IMÁGENES DEL REINO
En
el evangelio de nuestra Santa Misa se este domingo, el Señor quiere enseñarnos
qué cosa es el Reino. No olvidemos que el inicio de la predicación era un
llamado a la conversión porque se acercaba el Reino de Dios (Mc 1, 15)
La
primera imagen del Reino: se parece a un hombre que siembra y, sin saber cómo,
va creciendo. Cuando los frutos están prontos, entonces, tendrá lugar la siega.
La
segunda imagen: el Reino se asemeja a la semilla de mostaza: siendo la más
pequeña de las semillas. crece hasta convertirse en un árbol frondoso.
Para
una mejor comprensión tal vez sea mejor decir Reinado de Dios (que es el sentido bíblico), es decir, el imperio
de Nuestro Señor Jesucristo sobre los hombres. Ese reinado es peculiar: en la
vida presente, es voluntario. Cada hombre acepta la salvación de Jesucristo y
decide que Jesucristo sea quien le guíe y dé luces para cada momento de su
vida. Así escuchamos en la segunda lectura: Caminamos
guiados por la fe, sin ver todavía (2Co 5, 6) Cada vez más, serán los
hombres que aceptan el reinado de Cristo Jesús, será efectivo, más allá de la
acción necesaria de los hombres. El reinado de Cristo será total al final de
los tiempos.
Ahora
bien, ya el Señor Jesús nos ha enseñado que su reinado no es como los de este
mundo (Jn 18, 36). Hoy, los reyes no mandan. Solo ejecutan. No tienen imperio
efectivo sobre sus súbditos. Hoy, muchos tienen a Jesús así: quieren que Él
ejecute sus deseos: trabajo, ganar la lotería, salir del país… pero no dejan
que sea Jesús el que gobierne efectivamente en sus vidas. En la oración le
dicen a Jesús: necesito esto, tengo este proyecto, mi familiar está enfermo… En
la oración se olvidan de decir: Señor, hazme ver tu Voluntad; quiero ser feliz
contigo; habla, Señor, que tu siervo escucha…
Hoy
el Señor quiere que seas esa semilla que crece en el campo. Hoy el Señor quiere
que formes parte del crecimiento del árbol de mostaza. Hoy el Señor quiere
invitarte que no solo lo aceptes como su Salvador sino que lo aceptes como tu
Rey. Haz el obsequio a Jesús de tu corazón y renueva cada día tu propósito de
dejarte guiar por su Palabra.
¡Que
toda lengua proclame que Jesús es el Señor, para la gloria de Dios Padre! (Fil
2, 11)
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