La lógica de Jesús
Ya los filósofos de la antigüedad habían afirmado que el fin natural del hombre es ser feliz. El hombre debe orientar su vida en la búsqueda de la felicidad. El problema estriba en lo que cada persona pueda interpretar como la felicidad.
San Agustín enseñaba que todas las cosas que Dios ha creado son buenas. Todas ellas pueden ser objeto de nuestra voluntad, pero de manera alguna deben apartarnos del bien más grande de todos: Dios mismo. Poner nuestra voluntad en Dios es la razón y la causa de nuestra felicidad verdadera.
El mismo San Agustín tiene un pasaje donde él mismo daba su testimonio: durante mucho tiempo buscaba la felicidad en las cosas mundanas y pasajeras. Pero, experimentó que, si bien le proporcionaban alguna felicidad, esta era pasajera y dejaba una sensación de vaciedad:
¡Tarde te amé, hermosura tan
antigua y tan nueva, tarde te amé! y tú estabas dentro de mí y yo afuera, y así
por de fuera te buscaba; y, deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas que
tú creaste.
Tú estabas conmigo, pero yo no
estaba contigo. Me retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en
ti, no existirían.
Me llamaste y clamaste, y quebraste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume, y lo aspiré, y ahora te anhelo; gusté de ti, y ahora siento hambre y sed de ti; me tocaste, y deseo con ansia la paz que procede de ti. (Confesiones 10, 27)
La lógica actual de los hombres busca los placeres terrenos como el fin último y la razón de su felicidad. Y no lo conseguirán jamás, porque no fuimos diseñados sino para encontrar la razón de nuestra existencia en la trascendencia, no en el desgaste de las cosas terrenales.
La lógica de Nuestro Señor y Salvador es diferente. Por eso nos propone para ser feliz verdaderamente un camino donde se nos invita a ser pobres en el espíritu, mansos, con hambre y sed de la justicia, misericordiosos, limpios de corazón y trabajadores por la paz. Y ante la adversidad, cuando somos perseguidos por causa de la justicia, cuando nos insulten y nos persigan y nos calumnien de cualquier modo por causa de Cristo Jesús, nos invita a tener esperanza y fortaleza, y por ello seremos recompensados grandemente en el cielo.
Si queremos ser felices verdaderamente, debemos asumir la lógica de Cristo Jesús, para encontrar la verdadera bienaventuranza. Es nuestro camino seguro a la felicidad.
A Cristo Jesús, la gloria, el honor y el poder, por lo siglos. Amén.
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