lunes, 7 de diciembre de 2015

El primer paso para preparar el camino del Señor



En más de una ocasión, cuando vemos algún problema, nos tomamos unos momentos para organizar en nuestra cabeza cómo vamos a solucionarlo, cuáles serán los pasos que iremos dando para lograr nuestro objetivo. En el caso de hoy, el objetivo ha sido propuesto ya desde hace miles de años, y es un objetivo perenne: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos.
La pregunta clave ahora es ¿cómo iniciamos? ¿Cómo comenzamos a preparar el camino del Señor?. Y aquí cada quién podrá tener su opinión. No obstante, hay algunas cosas que habrá de tener presente, una en especial: El objetivo es preparar el camino del Señor. Ahora bien, el punto de partida debe ser especificar cuál “señor”.
A lo largo de nuestra vida, los intereses y necesidades hacen que perdamos de vista al único Señor. Resulta llamativo el hecho de que, por ejemplo, haya alguna persona que puede hacer el gran sacrificio económico y de tiempo por ir a ver un juego de béisbol en el estadio y no haga el mínimo esfuerzo por estar un rato con Jesús. Asombra el hecho de que personas (que pueden afirmar que aman a Dios sobre todas las cosas) están dispuestas a hacer colas durante horas, de pie, para comprar un par de cosas, y, sin embargo, no están dispuestas a dedicar una hora al Señor a la semana, el domingo para ser preciso.
Otro ejemplo, más cercano y concreto: Se aproximan las fiestas de Navidad. Lo primero que asalta a miles de cristianos católicos en Venezuela es cómo se van a organizar para poner los adornos, el arbolito, los manteles, etc. Poquísimos de ellos se preguntarán: ¿Cómo hago para adornar mi corazón para Jesús, mi Señor? Y ésta es, en realidad, la pregunta más importante.
¿Quién es tu “señor”? La fiesta, la apariencia, el dinero, los bienes materiales, la política, el sexo, la fama, el poder, la mentira… ¿Jesús?
Hoy es la oportunidad de oro que nos brinda Jesús para que escuchemos el llamado de Juan el Bautista: Preparen el camino del Señor, hagan rectos sus senderos. Todo valle será rellenado, toda montaña y colina, rebajada; lo tortuoso se hará derecho, los caminos ásperos serán allanados y todos los hombres verán la salvación de Dios.
Hacer toda una serie de preparativos en casa para la Navidad y no preparar el corazón y nuestra mente para Cristo Jesús es como vestirse con una tremenda “pinta” sin habernos bañado antes, ponernos un tremendo traje pero con el cabello, las axilas y los pies hediondos.
Hagamos lo correcto: Preparemos nuestra mente y nuestro corazón para el Señor, nuestro Señor Jesucristo. A Él la gloria, el honor y el poder, por los siglos de los siglos. Amén.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Domingo XXXIII del tiempo ordinario - Ángelus del Papa Francisco



“Queridos hermanos y hermanas.
El evangelio de este penúltimo domingo del año litúrgico nos propone una parte de las palabras de Jesús sobre los eventos últimos de la historia humana, orientada hacia el pleno cumplimiento del reino de Dios.
Es la prédica que Jesús hizo en Jerusalén antes de su última pascua. Eso contiene algunos elementos apocalípticos, como las guerras, carestías, catástrofes cósmicas. “El sol se oscurecerá, la luna no dará más su luz, las estrellas caerán del cielo y las potencias que están en el cielo serán trastornadas”.
Entretanto estos elementos no son la cosa esencial del mensaje. El núcleo central en torno al cual giran las palabras de Jesús es Él mismo, el misterio de su persona y de su muerte y resurrección, y su retorno al final de los tiempos. Nuestra meta final es el encuentro con el Señor resucitado.
Yo quisiera preguntarles ¿cuántos piensan sobre ésto?: 'Habrá un día que yo encontraré cara a cara al Señor'. Y esta es nuestra meta, nuestro encuentro.
Nosotros no esperamos un tiempo o un lugar, sino que vamos a encontrar a una persona: Jesús. Por lo tanto el problema no es 'cuando' sucederán los signos premonitores de los últimos tiempos, sino que nos encuentre preparados. Y no se trata tampoco de saber 'cómo' sucederán estas cosas, sino 'cómo' tenemos que comportarnos, hoy en la espera de éstos.
Estamos llamados a vivir el presente construyendo nuestro futuro con serenidad y confianza en Dios. La parábola del higo que florece, como signo del verano que se acerca, dice que la perspectiva del final no nos distrae de la vida presente, sino que nos hace mirar hacia nuestros días actuales con una óptica de esperanza.
Esa virtud tan difícil de vivir: la esperanza, la más pequeña de las virtudes pero la más fuerte. Y nuestra esperanza tiene un rostro: el rostro del Señor resucitado, que viene “con gran potencia y gloria, y que esto manifiesta su amor crucificado y transfigurado en la resurrección. El triunfo de Jesús al final de los tiempos será el triunfo de la cruz, la demostración que el sacrificio de sí mismos por amor del prójimo, a imitación de Cristo, es la única potencia victoriosa, el único punto firme en medio de los trastornos del mundo.
El Señor Jesús no es solo el punto de llegada de la peregrinación terrena, sino una presencia constante en nuestra vida: por ello cuando se habla del futuro, y nos proyectamos hacia ese, es siempre para reconducirnos al presente.
Él se opone a los falsos profetas, contra los videntes que prevén cercano el fin del mundo, contra el fatalismo. Él está a nuestro lado, camina con nosotros, nos quiere mucho.
Quiere sustraer a sus discípulos de todas las épocas, de la curiosidad por las fechas, las previsiones, los horóscopos, y concentra su atención sobre el hoy de la historia.
Me gustaría preguntarles, pero no respondan, o cada uno responda interiormente: ¿Cuántos entre nosotros leen el horóscopo del día? Cada uno se responda y cuando tengan ganas de leer el horóscopo, mire a Jesús que está con nosotros. Es mejor, nos hará mejor.
Esta presencia de Jesús nos llama, esto sí, a la espera y a la vigilancia que excluyen sea la impaciencia que de la modorra, del escaparse hacia adelante o quedarse prisioneros del tiempo actual y de la mundanidad.
También en nuestros días no faltan las calamidades naturales y morales, y tampoco las adversidades y dificultades de todo tipo. Todo pasa, nos recuerda el Señor, solamente su palabra queda como luz que mira y alivia nuestros pasos. Nos perdona siempre porque está a nuestro lado, sólo es necesario mirarlo y nos cambia el corazón. La Virgen María nos ayude a confiar en Jesús, el fundamento firme de nuestra vida, y a perseverar con alegría en su amor".

lunes, 19 de octubre de 2015

Acerquémonos… para recibir la misericordia (Heb 4, 16)



Aun cuando el Evangelio de hoy nos invite a reflexionar sobre el servicio, hay un elemento sobre el cuál el Santo Padre Francisco ha reflexionado muchísimo y nos ha pedido, como miembros de la Iglesia, que lo anunciemos y reflexionemos con frecuencia: el amor y la misericordia de Dios con los hombres, el amor de Cristo para con nosotros.
Escuchamos en la segunda lectura de la Misa: No tenemos un Sumo Sacerdote que no sea capaz de compadecerse de nuestros sufrimientos, puesto que Él mismo ha pasado por las mismas pruebas que nosotros, excepto el pecado (Heb 4, 15)
Dios, porque nos ama, se ha hecho hombre como nosotros, para hacernos saber que sabe lo que nos causa alegría, lo que nos causa tristeza, lo que nos preocupa y lo que nos anima, lo que nos place y lo que nos duele. ¿Cómo no nos va a entender si es uno de nosotros? Nadie puede decir que Dios –Jesús– no nos comprende.
Escuchamos igualmente en la segunda lectura de la Misa: Acerquémonos, por tanto, con plena confianza al trono de la gracia, para recibir la misericordia, hallar la gracia y obtener la ayuda en el momento oportuno (Heb 4, 16)
Sólo cuando un alma sabe que Jesús nos ama, que Jesús derrocha amor sobre cada uno de nosotros, ese alma se acerca con confianza, sin poner peros ni condiciones, no busca excusas para mantenerse lejos. El mal que sufre cada uno –moral o físico– no es una razón para alejarse, es una razón para estar más cerca de Jesús: No tienen necesidad de médicos los sanos, sino los enfermos (Lc 5, 31) En Jesús nos sabemos salvados, lejos de Él solo nos queda el mal y la condenación eterna. Con Jesús obtenemos el perdón de nuestros pecados y una vida nueva; lejos de Jesús solo perdición y apariencia.
Jesús quiere lo mejor para nosotros. Con Él entramos en comunión con la Trinidad –eso es la gracia– y siempre está dispuesto a ayudarnos en todo momento: siembre busca nuestro bien.
Por eso, la advocación del Señor que conocemos como el Sagrado Corazón de Jesús será una señal válida del amor de Dios sobre cada uno de nosotros.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Los resentimientos


Uno de los grandes obstáculos que debe enfrentar cada ser humano, a lo largo de su vida, son los resentimientos. Éstos son básicamente, cualquier sentimiento dañino: llámese odio, rencor, envidia, venganza, soberbia, lujuria, codicia, avaricia, gula, celos… A veces llegan a ser tan fuertes que toman el control de nuestra vida.



En la primera lectura (Sab 2, 12. 17-20) se narra la intensión de los malvados de acabar la vida del justo. Esos personajes se dejan llevar por sentimientos nada nobles, y toman el control de sus vidas, llegando al punto de decidir la muerte de un justo sólo porque su conducta les resulta un reclamo para su mala conducta. De igual manera, Santiago (Stgo 3, 16—4, 3) denuncia que las personas que dejan que sus corazones se muevan por los resentimientos son los autores de las divisiones y otros delitos en medio de la comunidad de creyentes. El cristiano debe liberarse de esos sentimientos malucos.



En el Evangelio (Mc 9, 30-37) Jesús les hace una pregunta porque sabía que estaban discutiendo sobre quién era el más importante. Ante el silencio, el Señor Jesús les da dos indicaciones: una, que en la comunidad de creyentes (la Iglesia) la jerarquía la da el servicio: será mayor quien más sirve. Dos, la actitud del seguidor de Cristo Jesús ha de ser similar a la de un niño que no deja que los resentimientos aniden en su corazón.



Es una misión de todo cristiano pedir al Señor y al Santo Espíritu que libere nuestro corazón de cualquier atadura de resentimientos. El perdón debe ser la herramienta fundamental del creyente en modo tal que siempre tengamos un corazón libre para amar a Dios y a los hermanos. De igual manera, pidamos al Espíritu Santo que san cualquier herida que hayan dejado esos sentimientos malos en nuestra vida.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Homilía en la Santa Misa de bienvenida a la Virgen del Valle Peregrina



Saludo a todas las autoridades.

Me ha sido confiada la responsabilidad de compartir con Ustedes una reflexión en esta Santa Misa. Lo hago con mucho gusto, pero al mismo tiempo con temor. A mí, como a mucho de ustedes, me parece un hermoso sueño ver con mis ojos a Nuestra Señora del Valle en nuestra Diócesis, y más aún, en mi parroquia. La más dulce y tierna de todas las madres ha venido a nuestra tierra y ha venido a decirnos a cada uno: Te quiero, porque eres mi hijo, te quiero porque eres mi hija.

Por eso, te voy a invitar a que correspondas a esta deferencia. Hay todo un itinerario planificado. Estará en tu parroquia. Visítala. Pero hoy, te tengo que decir que el mejor regalo que puedes hacerle es hacer de Jesucristo tu Salvador y tu Señor. Por eso, te invito a que repitas durante esta homilía una hermosa jaculatoria, una hermosa invocación:

¡Madre, llévanos a Jesús!

Te dije que me parecía un sueño que Nuestra Señora del Valle esté aquí. Pero ese sueño tiene una historia que, abusando de tu paciencia, te voy a contar.

El Sr. Obispo, que lamenta mucho el no poder estar con nosotros hoy, hace poco más de un año, decretó la creación de zonas pastorales como una manera de impulsar el trabajo pastoral: la evangelización, la formación de los feligreses, y hacer actividades conjuntas entre parroquias. La zona de Catia la Mar agrupa las parroquias de Guaracarumbo, Ezequiel Zamora, Mirabal, La Paez, Playa Grande, La Soublette, Mamo, Las Tunitas y Vista al Mar. Ha puesto a un coordinador al frente de esa zona por dos años.

Ya el año pasado, nos reunimos todos los padres y proyectamos un par de actividades. La primera de ellas, fue una celebración de Santa Misa en funeral, aquí en esta plaza, con motivo de un aniversario más de las tragedias de Tacoa (1983) y Vargas (1999). En esa ocasión, un grupo grande de fieles nos organizamos para ese evento. La otra actividad fue un encuentro de jóvenes que se llamó fiesta juvenil 2.0 donde reunimos cerca de 200 jóvenes en una convivencia. De esa convivencia, surgió un número consistente de jóvenes que participó en el ENAJO. Después de ello, los padres nos volvimos a reunir. Hicimos una lluvia de ideas sobre una serie de actividades que pudieran ayudar a la evangelización. Una de ellas, fue traer a la Virgen del Valle y prepararnos con una misión evangelizadora.

Cuando comenté esto a otros padres, nos preguntaron que si estábamos locos. Y le contestamos: Sí. Ellos nos dijeron: No se la van a prestar. Nosotros dijimos: Sí lo harán. La verdad, no lo sabíamos; pero confiamos en Ella. María nos ayuda, pensábamos.

¡Madre, llévanos a Jesús!

Escribimos al Santuario, nos pidieron unos recaudos. Nosotros les enviamos los recaudos. Y ellos nos dijeron que sí. Aunque tengo que corregirme: Ella dijo que sí.

¡Madre, llévanos a Jesús!

En todo este preparativo, nos encontramos con la noticia maravillosa, pero que nos causaba una particular tristeza: Ella había estado aquí, concretamente en Maiquetía, La Guaira y Macuto. Te cuento rapidito:

Es algo para no enorgullecerse el que prácticamente nadie se acordara de este hecho. ¡Pero no volverá a ocurrir! Esta visita la recordaremos siempre.

Para enriquecer nuestra historia. Fue en el año 1956. Venezuela era gobernada entonces por el Gral. Marcos Pérez Jiménez. Para esa fecha el territorio del hoy Estado Vargas pertenecía al Distrito Federal y formábamos parte de la Arquidiócesis de Caracas. Era el Arzobispo un ilustre guaireño: Mons. Rafael Arias Blanco.

El 28 de junio de 1956, jueves, a las 9:00 a.m. comenzó las maniobras de atraco del Destructor “Nueva Esparta”. En ese buque de la Armada Nacional venía Nuestra Señora del Valle. De allí salió una procesión solemne desde el Terminal de pasajeros, pasando por la plaza El Cónsul, luego Plaza los Maestros, para terminar en la Plaza El Cristo. De allí se dirigieron al Templo Parroquial de Maiquetía. Presidió la procesión Mons. Rafael Arias Blanco, Arzobispo de Caracas.

En el trayecto de la procesión, las diferentes fuerzas vivas hicieron un pasillo de honor a La Virgen del Valle: Cofradías, sociedades benéficas, escuelas; cada una con sus estandartes. Todas las casas y locales estuvieron arregladas para la ocasión.

La Imagen de la Inmaculada del Valle del Espíritu Santo quedó en la Iglesia de Maiquetía. El párroco de entonces, Padre Gonzalo Molina, organizó la visita a la Imagen por turnos. Al día siguiente, a las 10:30 am., el Sr. Arzobispo de Cumaná, Mons. Crisanto Darío Mata Cova, celebró la Santa Misa. A las 2:00 p.m., partió la Imagen a la ciudad de Caracas.

Luego, el sábado 7 de julio, a las 9:30 a.m., regresa la Imagen a Vargas, pero esta vez, Nuestra Señora del Valle visita las parroquias de Macuto y La Guaira. A las 5:00 p.m., la Imagen llega a la Plaza el Cristo donde nuevamente Mons. Crisanto Mata Cova preside la Santa Misa. Y a las 7:00 p.m., inicia la procesión de antorchas, campanas al vuelo, llevando a Nuestra Señora del Valle al Terminal de Pasajeros, para embarcarla en el Destructor “Nueva Esparta” para llevarla de nuevo a su Casa, en el Santuario del Valle del Espíritu Santo de Margarita.

¡Madre, llévanos a Jesús!

¿Cuál sería el gran mensaje de María para nosotros hoy? El mismo de siempre: Hagan lo que Jesús les diga (Jn 2,5) Este mensaje lo dijo María a los servidores de la Boda de Caná, y al quedar en las páginas del evangelio es un mensaje para todos. Y es el mensaje para ti hoy: ¡Haz lo que Jesús te dice!

Jesús no quiere que vayas por el camino del mal, Jesús no quiere que te pelees en tu familia, Jesús no quiere que te condenes eternamente. Jesús quiere que te salves, que vayas por el bien, que te vaya bien en tu familia, que te vaya bien con todos y que no sucumbas al mal. Jesús quiere ser tu salvador.

¿Amas a María? ¡Haz lo que Jesús te dice!

¡Madre, llévanos a Jesús!

¿Cómo hacemos nuestra esa salvación que Jesús nos trae? Esa salvación que Jesucristo nos ganó con su pasión, muerte en la cruz y su resurrección, ¿cómo podemos hacer para que sea una realidad en mi vida? Es sencillo: haz el obsequio de tu corazón, de tu mente, de tu alma a Jesús. Dile a Jesús que quieres que Él sea tu Señor, tu Rey. Dile a Jesús que vas a dejarte guiar por Él. Abre tu corazón a Jesús. En una ocasión, el Señor Jesús preguntó: ¿Quién es mi madre? La que escucha la Palabra de Dios y la cumple (Mt 12, 48.50) El gran orgullo de Jesús es su madre porque Ella fue la primera en cumplir su Voluntad. La Iglesia dice que María concibió primero a Jesús en su corazón antes que en su vientre. Y es verdad. Escuchamos en el evangelio que en una ocasión una mujer le gritó a Jesús: “Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te alimentaron”. Y el Señor respondió poniendo las cosas en su sitio: “Dichosos más bien los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica”  (Lc 11, 27-28)¡Por eso es grande María! Ella estaba dispuesta a cumplir la Voluntad de Dios. Lo manifestó así desde el inicio: “Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1, 38) Y cumpliendo la Palabra, nosotros llamamos a María “bienaventurada”, “feliz”, “beata” porque por su fe, el Señor hizo obras grandes por Ella (Lc 1, 48-49). Por eso, hermanos, sin María no hay cristianismo. Sin María, no hay Iglesia.

¡Madre, llévanos a Jesús!

Hoy la Palabra que escuchamos nos da muchísimas pistas para cumplir a cabalidad lo que Jesús nos dice. Prestemos atención al inicio de la segunda lectura. Nosotros podemos tener un defecto que Santiago ya lo criticaba y ponía en alerta a los primeros cristianos: “Puesto que ustedes tienen fe en nuestro Señor Jesucristo glorificado, no tengan favoritismos”. Es muy fácil dejarse llevar por los criterios de este mundo y voltear los ojos solo a aquellas personas que se ven exitosas, populares y solventes económicamente. O también, dejarse llevar por la moda, por el más popular, por quien resulta más osado o el que hace cosas prohibidas ante el asombro de muchos. O establecer mis relaciones sociales con las personas que me son afines por ideología, política o interés. Esto no es tener los mismos sentimientos de Cristo.

Ciertamente, no tenemos los poderes milagrosos del Señor, pero siempre podemos aliviar en algo la necesidad de otros. En los tiempos que vivimos, la ayuda material es importante pero no es menos importante el dedicar tiempo para escuchar, orientar y acompañar a las personas que no solo sufren de soledad, sino que se sienten solos, que ante la cantidad de problemas que le aquejan, no encuentran quien les escuche y orienten.
El alivio de los males es un signo mesiánico, pero también un norte para nuestra vida.
Tengamos los mismos sentimientos de Cristo Jesús.

¡Madre, llévanos a Jesús!

Para terminar, María del Valle del Espíritu Santo de Margarita, va a visitar tu parroquia. Hay toda una serie de actividades. Nuestra Madre va a tu casa. ¡Por favor, es la ocasión propicia para derrochar clase y estilo! Mamá viene a casa, así que tenemos que comportarnos con toda la elegancia del caso.

En modo especial, el día 8 de septiembre, su cumpleaños, la Armada de la República de Venezuela hará una regata desde Tacoa hasta el Puerto de La Guaira. Y luego, la Parroquia de Mirabal vestirá sus mejores galas para recibirla. Están todos invitados a una Santa Misa en  los alrededores de la escuela Emilio Gimón Sterling, ese mismo día en la tarde.

De igual manera, el próximo domingo en la tarde la Parroquia de Playa Grande tendrá el honor de despedir a la más dulce y tierna de todas las madres. Como la ocasión así lo amerita, la presidirá el Sr. Nuncio Apostólico en Venezuela, Mons. Aldo Giordano. Es nuestra ocasión, como lo hicieran los jóvenes en el estadio Antonio Herrera Gutiérrez en Barquisimeto, de pedir al Santo Padre que venga a visitar nuestra Patria. ¿Cuántos de los que están aquí vamos a despedir a la Virgen del Valle?

Rezamos juntos:

Bendita sea tu pureza, y eternamente lo sea, pues todo un Dios se recrea en tan graciosa belleza. A ti celestial princesa, Virgen Sagrada María, yo te ofrezco en este día, alma, vida y corazón. Mírame con compasión, no me dejes, Madre mía.