acción del Espíritu Santo, nosotros sí. Y el Maestro dice que está y actúa en nosotros. Y así es y así será mientras nosotros le permitamos actuar. El mundo trata de buscar la salvación en cosas novedosas: primero fue en las ideologías, después en la ciencia, después en la tecnología, después en la inteligencia artificial, ahora nuevamente en la ideología… Le pone una pared a la acción del Espíritu Santo. Es por eso que el mundo siempre va a criticar a los creyentes en Cristo: no seguimos los vaivenes del mundo sino la acción del Espíritu que consolida nuestra esperanza. Y debemos estar dispuesto a dar razón de ella a quien nos la pida, con sencillez y respeto.
Que la bendición de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos acompañe hoy y siempre.
Comentarios
Publicar un comentario