Sin miedo a anunciar a Jesús
Es una práctica bastante común entre nosotros el que, si sabemos de las bondades de un determinado producto, no dudamos en recomendarlo. También si hemos tenido una buena experiencia con algún profesional, un médico o un abogado, por ejemplo, solemos recomendarlo a alguien cercano si se encuentra en una situación similar a la nuestra.
Hoy en el Evangelio (Jn 1, 29-34) escuchamos cómo Juan Bautista no duda en anunciar a todos que Jesús, el Mesías prometido, se hallaba ante los ojos de los circunstantes. Evoca la figura del cordero, animal que se usaba en sacrificio en los cultos del Antiguo Testamento y era la comida principal de la Cena Pascual. La sangre del cordero pascual, untada sobre las puertas de la casa donde se comía la Cena, era la señal que libraba a esa familia de la muerte.
Esta intervención de Juan el Bautista tiene lugar después de un interrogatorio que le hacen los levitas y sacerdotes, en el que afirmó sin titubeos: Yo no soy el Mesías (Jn 1, 20). Ahora, reencontrándose con Jesús no duda en dar su testimonio: «Este es el Cordero de Dios, el que quita el pecado del mundo». Ese mismo gesto lo repetirá delante de sus discípulos al día siguiente (Jn 1, 36).
Todo un ejemplo para nosotros: no debemos temer dar nuestro testimonio, de nuestra fe en Cristo Jesús.
Es verdad que el mundo, los medios y las redes no suelen presentarse como amistosas con Nuestro Señor. De hecho, suele privilegiar los contenidos denigrantes y ofensivos contra la religión. Y esa misma actitud no debe extrañarnos. Ya el Señor nos lo había advertido: “Si el mundo los odia, sepan que me ha odiado a Mí primero” (Jn 15, 18). Así que eso no debe preocuparnos mucho: seremos objeto de críticas, de burlas, de ofensas. Podemos dar eso por descontado.
Lo importante para nosotros no es complacer la voluntad de esas malas personas. Lo importante es sentirnos bien nosotros y dar nuestro testimonio. Podemos decir a los demás la paz que sentimos al orar, la satisfacción de escuchar la Palabra de Dios, la consolación de leer un pasaje y meditarlo, la alegría de interceder por un hermano en necesidad, etc. Esas pequeñas cosas llenan más los corazones que las cosas mundanas.
Hoy el mensaje es sencillo: no temas en dar tu testimonio de fe en Cristo Jesús, como lo hizo Juan el Bautista: «yo lo vi y doy testimonio de que éste es el Hijo de Dios».
Que el Señor te bendiga hoy y siempre.
Comentarios
Publicar un comentario