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Librarnos del peso de la soberbia

 Las lecturas de hoy tienen un tema que destaca: la soberbia como un enemigo del creyente. Así nos resulta ineludible hacer una reflexión sobre el pecado capital de la soberbia y su remedio, la virtud de la humildad. La soberbia consiste en un amor desmedido de sí mismo y el deseo de ser preferido y admirado por los demás. No es difícil entender entonces por qué es un enemigo del creyente: se convierte en un obstáculo inmenso para que la Palabra de Dios dé fruto en nosotros. El soberbio tiene como único criterio a sí mismo, con lo cual, la Palabra de Cristo no tiene valor real para él en su vida. Escuchamos en la primera lectura: “No hay remedio para el hombre orgulloso, porque ya está arraigado en la maldad” (Ecclo 3, 28) El remedio al mal de la soberbia es la virtud de la humildad. Lejos de la caricatura del “humilde” como una persona que es callada y con la mirada perdida, la humildad es, básicamente, el conocimiento de sí mismo, de sus propias limitaciones y virtudes. El humild...

La reprensión como una señal de amor

 Puede resultar llamativo y hasta reluctante con las “modernas teorías” de psicólogos y afines. Hoy la reprensión es vista con malos ojos porque se le atribuye –erróneamente– que es la causa de diversos males modernos. Y nada es más erróneo. Cuando un padre reprende a su hijo por algo malo que hizo, no lo hace porque no ame a su hijo, todo lo contrario: precisamente porque lo ama, lo corrige para que se aparte del mal camino o deje de hacer eso que es malo y pernicioso. Y así nos lo enseña la Palabra que escuchamos hoy: “ ¿qué padre hay que no corrija a sus hijos? Es cierto que de momento ninguna corrección nos causa alegría, sino más bien tristeza. Pero después produce, en los que la recibieron, frutos de paz y de santidad ” (Heb 12, 7.11). Hoy la reprensión y el esfuerzo no se ven con buenos ojos. La defensa a ultranza de la libertad, de la autoestima y del hedonismo se han convertido en los ejes transversales de toda actividad humana. Desde esta perspectiva, el cristianismo se v...

NO TODOS ESTÁN DE ACUERDO CON EL MENSAJE DE CRISTO JESÚS

  Las lecturas de la Santa Misa de hoy parecieran no tener un hilo conductor, en cambio sí la tienen. Hoy las lecturas nos invitan, entre otras cosas, a considerar el hecho de que no todos los hombres darán la misma respuesta a Cristo Jesús. Fundamentalmente, la fe es una respuesta que da la persona. Es sobre todo un acto de la voluntad: La fe es la decisión de aceptar como verdadero el mensaje de salvación de Cristo Jesús y de ponerlo en práctica en nuestra vida. No debe asombrarnos, entonces, que, ante una misma realidad, algunos la juzguen como positiva y otros, en cambio, como perniciosa. Así, ante el mensaje del profeta Jeremías, algunos lo aceptaban como un mensaje de parte de Dios, mientras que otros lo rechazaban porque ponían evidencia su mala actitud y su mal obrar. La consecuencia: utilizaron todo su poder e influencias para acabar con Jeremías (Jr 38, 4-6. 8-10). La diversidad de respuestas ante el mensaje de Cristo tiene una consecuencia inevitable. La escuchamos en el...

La esperanza que nace de la fe

 Las lecturas de nuestra Santa Misa de este domingo nos invitan a considerar la esperanza cristiana. Esta esperanza no es como la humana que es un deseo muy fuerte de que ocurra algo extraordinario. La esperanza cristiana es la certeza de lo que Dios nos ha dicho y prometido. En la primera lectura, del libro de la Sabiduría (18, 6-9), el autor teje una alabanza de sus antepasados: Dios les había concedido al Pueblo de Israel ver el cumplimiento de algunas cosas para que el mismo Pueblo reconociera “la firmeza de las promesas en que habían creído”. Es Dios mismo quien había hablado y su Palabra no falla. La segunda lectura de la carta a los Hebreos (11, 1-2. 8-19) ensalza la fe de los patriarcas que tenían una fe tal que estaban dispuestos a hacer la voluntad de Dios, por muy absurda que pudiera parecer a los ojos humanos. De hecho, ellos estaban seguros de lo que esperaban, porque esa esperanza nace de la fe: Dios les había dicho y ellos estaban ciertos en esas promesas. Porque cre...

La avaricia, una forma de idolatría

 Las lecturas de este domingo nos invitan a evaluar nuestra relación con los bienes materiales. Ellos son necesarios, pero jamás deben suponer un obstáculo para que podamos amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos. En la primera lectura (Qo 1, 2; 2, 21-23) escuchamos una reflexión sapiencial. Desde un punto de vista meramente humano, ¿qué sentido tiene desvivirse para acumular riquezas y bienes que después no vamos a disfrutar, sino que al final lo tendrán otros? El mismo autor expone un hecho que pasa a muchos humanos: se desviven, se fatigan y se olvidan hasta de sí mismos, de sus familias y de quienes le quieren solo por el hecho de acumular dinero o de derrocharlo. San Pablo hace mención de una realidad innegable: la avaricia es una forma de idolatría. Ya muchos filósofos han establecido que el sentimiento religioso ni se crea ni se destruye, solo se transforma. De esta manera, quien no reconoce y adora al Dios vivo y verdadero, lo sustituirá por ot...

Estar con Jesús es lo mejor

Nosotros los venezolanos como también otros gentilicios, hemos ido adquiriendo el mal hábito de que, en una discusión o diálogo, "gana" aquel que dice la frase más hiriente. Es una muestra de que se ha perdido completamente el interés por la verdad. Algo similar ocurre con aquellas personas a las que se les llama la atención por cualquier motivo válido. Este tipo de personas pretenden liberarse de la responsabilidad de sus propias acciones con algunas frases hechas. De estas últimas frases muchas de ellas comienzan así: " Yo considero... ". Ese desprecio por la verdad y la voluntad de no asumir la responsabilidad de las propias acciones se ha vuelto algo tan cultural que, aunque parezca increíble, está formando también parte de la cultura de la Iglesia. Si hay algo verdadero en la vida de todo fiel es esto: lo mejor es siempre estar con Cristo Jesús. Y el demonio ha sido tan hábil que ha hecho que, en la mentalidad de muchos, esto pase a un segundo o tercer lugar.  ...

Adversarios por doquier...

  Este domingo, día del Señor, el Evangelio de nuestra Santa Misa (Lc 10, 1-12. 17-20) nos presenta un pasaje rico en contenidos. Y todos ellos nos sirven de reflexión. En primer lugar, el Maestro nos invita a elevar nuestras oraciones para que nunca falten servidores –en primer lugar, sacerdotes– a su Iglesia: para que llegue a todos el don de la salvación de Cristo, la Palabra de Dios y los sacramentos de su gracia. Eso lo podemos y debemos hacer todos, siempre. A continuación, escuchamos el relato del envío de los 72 discípulos: los envió por delante a los pueblos donde iría él después, para que anunciaran a todos que el Reino de Dios está cerca. Y el Señor dice una frase sobre la cual amerita detenerse un poco: “ Yo los envío como corderos en medio de lobos ”. No es un secreto ni es algo que está oculto a los ojos de alguien. Es evidente que a diario nos vemos rodeados de personas que, más que indiferencia, manifiestan un desprecio hacia Cristo, su mensaje y su Iglesia. I...