domingo, 10 de mayo de 2015

PORQUE DIOS ES AMOR (1JN 4, 8)



Amar no es un sentimiento: es una decisión reflexionada. Cada quien juzga si una persona es merecedora de su propio afecto y decide buscar el mayor bien posible para ella. Eso es amar. Los sentimientos ayudan y facilitan la decisión, pero, no es eso: los sentimientos son pasajeros. El que desaparezca un sentimiento no quiere decir que desaparezca el amor.
Amar es procurar el mayor bien para otra persona. Hoy el Evangelio de la Misa nos deja el mandamiento de Jesús: “Este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros como yo los he amado”. Y es claro el sentido: procura el mayor bien posible a los demás, de la misma manera que Jesús lo hizo con los hombres.
Hagamos un repaso veloz: Jesús dio de comer a una multitud, perdonó, enseñó, orientó, dio ejemplo, y finalmente, dio su propia vida por la salvación de todos. Así debemos amar a los demás.
Amar no es solamente dar cosas: es procurar el bien. Una cosa material perecerá al tiempo, pero virtudes, valores, la orientación de los papás a los hijos, un consejo, una corrección y hasta un castigo pueden ser una muestra de amor mayor que un billete, un cheque. Eso nos puede durar toda la vida. Así como el mensaje y la acción de Jesús que perduran con el tiempo.

¡Dios nos ama!
Escuchamos en el Evangelio de hoy: Nadie tiene amor más grande a sus amigos que el que da la vida por ellos. El donar la vida por otro es la muestra máxima de amor. Y precisamente, esa es la prueba de que Dios nos ama: El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero y nos envió a su Hijo, como víctima de expiación por nuestros pecados. ¡Esa es la muestra máxima! Y el amor de Dios se sigue mostrando día a día. Sólo es necesario que prestemos atención a las muestras de amor de Jesús.

Jesús nos manda a dar fruto
“Dar fruto” se refiere a las buenas obras. Jesús nos ha mandado al mundo, al ambiente de trabajo, a la vida social, al mundo del deporte. Allí debemos cumplir sus mandamientos (Si cumplen mis mandamientos, permanecen en mi amor) y des nuestro testimonio de que creemos en Jesús y que Él es nuestro Señor y Salvador con nuestras buenas acciones. No olvides este mandato de Jesús: No son ustedes los que me han elegido, soy yo quien los ha elegido y los ha destinado para que vayan y den fruto y su fruto permanezca.

¡Jesús te bendiga hoy siempre!

sábado, 25 de abril de 2015

JESÚS: NINGÚN OTRO PUEDE SALVARNOS



                Es una verdad que repetimos con tanta frecuencia que casi no sabemos qué significa. De hecho, su nombre –Jesús– significa Dios salva.
            La pregunta esencial: ¿Qué es la salvación? ¿De qué nos salva Jesús? La salvación es librarnos del castigo eterno, de la pena merecida por nuestros pecados, gracias a la satisfacción hecha por Jesús. Esta salvación nos la ganó para todos, pero, cada quien debe hacerla suya, cada quien debe alcanzarla. Sin el arrepentimiento y la conversión, si la voluntad firme de seguir a Cristo Camino, Verdad y Vida, no podré hacer valer en mí los méritos de Jesucristo.
            La salvación es también verme libre de todo mal. Y aunque pudiéramos enumerar cualquier cantidad de peligros a los cuales estamos expuestos, el mal más grande es el pecado. El pecado nos priva del bien más grande: Dios mismo. Jesús, Dios hecho hombre, nos ha amado tanto que está dispuesto a librarnos de ese mal tan feo y maluco.
            El amor de Dios se extiende a todas las circunstancias de nuestra vida. Y nuestra fe, confianza y amor en Jesús impregna todo lo que hacemos: hasta en esos detalles alcanza la salvación que Jesús nos ofrece. Basta que se lo pidamos con fe, con confianza y con amor.

Jesús: El Buen Pastor
            El pastor es una imagen que no resulta familiar a las nuevas generaciones urbanas. En algunas comunidades rurales  continúa existiendo la figura del pastor: el hombre que guía y cuida a las ovejas. Si el rebaño es muy grande el pastor se hace ayudar de otros jóvenes que son llamados zagales, quienes obedecen las indicaciones del pastor para mejor guiar el rebaño.
            El Señor Jesús se aplica el título de Buen Pastor. Y el título no es vano: no cumple la misión de guiar y cuidar el rebaño de la Iglesia por un interés pecuniario (el asalariado) sino por amor a cada uno de nosotros, miembros de la comunidad de creyentes. El amor del Señor Jesús llega al extremo de dar su propia vida por los creyentes.

Jornada de oración por las vocaciones sacerdotales
            El Buen Pastor ha escogido o llamado a algunos varones para que le sirvan como sus zagales. Ellos son los sacerdotes.
            La oración y promoción de las vocaciones sacerdotales y religiosas es un agradable deber de todos los creyentes. Cada quien debe pedir al Señor que nunca falten a su Iglesia el número suficiente de vocaciones sacerdotales. Cada quien tiene el deber de promover las vocaciones, cada cual según su propia condición: padres, familiares, miembros de la comunidad de creyentes.
            Hoy toda la Iglesia reza por las vocaciones al sacerdocio. Hagámoslo nosotros también.

viernes, 10 de abril de 2015

Viernes de la primera semana de Pascua



EL MENSAJE ES CRISTO JESÚS
En la primera lectura de la Santa Misa de hoy escuchamos el discurso de Pedro. El Sanedrín hizo detener a Pedro después de la sanación del tullido de la puerta Hermosa. La pregunta clave:


“¿Con qué poder o en nombre de quién han hecho todo esto?”


Pedro es directo. Les anuncia a Jesús. Jesucristo es y será siempre el anuncio fundamental de la Iglesia. Y hemos de anunciarlo con nombre y apellido: Jesús el Señor, Jesús el Salvador, Jesucristo.


La Iglesia en los últimos años ha perdido este norte. Hasta nosotros, sacerdotes, hemos olvidado de predicar a Jesús. Hablamos de Dios, sí; pero no del Dios que se hizo hombre y  ha puesto su morada entre nosotros. Muchos no tratan a Jesús porque no saben quién es y no les han hablado del Salvador.


Pedro nos enseña esto: el Mensaje es y será siempre Jesús.


Jefes del pueblo y ancianos: Puesto que hoy se nos interroga acerca del beneficio hecho a un hombre enfermo, para saber cómo fue curado, sépanlo ustedes y sépalo todo el pueblo de Israel: este hombre ha quedado sano en el nombre de Jesús de Nazaret, a quien ustedes crucificaron y a quien Dios resucitó de entre los muertos. Este mismo Jesús es la piedra que ustedes, los constructores, han desechado y que ahora es la piedra angular. Ningún otro puede salvarnos, pues en la tierra no existe ninguna otra persona a quien Dios haya constituido como salvador nuestro”.

jueves, 9 de abril de 2015

Jueves de la primera semana de Pascua

NUEVAMENTE EL KERIGMA

En la primera lectura de la Misa escuchamos el discurso de Pedro en el Templo (Hech 3,11-26). El argumento parte de la sanación física y espiritual de un paralítico. Sin embargo, no se queda alli. Va al anuncio primero o kerigma. Los temas de este primer anuncio son muy claros:

A) LA FE EN JESUS Y EN SU AMOR
"El nombre de Jesús y la fe en él es lo que ha robustecido los miembros de este hombre al que estan viendo y todos conocen"

"No teman; soy Yo. ¿Por qué se espantan? ¿Por qué surgen dudas en su interior?"
 
B) ARREPENTIMIENTO, CONVERSION Y PERDON DE LOS PECADOS
"Por lo tanto, arrepiéntanse y conviertanse, para que se les perdonen sus pecados y el Señor les mande el tiempo de consolacion y les envíe de nuevo a Jesús"

"Dios ha resucitado a su siervo y lo ha enviado para bendecirlos y ayudarlos a que cada uno se aparte de sus iniquidades"

"En su nombre se había de predicar a todas las naciones... la necesidad de volverse a Dios y el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto"

miércoles, 8 de abril de 2015

Miércoles de la primera semana de Pascua



La tristeza de no tener a Jesús en el corazón
El Evangelio de la Misa de hoy  (Lc 24, 13–35) es el célebre pasaje de los discípulos de Emús. Llama la atención la tristeza de los discípulos. Ellos, hablando con el forastero, hablan en tiempo pretérito: “era”, “esperábamos”, “a Él no lo vieron”…
La tristeza en el corazón de estos discípulos radicaba en la falta de fe. No tenían a Jesús en su corazón. Hasta ese momento, toda su esperanza se fundamentaba en criterios humanos (“nosotros esperábamos que él sería el libertador de Israel”) y no eran capaces de aceptar el mensaje que el Señor Jesús les había venido enseñando durante años. De ahí el reclamo de Jesús: “¡Qué insensatos ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas!
Jesús vuelve al anuncio básico: les habla sobre Sí mismo. Les habla del Mesías. Parte de la Palabra (Y comenzando por Moisés y siguiendo con todos los profetas, les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a él). Esta acción del Señor Jesús es el modelo de todo apostolado, de todo trabajo pastoral: Anunciar a Jesús desde la Palabra. No debemos olvidar que sólo Jesús llena los corazones de los hombres (¡Con razón ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras!). La consecuencia del encuentro con Jesús es sencilla: van y dan su testimonio a los demás (Entonces ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan)
Finalmente, hay un pequeño detalle que el Evangelio apenas menciona: Jesús se apareció a Pedro y eso fue garantía de la veracidad de la resurrección para los Apóstoles y los discípulos (“De veras ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón”)

lunes, 6 de abril de 2015

Martes de la primera semana de pascua: El kerigma



El Kerigma
I
Por kerigma se entiende el primer anuncio. La evangelización (misión fundamental de la Iglesia) tiene tres momentos:

a) el primer anuncio, en donde la Iglesia invita a cada uno a reconocer el amor de Dios, a apartarse del mal, del pecado, a aceptar a Jesús y la salvación que nos ofrece, y dejarnos guiar por el Espíritu Santo para que Jesús sea en cada quien Rey y Señor.
b) La catequesis de iniciación: Una vez que la persona abraza a Jesús por la fe, comienza una camino para recibir los sacramentos de iniciación cristiana: Bautismo, Confirmación y Eucaristía.
c) La catequesis permanente: la formación del discípulo de Cristo a lo largo de toda su vida.

Tal vez los Apóstoles no lo supieran con un esquema tan específico, pero sabían que lo principal de la evangelización es anunciar a todos los hombres a Jesús. En la primera lectura de la Misa de hoy, escuchamos una parte del discurso de Pentecostés. Pedro anuncia claramente a Jesús el Señor: “Sepa todo Israel, con absoluta certeza, que Dios ha constituido Señor y Mesías al mismo Jesús, a quien ustedes han crucificado”.

Seguir a Cristo Jesús implica una conversión radical: apartare del mal, convertirse y dejarse guiar por el Espíritu Santo:
Estas palabras les llegaron al corazón y preguntaron a Pedro y a los demás apóstoles: “¿Qué tenemos que hacer, hermanos?” Pedro les contestó: “Arrepiéntanse y bautícense en el nombre de Jesucristo, para el perdón de sus pecados y recibirán el Espíritu Santo. Porque las promesas de Dios valen para ustedes y para sus hijos y también para todos los paganos que el Señor, Dios nuestro, quiera llamar, aunque estén lejos”.

II
María Magdalena, personaje tan criticado, en cierta manera es un buen ejemplo de lo que nos puede pasar a lo largo de nuestra vida.

Efectivamente, una de las cosas que puede impedir que nos encontremos con Jesús son nuestros sentimientos y la excesiva confianza en nuestras propias fuerzas. María Magdalena estaba abatida porque había visto morir al Señor. Ella quería ver los restos de Jesús, pero estaba tan metida en sí misma que no lo reconocía. Estaba justo delante de ella. En múltiples ocasiones de nuestra vida perdemos el horizonte: perdemos de vista a Jesús porque estamos muy metidos en nosotros mismos.

III
María Magdalena se fue a ver a los discípulos para decirles que había visto al Señor y para darles su mensaje.

Parte esencial del seguimiento a Jesús es saber anunciarlo a los demás. El Documento de Aparecida lo expresa de manera elocuente:

La alegría del discípulo es antídoto frente a un mundo atemorizado por el futuro y agobiado por la violencia y el odio. La alegría del discípulo no es un sentimiento de bienestar egoísta sino una certeza que brota de la fe, que serena el corazón y capacita para anunciar la buena noticia del amor de Dios. Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida, y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo. (DA 29)